MIRADOR
El ocaso de la fiesta
Por: Redacción Tribuna.
LPara muchos será un descanso —de vallas, de canciones tropicaloides repletas de promesas rimadas, de discursos sobre tarimas improvisadas, de sonrisas a las señoras y abrazos a los niños—, pero no faltará quien extrañe a las bailarinas y cantantes que amenizaron la fiesta previa a la llegada del futuro presidente o los regalos —desde pocillos hasta bicicletas de montaña— que los gamonales partidos llevaron para transformar un domingo cualquiera en ocasión de algarabía para pasar el tiempo... Total, aquí en el pueblo casi nunca pasa nada. “¿Lo volveremos a ver?”, es la pregunta que queda en más de un poblador que seguramente irá a votar el próximo domingo. ¿Por quién? Por el que bailó mejor.


PolíticaMENTE
Cree el soberbio que la Tierra fue hecha para servirle de pedestal, porque tiene la pluma fácil o la palabra de colores, y acusa de incapaz e irremediable a su república nativa. El buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país.
La política es el arte de inventar un recurso a cada nuevo recurso de los contrarios, de convertir los reveses en fortuna; de adecuarse al momento presente, sin que la adecuación cueste el sacrificio, o la merma importante del ideal que se persigue; de cejar para tomar empuje; de caer sobre el enemigo, antes de que tenga sus ejércitos en fila, y su batalla preparada.
José Martí,
escritor cubano.