Paraíso encantado en Barillas

Laguna Maxbal, en Barillas, Huehuetenango, es una buena oportunidad para conocer uno de los escasos lugares vírgenes de Guatemala.

Por Texto y fotos: Mike Castillo

Lo primero que se presenta ante los ojos de aquel que se aventure es un paisaje que mezcla el agua color turquesa de la laguna con el verdor de las montañas, donde se refugia el Quetzal.

Durante la caminata, de unos tres kilómetros, desde el punto donde se deja el vehículo, se puede avistar familias completas de este símbolo nacional, así como también de tucanes, cayayas, faisanes y otras especies, que hacen grato el recorrido.

César Sactic, guía turístico, asegura que este destino es un paraíso escondido. Se encuentra en la aldea San Francisco Momonlac, Barillas. Sus pobladores, orgullosos de su terruño, ponen a disposición balsas construidas con troncos, para que desde la ribera se pueda explorar la belleza de su pueblo.

Para llegar a la Laguna Maxcal desde la capital hay tres rutas, la más conocida es la Franja Transversal del Norte, que pasa cerca de la Laguna de Lachuá, Alta Verapaz, hasta la aldea San Francisco, donde se debe dejar el vehículo y continuar la travesía a pie, entre la montaña, durante dos horas, aproximadamente.

La otra es llegar a Santa Cruz Barillas, Huehuetenango, recorrer 25 kilómetros de carretera de terracería, por las comunidades de Chancolín, Santa Elena y Monte Bello, hasta llegar a San Francisco donde se deja el automotor. La tercera, la menos conocida, es ingresar por Gracias a Dios, Nentón, Huhuetenango.

El sitio cuenta con cabañas para grupos de hasta 40 personas, con habitaciones individuales o dobles. El precio del hospedaje es de Q125 por cada visitante. También ofrecen el servicio de desayuno y cena (Q35) y almuerzo (Q45).

Víctor Hugo Villatoro, integrante de la Red Departamental de Turismo Cultural y Natural de Huehuetenango, comenta que esta es una alternativa ideal para quienes gustan del montañismo.

El recorrido está lleno de belleza natural, con ríos color turquesa, montañas que abrigan ardillas, armadillos, venados, tucanes, auroras, cayayas y faisanes, entre otros.

La travesía a pie, desde donde e deja el vehículo, es calurosa, pero se refresca conforme se desciende entre el bosque, hasta llegar a la playa de la laguna.

“La mejor experiencia es nadar en estas aguas tibias, que no están contaminadas por la intervención del hombre”, resalta Villatoro.

El área es manejada de forma ecológica por los pobladores, los que ejecutan actividades de conservación e impulsan el turismo rural como alternativa para agenciarse de fondos y hacer autosostenible el lugar. “El objetivo de la Red es promover la zona como destino turístico”, explica Villatoro.

La naturaleza intacta de Maxbal, que evidencia que el lugar debería ser declarado área protegida, es un potencial turístico que los comunitarios pretenden aprovechar para mejoran su economía.

Para reservaciones, comunicarse al número 5322-6937.