También los animales alardean cuando exhiben fuerzas que no tienen. Se somatan el pecho para intimidar a sus rivales y en sus ratos libres se dedican a despiojar a las crías y a preñar a las hembras. Los humanos, en su empeño por presidir el gobierno de un país, fingen cualidades que no poseen. Aman a los niños, doblan sus rodillas ante cualquier altar, beben atoles desinfectados en los mercados, son moralistas y visten ropas indígenas.
La diferencia es que los primeros, los irracionales, tienen una función evolutiva; los segundos obedecen a un impulso egoísta orientado a culminar proyectos personales.
Si los presidentes que ha tenido el país hubieran poseído tan sólo algunas de las cualidades que verbalmente ostentaron, esta tierra sería el “Paraíso de América”. Pero han sido cobardes, mentirosos, penosamente ignorantes y muchas veces cínicos. Los niños que besaron ante las cámaras, hoy tendrán unos 30 años de vivir en extrema pobreza.
Entre muchas otras, las próximas elecciones traen dos noticias. La buena es que concluye su período el Impasible. La mala, que de nuevo gobernará un fantasma.
Quien obtenga el título y el juramento constitucional de presidente no será tal, si mucho, fungirá como coordinador de un grupo de poder, al cual tendrá que vigilar de día y de noche. También el diablo se cuida de la traición de sus demonios, como Dios, de sus fieles. La historia evidencia que cada gabinete de gobierno en nuestro país trae su puñado de criminales. A veces son simples ladrones; otras, terroristas blindados tras un escritorio. Ha habido unos pocos que son representativos de la dignidad nacional.
¿Qué hacer, entonces, desde la debilidad social que se somete involuntariamente a los deseos de pocos individuos? Lo factible está al alcance de la mano: una conducta de convivencia pública. Esto es, civismo. Nuestros abuelos sufrieron la dictadura judicial y policial, nuestros padres, la militar, y nosotros la del odio arraigado en una sociedad agresiva. Eso ha creado una especie de racha maldita.
Por un partido de futbol hay muertes en los estadios; un hombre mata a otro por líos en la carretera; hay cristianos violentos que se golpean en las colas por cargar al Nazareno. A grandes miserias, grandes maldades. Eso no lo arreglará una persona. Además, es humillante hacerse fanático de cualquier persona o grupo. Arreglar los asuntos en forma civilizada —no como lo hacen las bestias (insultos, linchamientos, asesinatos)— es más real que guardar esperanzas en un fantasma. El civismo es práctico, está al alcance de la mano y tiene mejores efectos que una rifa.

No.1 Se olvida la ocasión en que Anabella de León entonó una canción en un sitio del Congreso, cuando pasó Taracena y, al observar el suceso, dijo que haría de ella una singular estrella; no para enviarla a Hollywood, sino que para tenerla siquiera a mil años luz.
No.2 Como todos lo sabemos, el presidente Berger celebró con mucha pompa su reciente viaje a los Estados Unidos. Se cuenta que, durante el vuelo, una solícita azafata le ofreció un asiento inmediato al baño. Ante tal ofrecimiento, el distinguido viajero respondió: “Gracias, aunque a estas alturas ya no estoy ni para atender mis propias necesidades. Además, las grandes obras ya las hice en Guatemala”.
No.3 En vista de que los costos del pan han subido astronómicamente, el otro “pan”, o sea el partido PAN, no quiso quedarse atrás, por lo que los tres diputados que eligió son los más caros de la historia política del país, pues se sabe que gastaron Q49 millones en la campaña, de manera que cada uno tiene un costo de más de Ql6 millones. Impresionante negocio, ¿verdad?
No.4 A Carlos Peña —la leyenda joven del canto— le preguntaron que si con ese arrastre popular alguna vez incursionaría en la política, y contestó rotundamente que no, como queriendo decir que una cosa es el sebo y otra es la manteca. Imagino que dijo tal cosa inspirado en una pancarta que portaba uno de sus seguidores, la cual decía: “Carlos Peña, sí. Carlos Ruiz, no”. Y a propósito de pancartas, me llamó la atención otra que decía: “Cuando la marimba suena, el mariachi se calla”.
No.5 A otro personaje que le gusta cantar, especialmente cuando por las mañanas toma su baño tibio, es al doctor Giammattei. Últimamente le han escuchado aquella canción que dice: “Amanecí otra vez entre tus brazos”…
En las elecciones generales del 9 de septiembre, durante el recorrido por diversos centros de votación, en la costa de Quetzaltenango, pudimos darnos cuenta del trabajo de los digitadores del Tribunal Supremo Electoral (TSE). Ellos buscaban la información que les requerían los electores, quienes consultaban en qué centro de votación debían votar. Sin embargo, los digitadores nunca encontraron muchos nombres, y en el caso de quienes sí aparecían registrados, los enviaban a tal y cual lugar.
En casi todos los municipios que visitamos, los digitadores cumplieron su función y atendieron a los ciudadanos. Los pudimos ver en las poblaciones y en las áreas rurales, donde por primera vez y después de muchos años cientos de electores se aglomeraron en los centros de votación desde temprano pero que al final no pudieron votar.
Sin embargo, no en todos los municipios el TSE supervisó a los digitadores. En Flores Costa Cuca, Quetzaltenango, por ejemplo, los digitadores no orientaron a los electores. Habilitaron solo una computadora para atender a los votantes, en la sede de la subdelegación del Registro de Ciudadanos. Al menos seis máquinas, con sus técnicos se quedaron donde funcionó la Junta Electoral Municipal (JEM).
En la cabecera de ese municipio funcionaron tres centros de votación y otros en el área rural. Allí no hubo digitadores y los electores no fueron auxiliados. Los directivos de la JEM protestaron porque no se cumplió con esta función y la otra que era transmitir por la noche, desde el centro de cómputo, los resultados de la elección. Por si fuera poco, dos de los candidatos a alcalde no pudieron votar porque no aparecieron en el padrón electoral.
Ojalá que en la segunda vuelta el TSE supervise más a algunos de sus empleados, porque ante la falta de orientación en los centros de votación, puede que los electores decidan no votar y se incrementaría el abstencionismo.
Es la misión del TSE garantizar el acceso al voto a quienes deseen ejercerlo, por lo cual cabe llamar la atención sobre estos casos para que no se repitan.