Por Leonel Sión, Mynor
Toc
y Mike Castillo
De las 332 municipalidades en disputa, 18 fueron ganadas por comités cívicos en las elecciones recién pasadas, lo que evidenció algunas de las incapacidades de los partidos políticos para penetrar en las comunidades.
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En total, participaron 140 comités cívicos en todo el país, lo que para María del Rosario Enríquez, analista de una organización no gubernamental en Quetzaltenango, contribuye a la oxigenación del sistema democrático. “Es así porque nace del corazón del pueblo; no de manera vertical y subordinada”, dijo.
Rudy Humberto Gómez Martínez, electo concejal primero de Huehuetenango por el comité El Gallo, confirma lo anterior. “En los partidos políticos, las órdenes de lo que se hace y no se hace vienen desde arriba de sus estructuras. Las demandas de los sectores locales no son tomadas en cuenta. Los programas del Gobierno son generalizados, mientras que las necesidades son diferentes en cada región”, expuso.
El funcionario contó que anteriormente formaron el comité para evitar ser instrumentalizados por los partidos políticos.
Por aparte, Ignacio Ochoa, analista político de Antigua Guatemala, Sacatepéquez, expone que el surgimiento de los comités se debe a que los partidos políticos ofrecen poco o nada para el desarrollo de la vida municipal. “Las comunidades dejan de creer en las ofertas y necesidades inventadas por esas instituciones, y toman conciencia de sus fortaleza, por lo que optan por formar comités cívicos para buscar desarrollo”, expone.
Para Enzo Rosal, analista independiente, los comités surgieron como necesidad de legitimación local.
El futuro
Sin embargo, considera que su crecimiento está limitado y tiende a decrecer. En ese sentido, señala que aparte de que son de naturaleza temporal, las maquinarias de los partidos han replanteado sus programas, y ahora apuntan con mayor fuerza al nivel local.
Como segundo factor, señala que algunos de ellos son satélites de los partidos. En todo caso, deben abrir una línea de comunicación que los subordina a la política gubernamental para negociar los programas de desarrollo.
Como tercer factor, menciona el financiamiento: requieren de fondos, por lo que son vulnerables a caudillismos y a recibir recursos ilícitos.
Enríquez no está de acuerdo con eso, al menos en el caso de Xel-ju, el cual tuvo la administración altense por dos períodos, hasta el 2003. “Es un movimiento importante que involucra a indígenas, mujeres y jóvenes. No está destinado a morir”, comenta.
Sugirió que la ley de partidos políticos debería de ser reformada y permitirles participar en la elección de diputados y de gobernador, figura que idóneamente tendría que ser electa por su propia gente y no impuesto por el presidente.
En ese sentido, Rosal considera que la fragilidad de los comités radica en que tienen vida útil demasiado corta, por lo que la ley debe ser cambiada; sin embargo, lo cree poco probable, debido a la ingerencia de los partidos políticos.
Al referirse a Xel-ju, recalca que su atractivo inicial fue el llamado a la participación ciudadana, pero falló al no estar preparado para la planificación y gestión municipal. “Demostró que no se cruzó la identidad política con la étnica”, manifestó.
Al recordársele que para el período 2008-2012 los comités conquistaron varias cabeceras departamentales, como en Chimaltenango, expresa tener la percepción de que representó un papel preponderante la competencia del voto rural contra el urbano.
Entre tanto, Geovani Escobar, del comité Maco, de Amatitlán, el único que participó en el departamento de Guatemala, expone que en forma genérica esas agrupaciones no desaparecerán. “La sociedad es dinámica, y por ello surgirán cada vez que un grupo en el poder se acomode y cause injusticia o corrupción”, expresa.