Ejemplo para los jóvenes
“Ya de grande me entró en gusano de querer aprender”.

Me llamo Rosalina Samayoa Tintí; por distintos motivos, dejé de estudiar cuando era muy joven; me quedé en los básicos. Luego de casarme, tuve que trabajar muy duro para mantener a mis hijos.
Cierto día, debido al accidente que sufrió mi hermano —que lo dejó cuadrapléjico—, mi hija mayor me dijo: “Mamá, ¿por qué no se mete a estudiar enfermería?”. Me pareció buena idea, porque así podría encargarme de mi hermano.
Sin embargo, debía terminar mis básicos para ingresar a enfermería, pero, a pesar de las dudas iniciales y por la insistencia de mi familia, accedí.
Para entonces, habían pasado 40 años desde la última vez que entré a un salón de clases. No sabía qué iba a hacer para relacionarme con tantos patojos, pero estaba decidida.
Empecé desde primero básico, en el 2002, en el Instituto Guatemalteco de Educación Radiofónica, en la zona 2, cuando tenía 52 años.
Al principio me costó, pero luego mejoré. Recuerdo que una vez un patojo me dijo: “Usted sabe bastante porque ya está viejita”, pero yo le dije: “No, yo no sé bastante porque sea viejita, sino porque me preocupo por estudiar, y ustedes no leen. Si no leen, no aprenden, y la lectura es base para muchas cosas”.
Además, me di cuenta de que ciertos muchachos no tienen fuerzas, pues muchos abandonan luego del primer examen; no son perseverantes.
Yo, en cambio, he aprendido que el estudio permite agilizar la mente, conocer más sobre las cosas y, por supuesto, ayuda a conseguir mejores trabajos.
Conozco a una señora que también quería empezar a estudiar; ella no sabía leer ni escribir, y sentía mucha vergüenza de asistir a clases, porque la gente que conocía se iba a enterar.
Pero yo pienso que es mejor que la gente se de cuenta de que está tratando de aprender, y no que digan que se quedó sin saber nada.
Pasaron los años, y me fue tan bien que hasta fui abanderada. Me gradué de la secundaria y también de bachiller en Ciencias y Letras, en el 2006. Luego seguí con estudios de floristería, manualidades y blancos; el otro año quiero ir a cocina.
Yo les digo a los más jóvenes que estudien, porque así pueden tener una mejor vida, y así no les toman el pelo en la calle.
Ahora soy maestra de primer y segundo grado de primaria, para contribuir a que más jóvenes y adultos tengan un futuro mejor.
La
vida está llena de anécdotas, unas tristes, otras
alegres,
pero también hay sucesos fantásticos y
heroicos. Cuéntenos la suya.
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