Decisión 2007 No. 21 - Guatemala, martes 02 de octubre de 2007
Tribuna
Tema Central

La mujer al lado del candidato

Por: Gema Palencia

Sandra Torres: “Me preocupa cumplir
a la gente con las propuestas de
cambio que hemos ofrecido”

Sandra Torres de Colom ha tomado con distancia pública su segunda campaña electoral, como esposa del candidato.

Percibe que ha sido tratada con demasiada dureza por los medios de comunicación, o más bien, por ciertos columnistas y por gente que no la conoce como para juzgarla. Afirma haber sido “blanco de las campañas negras en un país machista”, y ha tenido que pagar el precio de ser una mujer profesional, con criterio, y el haber tenido una participación activa en la campaña del 2003.

El gesto le cambia cuando se le nombran las campañas negras. Sobre todo, le ha dolido que ataquen a sus hijos y cuestionen su honorabilidad. “Yo responsabilizo de todo a Otto Pérez. Solo somos dos contrincantes, y nosotros no estamos haciendo nada”, asevera.

Por decisión propia y por estrategia de partido, ha llegado a la campaña electoral del 2007 con una imagen más tradicional de aspirante a primera dama, que en cierto modo choca con su etapa anterior y con su personalidad.

Justifica que ya no esté tan implicada en la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) porque este partido está más consolidado, y hace cuatro años hacía falta colaborar. Sin embargo, en esta campaña, Torres ha estado implicada en cuestiones partidarias, aunque de un modo más discreto.

Se ha alejado de la actividad pública política porque “la labor social supera lo político y da la oportunidad de demostrar lo que se hace por los más desfavorecidos”, considera.

La Fundación de la Esperanza es ahora su principal ocupación. No es una entidad lucrativa, pero es el brazo social de la UNE, mediante el cual ha organizado jornadas médicas, entregado sillas de ruedas y otorgado becas a niños. Asegura que ésta no maneja presupuesto, porque la mayoría de los aportes se efectúa en material, y hay pocas donaciones de simpatizantes.

Se define como una persona normal y sencilla, que apoya a su esposo en un proyecto de nación y que quiere estar del lado de los menos afortunados.

Acompaña a Álvaro Colom como su esposa, desde junio del 2002 —lo conoció tres años antes, en Petén, durante un mitin—.

De él dice que es un hombre cariñoso, sencillo, humano y familiar. Su nieta es ahora su debilidad, y hay fotos de ella por todas partes en la casa de los Colom.

Afirma que son una pareja muy unida, a la que le gusta mucho compartir en familia. Conviven con tres de los cuatro hijos de Sandra, y Álvaro tiene tres más. En su casa, son una familia normal. “Compartimos con los hijos, y a mí me gusta cocinar, aunque no lo crean”, asegura.
Si su esposo llegara a la Presidencia, como primera dama le importaría cumplir los cambios que han ofrecido.

Prioridades

En el gobierno de la UNE, la función de la Secretaría de Obras Sociales de la Esposa del Presidente (Sosep) tendría un matiz distinto. Los programas que actualmente gestiona esa dependencia y la Secretaría de Bienestar Social pasarían a integrar un ministerio de la familia.
Así las cosas, y en teoría, el trabajo oficial de Sandra de Colom se limitaría a conseguir financiación extranjera para los proyectos que impulsaría esa cartera.
Pero, según cuenta, su labor no se va a reducir a eso. También apoyará a las diputadas en la promoción de leyes que favorezcan a la mujer, y estará muy cercana a los proyectos que se coordinarán el ministerio de la familia.

Está especialmente interesada en que se impulsen programas de microcréditos, y se combatan la desnutrición y la mortalidad materno-infantil.

De la gestión de su antecesora, Wendy de Berger, considera que se centró mucho en la labor asistencial, y está evaluando si continuará con el programa Creciendo Bien, ya que cree que requiere de un presupuesto muy alto, con el que no se cuenta, y los resultados no han sido tan notorios.

