Semanario de Prensa Libre • No. 209 • 06 de julio de 2008

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D fondo

El intruso silencioso
El papilomavirus es causante del 70 por ciento de casos de cáncer cervicouterino. La vacunación y la detección temprana son dos armas que lo combaten.


por fRANCISCO mAURICIO MARTÍNEZ

Cuando se le detectó la presencia del papilomavirus, Diana pensó que su vida había terminado. “Sentía vergüenza y me causó mucha depresión. No quería saber nada de los hombres; los odié por algún tiempo”, cuenta. Se enteró de su situación luego de haberse sometido a diversos exámenes clínicos de rutina, entre ellos, el Papanicolau. “Nunca había tenido relaciones sexuales, y cuando las tuve por primera vez, a los 20 años, no me imaginé las consecuencias”, añade. La joven, ahora de 24, se trató la infección y se preocupa por llevar un buen control médico para prevenir cualquier enfermedad.

El virus del papiloma humano (VPH) es un microorganismo de tipo ADN que causa el crecimiento anormal de tejido y provoca cambios en las células. Algunos subtipos virales pueden ocasionar verrugas genitales y otros aumentan el riesgo de contraer cáncer de cuello cervicouterino hasta en 70 por ciento.

Además, provoca cánceres de vagina, vulva, ano y, en casos excepcionales, de pene; asimismo, puede aparecer en la base de la lengua, amígdala y paladar blando.

El problema afecta solo a las mujeres; el hombre es portador y transmisor, pero no le causa ninguna enfermedad, salvo algunas excepciones. “Este tipo de infección es común y el número de portadores ha aumentado en los últimos tiempos”, menciona el ginecólogo y oncólogo Juan Carlos Bolaños.

La mayoría de papilomavirus no presentan síntomas visibles ni producen molestias; incluso, muchos de ellos son eliminados de manera automática por el sistema inmunológico en un lapso de 3 a 6 meses.

Sin embargo, hay casos en los que este intruso se desarrolla y llega a ser fatal, pues tiene una alta capacidad de mutar. El contagio se da por contacto sexual, y no necesariamente cuando hay penetración.

Falta educación

“Para que haya salud, tienen que haber modificaciones en el ámbito social, en primer lugar, en el educativo”, señala Roberto Garzona, especialista en medicina preventiva del departamento de Prevención, Investigación y Educación en Salud (Piensa), del Instituto de Cancerología (Incan).

Un dato que refleja la falta de educación en salud de las guatemaltecas es que tan solo una de cada 10 mujeres se hace el Papanicolau, un examen que detecta anormalidades celulares y que ayuda a prevenir el cáncer de cérvix. Por esa razón, los especialistas instan a que se efectúen esa evaluación médica por lo menos una vez al año.

Rember Díaz, coordinador de la Unidad de Infecciones de Transmisión Sexual, del Ministerio de Salud, indica que esa dependencia del Gobierno solo se limita a dar información preventiva a través de la red nacional de salud. En un futuro cercano, según Díaz, no se tiene contemplado vacunar a las mujeres para prevenir las infecciones por VPH, por su alto costo.

Según un estudio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), cada año 33 mil mujeres de Latinoamérica y el Caribe mueren por cáncer de cuello uterino, a pesar de que la enfermedad es prevenible.

Las formas para evitarla van desde la abstinencia y la fidelidad, hasta el uso correcto del preservativo, la vacunación y un control médico que facilite la detección temprana, pues, a pesar de que a una paciente se le encuentre el VPH, puede llevar un tratamiento para frenar el desarrollo del cáncer.

A pesar de todos estos métodos para eludir la infección por VPH y su potencial para repercutir en enfermedad oncológica, se estima que en el 2020 los casos de cáncer de cérvix se incrementarán en 40 por ciento a nivel mundial; en algunas zonas llegaría a alcanzar hasta el 55 por ciento.

“El virus es más común de lo que se creía; si no se interviene con fuerza, habrá un incremento sustancial del número de muertes de cáncer de cuello de útero”, confirma Ciro de Quadros, del Instituto de Vacunas Albert Sabin en un documento publicado por la OPS.

“Mucha gente piensa que el VPH es una infección que solo se produce en mujeres que se dedican a la prostitución o en gente de escasos recursos; hay mucha ignorancia”, comenta Elizabeth Cruz, presidenta de la Fundación Red de Sobrevivientes del Cáncer. “Como ejemplo, puedo decir que hay universitarias que, a pesar de tener acceso a la información, no se hacen un examen de Papanicolau; llevan una actividad sexual activa, saben de las enfermedades a las que se enfrentan y, sin embargo, no hacen nada al respecto”, apunta Luis Lombardi, ginecólogo.

La prevención

La mejor manera de eliminar el riesgo de contraer la infección genital por VPH es la abstinencia, aunque “eso es muy difícil que suceda”, menciona Cruz.

