La imagen en la provincia, de la escuela que se encuentra escondida entre los maizales, de donde emanan sonidos de marimba y se observan filas de personas con coloridos trajes típicos, que desean emitir su voto, se repetirá este 4 de noviembre, cuando se efectúe la segunda vuelta de las elecciones, además de los tradicionales centros de votación en las cabeceras departamentales.
Estos comicios estuvieron marcados por la descentralización de las mesas receptoras de votos, lo que benefició directamente a las personas del área rural, ya que las carreteras principales no fueron invadidas por el acarreo de personas en buses, camiones y picops, como en anteriores ocasiones.
Pese a las amenazas, antes de la primera vuelta, de un boicot, la fiesta cívica se vivió en todos los centros de votación del país. No fue sino hasta el inicio del conteo de los votos que grupos desestabilizadores e inconformes, en algunos puntos, causaron daños y empañaron la loable labor que realizaron las diferentes delegaciones en la provincia, donde la elección de las nuevas autoridades locales tendrá que repetirse.
Las pérdidas fueron bastante significativas en Alta Verapaz. En Lanquín, los documentos del Registro Civil fueron quemados, y recuperarlos es imposible. En Tucurú, la infraestructura de la escuela de la aldea Pancheje fue dañada, y de ello nadie se hace responsable, ni el Tribunal Supremo Electoral.
Esperemos que esta situación no se repita el próximo 4 de noviembre, cuando la población vuelva a las urnas y al mismo tiempo se incremente el número de votantes, ya que se ha comprobado que las minorías han aprovechado la apatía de los ciudadanos para colocar a los gobernantes, que luego son criticados por cuatro años sin tomar en cuenta la ausencia de apoyo para el candidato idóneo.
Un fenómeno que marcó esta primera vuelta fue que las mesas receptoras de votos de las personas que actualizaron sus datos fueron las que mayor número de electores tuvieron, lo que nos indica que hace falta hacer conciencia en los que no actualizaron sus datos para que participen en esta segunda vuelta, en pro de un país que busca y aclama el desarrollo urbano y rural.
Ojalá nuevamente las notas de las marimbas, en vivo o por equipos de amplificación, suenen sin parar este 4 de noviembre, y los maizales, al igual que el mundo entero, sean testigos de la alegría de los pobladores de poder escoger democráticamente a sus gobernantes, y al mismo tiempo tolerar la decisión tomada por la mayoría de votantes.

No. 1.- En el Quiché, a cada ex patrullero Juan Chivalán le cobra Q200. Quién sabe si le alcanzarán. Y ya que rimo en an, les digo que la mano dura es de Durán Gután, y la mano aguada es de Aguacatán.
No. 2.- La mano dura, dura será y la mano aguada, ¡quién sabe lo que hará!
No. 3.- Entre broma y broma, a lo mejor gana la paloma, y entre risa y risa, a lo mejor el puño va más de prisa.
No. 4.- Los patriotas dicen: “Con mano dura alcanzaremos la cúspide de la pirámide y juntos, como antes, forjaremos una nueva gran alianza”.
No. 5.- El general Pérez dice: “Ahora, mano dura para mandar, cabeza pura para entender y corazón abierto para que se entrene la Espada de Colom”.
No. 6.- Se cuenta que en el Congreso se malinterpretan a menudo algunas apreciaciones, porque un diputado se asombró al oír que doña Nineth se había vuelto alcohólica, pero luego le explicaron que todo era una broma debido a que a la famosa congresista se le había visto mucho en compañía de una “indita” (conocida marca de aguardiente).
No. 7.- Y a propósito del Congreso, pero del próximo, se sabe que se juntarán los más viejos con los más nuevos. De los más viejos, “curtidos en las mañas del pasado”, no nos ocupemos por ahora. Pero digamos que nos congratula la llegada de jóvenes triunfadores como Francisco Contreras, hijo de mi admirado amigo y fundador de Prensa Libre, el notable periodista Álvaro Contreras Vélez. También, a propósito, se lamenta que el profesor Rubén Alfonso Ramírez, no haya llegado a formar parte del codiciado recinto, por cuanto que él es un connotado educador de nacimiento. Y de seguro hubiera aportado muchas luces, especialmente para des-
empantanar la educación en Guatemala.
La investigación social y los estudios de mercadeo político abundan en información, hipótesis (explícitas o implícitas) y conclusiones —si bien, parciales— respecto de la intención de voto de los ciudadanos.
Así, complementariamente, de manera excluyente o estableciendo jerarquías entre opciones propuestas, se ha ponderado la relevancia que tienen para el votante, al momento de adoptar su decisión, aspectos tales como afinidad con los partidos políticos, ideología política, el perfil del candidato, la experiencia en gestión del mismo, territorialidad de su liderazgo o sus relaciones con referentes políticos convenientes o confiables, alcance territorial del partido y su vinculación con el lugar de pertenencia del votante. Todas estas dimensiones evaluativas opacan la subjetividad política sustantiva del “ciudadano” y revisten, en términos neutros, las motivaciones, los intereses, los sesgos y las expectativas que orientan su acto de votar, y más aún, el sentido que el acto eleccionario tiene para él.
Paralelamente, se han considerado las bases sociales del voto. Compiten para explicar la decisión electoral, el grado de instrucción del ciudadano, su ingreso y ocupación, la clase social en la que se clasifica o de pertenencia, según su propia definición, y las características estructurales del espacio social (urbano, rural, composición étnica).
Las bases sociales se entienden, por tanto, presentes en el trasfondo de las opciones y decisiones que adoptamos sobre el quehacer social, como también permiten entender las definiciones que asignamos a nuestro papel y participación en el mismo.
Nuestros posicionamientos y comportamientos no son, por tanto, aleatorios, accidentales ni tampoco carentes de reflexión. Por el contrario, existe una interacción constante y una decisión consciente. El hecho de votar o no, de elegir una u otra opción electoral que se nos presenta no es ajeno a esa selección y diferenciación que opera en cada uno de nuestros actos. Se dice que en este sentido ejercemos nuestra libertad y derechos, pero también nuestra responsabilidad y obligación.