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Cien años de Cortázar

El 26 de agosto se cumple un siglo del nacimiento del escritor Julio Cortázar.

Por REDACCIÓN REVISTA D

<p>Julio Cortázar, (Foto Prensa Libre: Archivo)</p>
Julio Cortázar, (Foto Prensa Libre: Archivo)

Antes de cumplir 10 años, Julio Cortázar ya mostraba su vena de escritor. Su precocidad en las Letras le permitió plasmar algunos cuentos, sonetos, y una pequeña novela, la cual, según relató en varias entrevistas, "afortunadamente la había perdido". A esa edad leía a Julio Verne, Víctor Hugo y Édgar Allan Poe.

Durante su niñez fue muy enfermizo, por lo que mucho de su tiempo lo pasó en la cama y la lectura se convirtió en su gran compañera. Su madre —María Herminia Descottele— fue la encargada de despertarle el gusto por la literatura, ya que le seleccionaba y compraba los libros que podía leer. En esos años solía, además, pasar horas sumergido en un diccionario Pequeño Larousse.

Nació en Ixelles, un suburbio de Bruselas, Bélgica, donde residía su padre —Julio José Cortázar— quien era agregado comercial de la embajada de Argentina en dicho país. Este suceso hizo que de adulto declarara que su "nacimiento fue un producto del turismo y la diplomacia". A los 4 años volvió a Argentina y el resto de su infancia la pasó en Banfield, Buenos Aires.

Pasado mañana se cumple un siglo de su nacimiento —26 de agosto del 1914— y, coincidentemente este año se conmemoran tres décadas de su fallecimiento —12 de febrero de 1984—. Cortázar destacó en los géneros de novela, cuento, poesía, prosa poética y microrrelato. Su legado está considerado dentro del surrealismo y realismo mágico, siendo su obra cumbre Rayuela.

En la década de 1960, se convirtió en uno de los precursores del boom de la literatura hispanoamericana a la par de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Juan Rulfo, Carlos Fuentes y también Jorge Luis Borges, entre otros.

Conciencia social

En esa época se identificó con las clases marginadas y estuvo muy cerca de los movimientos de izquierda del continente, de esa cuenta viajó a Cuba en 1962, lo cual se convirtió en una experiencia decisiva, ya que influyó profundamente en su vida y en su obra. De intelectual introvertido que había sido, se transformó en un activista político.

Debido a su concienciación social y política, en 1970 fue a Chile para asistir a la ceremonia de toma del presidente Salvador Allende y, más tarde a Nicaragua, para apoyar al movimiento sandinista. Como personaje público, intervino con firmeza en la defensa de los derechos humanos y fue uno de los promotores y miembros más activos del Tribunal Russell.

Dentro de este compromiso social escribió numerosos artículos y libros, entre ellos Dossier Chile: el libro negro, sobre los excesos del régimen del general Pinochet, y Nicaragua, tan violentamente dulce, testimonio de la lucha sandinista contra la dictadura de Somoza, en el que incluyó el cuento Apocalipsis en Solentiname y el poema Noticias para viajeros.

Lo fantástico

Los relatos de Cortázar ahondan en lo fantástico, aunque sin abandonar por ello el referente de la realidad cotidiana. Para él, la realidad inmediata significaba una vía de acceso a otros registros de lo real, donde la plenitud de la vida alcanzaba múltiples formulaciones. De ahí que su narrativa constituya un permanente cuestionamiento de la razón y de los esquemas convencionales de pensamiento.

Tales propuestas alcanzaron sus más acabadas expresiones en las novelas, especialmente en Rayuela, y en sus relatos breves, donde, pese a su original estilo y su dominio del ritmo narrativo, se mantuvo más cercano a las convenciones del género. Cabe destacar, entre otros muchos cuentos, Casa tomada o Las babas del diablo, ambos llevados al cine, y El perseguidor, cuyo protagonista evoca la figura del saxofonista Charlie Parker.

En 1938 publicó su primera colección de poemas Presencia con el pseudónimo de Julio Denis. Luego siguió Los reyes, una reconstrucción igualmente poética del Minotauro. Esta etapa es considerada como la prehistoria cortazariana y suele darse como inicio de su bibliografía los relatos que integraron Bestiario (1951), publicados en la misma fecha en la que inició su exilio en Francia.

En el ámbito del cuento, Cortázar fue un exquisito cultivador del género fantástico, con una singular capacidad para fusionar en sus relatos los mundos de la imaginación y de lo cotidiano, obteniendo como resultado un producto altamente inquietante. Ilustración de esto es Casa tomada, de Bestiario, en el que una pareja de hermanos percibe cómo, diariamente, su amplio caserón va siendo ocupado por presencias extrañas e indefinibles que terminan provocando, primero, su confinamiento dentro de la propia casa, y, más tarde, su expulsión definitiva.

En los cuentos de Final del juego (1964) encontramos algunas de las descripciones más crueles de Cortázar, como por ejemplo Las ménades, una auténtica pesadilla; pero también hay sátiras, como ocurre en La banda, en el que su protagonista, cansado del sistema imperante en su país (clara alusión al peronismo), se destierra voluntariamente, como Cortázar lo hizo en París en 1951.

Fuentes: www.biografiasyvidas.com/www.escritores.org /www.literaberinto.com / www.modernista.se