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Común y temida infidelidad
Habitual pero no aceptada, la infidelidad es algo cotidiano para la mayoría, aunque aseguran no estar dispuestos a perdonarla.

Si alguien es infiel significa que no quiere a su pareja, afirma el 58.1 por ciento de entrevistados.

Y también el 57.2 por ciento estima que entre sus amigos la infidelidad es algo común.

Que las parejas sean de dos personas es algo que en más de la mitad de los casos se queda sólo en la intención. La falta de lealtad al esposo/a, o al novio/a no implica que no les quieran, para el 40.3 por ciento de los consultados.

La creencia de que cuando hay sexo con alguien que no es la pareja es porque falta el amor está más extendida entre los indígenas y los mayores de 50 años.

Los encuestados afirman que en su entorno social quienes tienen más relaciones sexuales con alguien que no es su pareja son los hombres, los ladinos y aquellos que viven en la región central del país.

Llegan los celos

El temor a “que te quemen el rancho” es latente, y el 60.3 por ciento de la población se ha puesto alguna vez celoso o preocupado porque su pareja le sea infiel.

La inseguridad ante los posibles escarceos amorosos es mayor entre las mujeres y la población más joven, pero hay un 38.8 por ciento de guatemaltecos a quienes esto nunca les ha quitado el sueño.

En el mapa es en el norte del país donde el miedo a la infidelidad es menor.

Si los “cuernos” son míos

Es común que los entrevistados reconozcan que en el ámbito en el que se desenvuelven la infidelidad es habitual, pero cuando el hecho se vive en carne propia se complica la posibilidad de perdonar.

El 56.8 por ciento de la población diría “no” a su pareja si ésta le ofrece disculpas después de haber tenido un desliz.

Con más capacidad de olvidar las “aventuras” de su compañero/a sentimental se muestran los que ya cumplieron los 50 años, la gente con menos grado de escolaridad y la población indígena.

En cuestión de género, las mujeres son más proclives que los hombres a la hora de perdonar.

Justamente, estos grupos son los que con índices más altos dijeron que la infidelidad significa que no hay amor.

 

Opinión
“No debe ser tabú”

Rodolfo Mendoza, del equipo pastoral de la Iglesia de Dios, afirma que para los evangélicos la sexualidad es algo bueno que Dios dio al hombre, no sólo para reproducirse, sino también para tener placer.

“El sexo no debe ser un tabú y en la Biblia se habla bastante de ello”, dice Mendoza. En su opinión, debe practicarse de manera ordenada. Eso significa que las relaciones deben ser dentro del matrimonio.

“No es permitido antes del matrimonio, ni el adulterio. La infidelidad y el sexo entre los jóvenes es muy común y hace falta que tengan más firmeza en sus convicciones”, expresa.

El uso de anticonceptivos es válido para los evangélicos, siempre que no se utilicen métodos abortivos.
La homosexualidad es considerada como algo inmoral.

 

Opinión
Moralidad católica

Según el licenciado en teología moral Fredy Mejía, no se puede hablar sólo de relaciones sexuales, porque debe tenerse en cuenta su implicación moral.

Afirma que el acto conyugal es la unión carnal entre el legítimo esposo y la legítima esposa para procrear y que implica satisfacción. Por ello, la Iglesia no permite las relaciones sexuales antes del matrimonio, el adulterio o la homosexualidad, o la masturbación, por ser “contra natura”.

La anticoncepción implica impedir uno de los fines del acto conyugal: la reproducción, por lo que también es considerada un acto ilícito. No sería correcto incluso el onanismo, eyacular fuera de la vagina, según el concepto teológico.

Según Mejía, que los lineamientos morales sean diferentes a la práctica es consecuencia de que el hombre está marcado para el pecado, pero indica que esto no justificaría que la doctrina se debería ajustar a los tiempos.

 

Del dicho al hecho...
Valores y prácticas se contradicen

Los conceptos sobre las relaciones sexuales se ajustan a lo tradicional, pero la práctica difiere. El 92.9 por ciento de los guatemaltecos considera que las relaciones sexuales deberían tenerse con personas que uno quiere, y el 6.7 por ciento manifiesta que pueden ser con cualquiera, pero las cifras muestran la diferencia entre lo que se considera correcto y lo que finalmente se hace.

A pesar de los valores, la prostitución es habitual, y cuatro de cada 10 guatemaltecos afirman haber pagado alguna vez a lo largo de su vida por mantener relaciones sexuales. Esto se podría interpretar de dos formas: que los principios no son tan férreos o que aun cuando se paga por tener sexo, también hay amor.

Lejos del ideal de pareja, para la mayor parte de la población, el 57.2 por ciento, la infidelidad es algo habitual en su entorno.

La primera experiencia

La tradición, ahora menos arraigada, de que los hombres tengan su primera relación sexual en un prostíbulo, no entra, en teoría, dentro de los cánones de lo correcto.

Según el 76.8 por ciento de los entrevistados, la primera experiencia sexual debería tenerse con la novia, pero por lo que han escuchado, señalan que el 57.6 por ciento de los hombres jóvenes de su entorno pierde la virginidad con prostitutas.

Ocho de 10 diez mujeres piensan que no se deberían tener relaciones sexuales antes del matrimonio, pero no son tantas las que dicen haber llegado vírgenes al altar. Ya en la práctica, cinco de cada diez féminas tuvo su primera experiencia con alguien que no era su esposo.

 

Prostitución, práctica común

El 41.9 por ciento de los hombres afirma haber pagado alguna vez por tener sexo, y el 22.9 por ciento respondió que tuvo su primera experiencia con una prostituta.

La prostitución femenina es algo común para la mayoría de la población —57.4 por ciento—, pero son reticentes ante la idea de que sean los hombres quienes reciban dinero por tener relaciones sexuales.
Los hombres son más permisivos ante la prostitución, y la tolerancia ante “la profesión más antigua del mundo” es menor en las áreas rurales y entre la población indígena.

Han acudido en mayor medida a prostíbulos los que tienen entre 30 y 49 años, y aquellos que viven en el área urbana.

Más reacios a pagar por tener sexo se muestran quienes residen en el altiplano del país.

Prostitución masculina

Que los hombres se prostituyan es una práctica menos habitual y, por tanto, extraña para la mayor parte de la gente. El 74.2 por ciento lo ve como algo fuera de lo común, mientras que el 24.8 por ciento lo considera habitual.

Este tipo de prácticas son más aceptadas por población ladina, que vive en el área urbana y tiene estudios universitarios.

De acuerdo con las respuestas entre las mujeres, no hay mucha demanda de este tipo de servicios, y sólo 0.3 por ciento reconoció haber pagado alguna vez por mantener relaciones sexuales.


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