Por ello, la estrategia de quienes continúan con su vida sexual es mantener una relación monógama a largo plazo con una pareja no infectada con el virus. Sin embargo, el problema es que no siempre se sabe sobre el pasado sexual de la otra persona. “Mi novio, con quien planeo casarme en un año, tiene el virus y me contagió.

Esta situación nos causó muchos problemas y estuvimos a punto de terminar con la relación. Estuve triste, deprimida y con miedo de que me pasara lo peor, pero luego comprendí que el sexo conlleva riesgos hasta cierto punto, y que no necesariamente es que él haya tenido muchas relaciones, sino que, incluso, con una persona con quien haya tenido sexo, pudo haberse infectado”, señala Carolina, de 26 años.

Otra opción es el uso del preservativo, aunque este método no evita al cien por ciento el papilomavirus, porque las partes que no están cubiertas por el condón pueden estar infectadas.

La cuarta estrategia preventiva contra el VPH es la vacunación. Recientemente, la Food and Drug Administration (FDA), de Estados Unidos, aprobó la vacuna Gardasil, efectiva en la prevención de infecciones persistentes por los papilomas de los subtipos 16 y 18 —considerados de alto riesgo y que causan hasta el 70 por ciento de los cánceres cervicales—, y los subtipos 6 y 11, causantes de hasta el 90 por ciento de las verrugas genitales.

Este medicamento ha sido aprobado en Guatemala por las autoridades sanitarias para su aplicación en hombres y mujeres de entre 9 y 15 años, aunque muchos médicos lo recomiendan sin importar la edad. Eso sí, “entre más joven sea la persona, mejor, pues tiene mayor capacidad de aumentar sus defensas inmunológicas”, refiere Lombardi.

Se ha probado su efectividad para prevenir el cáncer vaginal y vulvar en un cien por ciento, y displasias cervicales de alto grado en un 96 por ciento.
También es necesario precisar que la vacuna es preventiva y no curativa. Por ello, es recomendable que se emplee antes de iniciar la vida sexual o antes de haber sido infectado por VPH.

Para conseguir la inmunidad se aplican tres dosis de vacunas, de forma que la segunda se aplica a los dos meses de la primera y la tercera inoculación a los seis meses después de la primera. “Estudios actuales hacen pensar que la vacuna no necesitará ningún refuerzo al paso de los años, pues se ha visto que las personas vacunadas mantienen un fuerte sistema inmune”, dice Patricia Salazar, médico representante de la farmacéutica Merck Sharpe & Dohme.

La gente, sin embargo, no debe considerarse fuera de riesgo de contraer otras enfermedades. “Protege del VPH y su posibilidad de desarrollar cáncer de cérvix o vulvar, pero hay que recordar que existen otros padecimientos ocasionados, por ejemplo, por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH)”, aclara Bolaños.

Problema económico

El alto costo es el factor que influye en que la vacuna contra el VPH no llegue a los países en vías de desarrollo, dados los problemas de financiación para gastos de salud que tienen estas naciones, de los que no escapa Guatemala.

En el país, el precio promedio del mercado de cada inyección es de Q2 mil, y hay que recordar que se necesitan tres dosis. Como se evidencia, el precio de una sola inoculación supera el sueldo mínimo del guatemalteco.

Incluso, si se redujera de manera drástica el precio de la vacuna, el sistema nacional de salud tendría un impacto significativo en la administración de los fondos. Por ejemplo, en seis países en vías de desarrollo estudiados por la OPS, el costo de vacunación contra el VPH en solo cinco años alcanzaría los US$4 mil 700 millones, con un valor de US$360 por las tres dosis. Si el precio descendiera a los US$50 o US$25, los costos continuarían elevados: US$621 y US$290 millones, respectivamente.

La Fundación Red de Sobrevivientes del Cáncer ha tratado de ponerse en contacto con diversas organizaciones y empresas del sector privado para tener acceso a vacunas gratuitas, y así disminuir la incidencia de cáncer de cérvix en el país.

Esta es una esperanza, pero también se requiere un plan nacional para concienciar a las mujeres sobre la necesidad de hacerse un examen de Papanicolau.

Si se ignora el problema, éste seguirá con un crecimiento desmedido, y las consecuencias sociales y económicas, por lógica, serán peores.

Apoyo de voluntarios

La Fundación Red de Sobrevivientes del Cáncer es una entidad de unos 60 voluntarios que brinda apoyo emocional, espiritual y, en algunos casos, económico, a los pacientes con cáncer y a sus familiares.

En la actualidad, buscan el apoyo de empresas, organizaciones o embajadas que les puedan donar las vacunas para prevenir el cáncer cervicouterino en la juventud guatemalteca. Esto, con el objetivo de hacer un gran programa de vacunación, principalmente en las regiones de Guatemala consideradas de alto riesgo y encaminado a proteger a las jóvenes de escasos recursos económicos.
Para información, comunicarse por los teléfonos 2440-5753 y 2475-4859.


   

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