Rosa Leal: “Es
una gran responsabilidad, pero vamos
a hacer las cosas diferentes”

Sorprende que después de 36 años de matrimonio, Rosa Leal de Pérez confiese que todavía siente mariposas en el estómago cuando escucha llegar el carro de su esposo a casa. A cada rato insiste en su historia de amor y en la suerte que tuvo con que Dios pusiera en su vida, asegura, a un hombre bueno, de ojos soñadores y de quien se enamoró a primera vista.
Su historia con Otto Pérez comenzó en el Instituto Adolfo V. Hall, cuando ella —con 14— y él —con 17— se encontraron en una fiesta. Un año más tarde, Rosita (cómo todos la llaman) ya estaba dispuesta a convertirse en su esposa, pero su familia se lo impidió. Pérez debió convencer a sus futuros suegros para que lo dejaran casarse con la menor de cinco hermanos varones, algunos de los cuales estudiaban en la Universidad de San Carlos, y a los que en principio no les gustó mucho el novio “chafarote”. Cuando Leal cumplió 17, sus padres autorizaron la boda; Pérez, se había ganado a la familia.

Cuando la madre de Leal le decía que Pérez llegaría a ser presidente, ésta nunca lo tomó en serio, y tampoco le gustó demasiado cuando su ahora esposo comenzó en la política. En la actualidad se prepara para estar a su lado, si la mayoría de guatemaltecos le dan el voto el próximo 4 de noviembre.

Siente que es una gran responsabilidad el papel que le tocaría cumplir, pero dice confiar mucho en Dios y siente que la va a guiar y ayudar.

Dice que tiene muy claro su papel: “Soy el complemento de Otto Pérez. Yo no voy a gobernar este país; me voy a limitar a lo que a mí me corresponde, que es el área social”. Asegura que, en lo demás, no se va a meter; eso sí, quiere apoyo financiero para ejecutar sus gestiones, y que la dejen trabajar en su área.

Leal trabajó cinco años como maestra de preprimaria y 15 como directora de escuela, en la zona 5.

 

Se graduó en Psicología en la Universidad Rafael Landívar.

Desde hace dos años ha coordinado el Movimiento Nacional de Mujeres del Partido Patriota, y para realizar su trabajo se quiere apoyar en las esposas de los alcaldes —le da igual el partido al que pertenezcan—, de los diputados y de los gobernadores.

Está dispuesta a apoyar a su cónyuge como él considere mejor. “Si quiere que trabaje con las mujeres, que es lo que me gusta, pues bien; si cree que lo debo apoyar estando en casa, cuidando nietos, pues también”, afirma.

Las áreas que va a priorizar serán los programas de microcrédito y apoyo a niños con capacidades especiales. También quiere que el Ministerio de Educación cree aulas integradas en las escuelas de primaria, para que los niños especiales compartan con los incluidos en la educación tradicional.

Su gran sueño es crear la “ciudad de los abuelitos”, un espacio donde atender a adultos mayores en situación de abandono. “Quiero que se sientan útiles, queridos y valorados”, afirma.

Dice que ha estudiado durante los últimos cuatro años las tareas de la Secretaría de Bienestar Social y de la Sosep, y considera que se dispersaron mucho las acciones, aunque ve positivo el programa Creciendo Bien, que le gustaría conservar.

Leal no ha estado fuera de lo señalamientos contra su esposo. Afirma estar segurísima de que él jamás participó en masacres, y que nunca ha hecho nada contra nadie. “No digo que no haya oficiales que se hayan pasado, pero no es nuestro caso”, sostiene.

Durante esta campaña ha aparecido en escasas ocasiones con su esposo.

También está consciente de que ha habido más de un rumor sobre terceras personas en su matrimonio, cuestión que también ha sido motivo de cierta controversia dentro del Partido Patriota. Pero asegura que son una pareja estable. “Lo hablamos, porque yo no puedo estar risa y risa si me llaman y me cuentan cosas. Le dije que sabía lo que íbamos a perder los dos a la hora de que algo pase en nuestro matrimonio”, afirma.

Ahora se siente segura. Dice que tiene confianza y no está dispuesta a complicarse la vida, ni a celarlo, ni se va a divorciar. “Yo comparto, hasta cierto punto. Pero sé lo que tengo y sé cómo está”, asevera.