Puntas de lanza del cine
La dirección de películas era un mundo dominado por hombres.

Por Paulo Alvarado
En los últimos premios Goya, dos de los cuatro candidatos a mejor realización fueron mujeres: Icíar Bollaín, por Mataharis, y Gracia Querejeta, por Siete mesas de billar francés.
De hecho, aunque no lo sepamos, muchas de las películas que hemos visto han sido dirigidas por mujeres. La tierna Tres hombres y un biberón (por la francesa Coline Serreau, 1985); Big (por la estadounidense Penny Marshall, 1988), donde
conocimos a un jovencísimo Tom Hanks; En algún lugar de África (de la alemana Caroline Link, 2001);El Juego de Ripley (de la italiana Liliana Cavani, 2002), o las romanticonas Algo para recordar (1993) y Tienes un e-mail (1998), ambas de la estadounidense Nora Ephron, quien además es guionista, productora y escritora y cuyo último filme es Embrujada (2005) con la actuación de Nicole Kidman.
El cine hecho por mujeres no se tiene que caracterizar, obligadamente, por tener un punto de vista femenino. Hay directores que saben transmitir mejor el mundo de ellas como Pedro Almodóvar o Woody Allen. Incluso, existen los casos en los que ellas han dirigido cine pornográfico, conocido por ser un mundo no solo masculino, sino también repleto de machismo. Sin embargo, otras luchan por desterrar los estereotipos de la mujer que ha construido el cine.
La primera directora del séptimo arte de la historia fue la francesa Alice Guy- Blaché, secretaria del industrial cinematográfico León Gaumont, quien empezó a dirigir filmes en 1896, un año después de que los hermanos Lumière realizaran la primera exhibición en la que se proyectó la salida de unos obreros de una fábrica de Lyon. Además, se la considera una de las pioneras del cine de ficción.
Pero no es hasta después de la década de los 70 cuando comienza a ser significativa la presencia de mujeres en la dirección. Incluso, en ocasiones llegan a ser pioneras, por delante del hombre. Tal es caso de Yvonne Rainer, coreógrafa y directora estadounidense, considerada pionera en la integración de nuevos medios, ya que en 1968 comenzó a mezclar actuaciones en vivo con diapositivas y cortometrajes, lo que fue la base para su primera película, Lives Of Performers (1972).
De escritoras a directoras
Una de las primeras en combinar ambos mundos fue la escritora francesa, de origen vietnamita, Marguerite Duras, quien dirigió cortometrajes, películas y documentales. En total llegó a hacer 20 piezas, entre las que destacan Son nom de Venise dans Calcutta désert (1976), India Song (1975) o Les Enfants (1984).
Susan Sontang también se atrevió a dar este salto. Ya había escrito con admiración acerca de Ingmar Bergman, y, luego, fue fue guionista y directora de cine en Duelo de caníbales (1969), Hermano Carl (1971) y el documental Tierras prometidas (1973), sobre las tropas israelíes en los Altos del Golán.
De actrices a directoras
Son numerosas las actrices que se han convertido en directoras. La española Icíar Bollaín encontró el reconocimiento a partir de realizar Te doy mis ojos, por la que consiguió el Goya a mejor guión original y mejor dirección. La estadounidense Barbra Streisand también obtuvo un gran éxito con las películas que ha dirigido. La primera, en 1983, que además produjo, escribió y protagonizó, fue Yentl, calificada como “obra maestra”, sin embargo, no fue ni siquiera nominada a los Óscar. La sueca Liv Ullmann, musa de Ingmar, rodó en 1992 Sophie, su primer filme, al que siguieron, entre otros, Kristin Lavansdotter, que se convirtió en el mayor éxito de público y taquilla de Noruega.
Cine oriental
En la actualidad, han surgido buenas directoras en todas partes de mundo, incluso en zonas donde se dificulta a la mujer no solo dirigir, sino también acceder a otros puestos relevantes de la sociedad. Tal es el caso de la hindú Deepa Mehta, quien ha realizado, entre otras, la trilogía Fuego (1996), Tierra (1998) y Agua (2005), donde refleja los problemas de la sexualidad, la guerra y la religión, respectivamente, en la India del siglo XX. Otra india destacada en el cine es Mira Nair, quien, con Salaam Bombay, fue candidata en 1988 a la mejor película de habla no inglesa en los Óscar. La historia del camello que llora, de la mongola Byambasuren Davaa, incluso fue nominada a mejor documental corto en los Óscar. Su última película, que ha sido el proyecto de fin de carrera de Cinematografía, ha sido El Perro Mongol. En Barakat, la directora argelina, radicada en Francia, Djamila Sahraoui, narra con valentía la situación actual de Argelia.
Latinoamérica
María Luisa Bemberg, con Camila, obtuvo el Óscar en 1895 a la mejor película de habla no inglesa. Por su parte, la brasileña Lucía Murat se ha atrevido a interpretar Romeo y Julieta, en las favelas de Brasil en el musical Maré, nossa história de amor, estrenada este año.
En definitiva, son solo unos pequeños ejemplos de cine realizado por mujeres, en un mundo cada vez menos dominado por hombres. |