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Guatemala, 15 de agosto de 2008

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Inflación y desaceleración ponen en jaque a la Fed  

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Estudio

Compran lo esencial 

El consumidor estadounidense no parece dispuesto a ceder en lo esencial, y declara que no comprará menos desodorante, carne o artículos de limpieza, pero puede reducir sus salidas a comer, según un estudio de Unilever, publicado el jueves último.

Más del 98 por ciento de las personas interrogadas no reducirán sus gastos en la adquisición de productos de primera necesidad —desodorantes, baterías, legumbres en conserva, carne y pescado frescos, champú, jabón, productos de limpieza, detergente, margarina, alimentos para animales, pañuelos desechables y papel higiénico—.

En compensación, los cinco productos más susceptibles de ser abandonados son los desodorantes para la casa, golosinas, cerveza, vino, comida congelada y los refrescos gaseosos.

En este estudio, titulado Ganar consumidores en tiempos difíciles, el grupo agroalimentario y de cosméticos anglo-holandés indica que “más de 30 por ciento de los consumidores comen más a menudo en casa, y menos fuera de ella”.

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El consumo de cerveza, tabaco, entre otros insumos no indispensables en el diario vivir, son productos que los estadounidenses estarían dispuestos a dejar de comprar por las alzas.

Washington. Los precios al consumo volvieron a subir en julio recién pasado en Estados Unidos, y la inflación anual alcanzó su cifra más elevada en 17 años y medio, lo que pone a la Reserva Federal en una situación cada vez más delicada, en momentos en que también se deprime el crecimiento.

Los precios al consumo aumentaron 0.8 por ciento, respecto de junio último, tras subir 1.1 por ciento el mes anterior, en tanto que el índice de base (que excluye alimentación y energía) subía 0.3 por ciento en el segundo mes consecutivo, declaró ayer el departamento de Trabajo. Son alzas superiores a las expectativas de los analistas.

La cifra más espectacular es la inflación anual, que subió 5.6 por ciento, el aumento más importante desde enero de 1991, y el índice de base aumentó 2.5 por ciento.

De acuerdo con el Departamento de Trabajo, si se mantuviera el ritmo de aumento de precios, que se alcanzó entre mayo y julio, la inflación sería este año del 10.6 por ciento, el mayor ascenso en 26 años.

Todo ha subido

El referido departamento precisó que la subida de julio se explicaba “en cerca de la mitad”, por el alza de los precios de la energía, que subieron un 4 por ciento, sostenidos principalmente por la gasolina y el gas natural.

“Lo perturbador de este informe es que el aumento de precios no se ha limitado a la energía”, comenta el economista independiente Joel Naroff.

Los precios de la alimentación han registrado un alza de 0.9 por ciento, estimulados por las cotizaciones de los cereales y productos lácteos. Además de alimentación y energía, la tendencia a la elevación es casi general, por ejemplo +1.2 por ciento para la ropa, +1.7 por ciento para el transporte y 0.6 por ciento para la vivienda.

Ese informe era muy esperado, en momentos en que la Reserva Federal (Fed) debe luchar al mismo tiempo contra una clara desaceleración económica y la amenaza de una espiral inflacionaria.

Además, hace suponer un motivo de preocupación y factor de freno para bajadas de tipos adicionales, ya que la autoridad monetaria considera como aceptable una inflación subyacente del 1 por ciento al 2 por ciento.

Desde septiembre del 2007 la Reserva ha reducido los tipos de interés, del 5.25 al 2 por ciento, y ha inyectado cientos de miles de millones de dólares en los mercados, en un intento de reactivar la economía.

El riesgo de esa política es que fomenta la inflación, por lo que el dato publicado ayer fortalece las peticiones de quienes creen que la Reserva debería aumentar la tasa de interés de referencia, que ha estado en el 2 por ciento desde abril.

La Fed apuesta a que, con la desaceleración del crecimiento, la inflación terminará por volver bajo control.

Los analistas prevén una tregua, especialmente en la energía, durante los próximos meses, con un fuerte descenso de las cotizaciones del petróleo observada en las últimas semanas.

“Las cifras de agosto y de septiembre serán mejores”, por la declinación de los precios del petróleo y de la gasolina, que alcanzaron un máximo a mediados de julio, antes de caer fuertemente, afirmó Stephen Gallagher de Société Générale.

Ventas bajan

En julio, las ventas minoristas retrocedieron por primera vez en cinco meses, y “las primeras cifras disponibles sobre agosto permiten pensar que tendrá que haber rebajas para atraer consumidores”, expuso Gallagher.

“Ya hay señales innegables de que la disparada de la energía y de otras materias primas empieza a contaminar los precios en su conjunto”, consideró Kenneth Beauchemin, de la consultoría Global Insight.

Y “esto pone a la Fed entre la espada y la pared”, agregó.

AFP-EFE

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