Grafoanálisis
Por: Gustavo Adolfo Montenegro
Los estrategas pueden indicar al candidato cómo hablar, qué decir, dónde sonreír o cómo van a resolver los problemas del país; sin embargo, nadie puede firmar por ellos. A los dos presidenciables se les pidió estampar su sello escrito en una hoja en blanco. El análisis grafológico reveló interesantes detalles de sus personalidades, aptitudes y debilidades.
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Negociador
y autocrítico
El temperamento nervioso es el que mejor encaja con el trazo irregular, la letra imprecisa, angulosa y pequeña que estampó el candidato Álvaro Colom en su firma.
La intuición, la agilidad y viveza mental son sus facultades más destacadas, aunque su sentido práctico es a veces difuso. Le atraen temas y conocimientos diversos, actúa en forma acelerada y olvida detalles.
En cuanto al temperamento, demuestra ser emotivo y sociable, aunque varía con frecuencia de actitudes, de reacciones e incluso de criterios. A veces mantiene controlada su energía, pero en ocasiones tiene etapas de actividad frenética, en contraste con otras de apatía.
El temperamento nervioso necesita afecto, estima y aceptación de quienes lo rodean, y se comporta en función de cómo lo perciben. En un ambiente favorable, su actitud es desentendida, abierta, agradable y comunicativa, pero de lo contrario, se retrae y reacciona con desconfianza, distancia y reserva.
Álvaro Colom es sensible,
creativo y, en ocasiones, impulsivo.
En algunos casos, puede tener una fuerte autocrítica y un afán de superación, para compensar posibles defectos de los cuales es consciente.
Su necesidad afectiva está en proporción directa con su gran sensibilidad emotiva. Expresa sus sentimientos con énfasis y fácilmente se conmueve ante el dolor ajeno; sin embargo, la variabilidad del humor siempre está latente. Analiza a las personas y situaciones antes de comprometerse con ellas, aunque esto también le potencia para ser negociador; sin embargo, no se arriesga hasta estar bien seguro de que obtendrá lo que busca.
Puede poseer gran sensibilidad artística, así como creatividad, curiosidad e intuición, siendo ésta su mayor fortaleza.
“Muy probablemente le disgusta la rutina, y trata de llevar los asuntos a su propio ritmo”, dice la grafóloga Lilian Pérez, quien resalta que siempre le atraerá lo nuevo, lo original, lo emotivo. “Puede tener una imaginación desbordante, brillantes iniciativas, aunque no siempre apegadas a lo concreto”, añade.
Fiel y leal con quien considere sus verdaderas amistades, también puede mostrar negativismo y hasta cierta precaución con quienes conoce superficialmente, pero por aquellas personas a quienes quiera, puede hacer grandes sacrificios.
La persona de temperamento nervioso debe tener cuidado con el pesimismo, con la depresión, con el perfeccionismo de sí mismo y también con las críticas que haga a otros.
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Disciplinado y metódico
De acuerdo con las características de la firma —como letra regular en su forma, de trazo vertical y presión fuerte—, se puede deducir que la personalidad del candidato Otto Pérez Molina encaja en el temperamento linfático, acerca del cual pueden señalarse varias características.
El linfático no tiene un intelecto ágil, pero esto mismo lo lleva a poner en práctica la observación y la memoria, por lo cual llega a tener una retentiva minuciosa. Ello lo conduce a poseer conocimientos profundos sobre determinados temas, facilitando la especialización.
En cuanto a las manifestaciones de su temperamento, puede describírsele como escasamente emotivo, es decir, que no se altera ni inquieta por cualquier cosa, aunque reacciona con vivacidad cuando algo le afecta.
Tiene criterios preestablecidos, generalmente cerrados, lo cual podría interpretarse, en algunos casos, como intransigencia. Puede ser una persona con aspecto sencillo, pero pulido. Es metódico, ordenado y detallista con ciertos aspectos de su vida cotidiana.
Otto Pérez es realista,
reservado y minucioso.
“En cuanto a las relaciones sociales, existe una cierta tendencia a la introversión, a la actitud reservada, e incluso distante y retraída. Claro, esto no es obstáculo para que se comporte con corrección, amabilidad e incluso cordialidad, pero esto es un mecanismo para proteger su yo interno”, explica la grafóloga Lilian Pérez, quien agrega otra característica: “Es respetuoso de la jerarquías; rinde respeto a quien considera superior, pero a la vez espera que los demás lo hagan cuando él se encuentre en una jerarquía superior”.
Paradójicamente, este tipo de personalidad tiene también algunos rasgos apacibles, lo cual les demanda tiempo para adaptarse a situaciones nuevas.
En cuanto a la afectividad, es más bien escasa, pero por el contrario, la demanda de cariño es alta. Puede reclamar algunas atenciones con una actitud aparentemente egocéntrica. Y es que no es emotivo, pero sí sensible, aunque no lo demuestre.
Su mayor fortaleza es la percepción de la realidad, ya que se trata de una persona práctica, realista, observadora, metódica y detallista. A la hora de tomar decisiones, podría existir algún retraso, debido al análisis prolongado que hace de las situaciones; sin embargo, no se dejará llevar por la emoción.
Un defecto podría ser la obstinación e incluso la despreocupación respecto de algunos asuntos pendientes de corrección. Por lo general, se resiste a cambiar su manera de ver las cosas, y a la vez puede ser una persona que juzga a los demás y es sarcástica.
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