Revista D

Con la adrenalina al tope

Una joven que ronda los 20 años se alista para descender un risco, cuyo fin va a dar a un promontorio de rocas. Cerca de ella, espectaculares cascadas hacen una caída violenta.

Por POR ROBERTO VILLALOBOS VIATO

Panorámica de la imponente cascada en el oriente del país.
Panorámica de la imponente cascada en el oriente del país.

Estar en la orilla de un precipicio de 40 metros de profundidad resulta intimidante, pero también acciona las más desafiantes actitudes que se llevan dentro de sí.

La chica no se amilana, va segura. Se ajusta el casco, los guantes, el arnés y demás equipo, que incluye cuerdas, descensores y mosquetones.

Se sujeta de la cuerda y, con los pies bien puestos sobre la roca, empieza un emocionante descenso. Va con la adrenalina al tope.

El rapel es un deporte extremo muy popular entre los jóvenes —le llaman canyoning cuando lo practican en cascadas—.

“No se necesita experiencia. Es fácil aprender”, asegura Pablo Cabrera, quien dirige la empresa Extremo a Extremo, que se especializa en actividades de aventura —escalada, saltos bungie, rafting o paracaidismo, entre otros—. “La seguridad es lo más importante”, agrega.

Por eso, en cada una de las excursiones participan instructores con conocimientos en primeros auxilios y se emplea equipo certificado. “Para prevenir, cada uno de nuestros usuarios desciende con dos líneas de seguridad, si acaso una llegara a fallar —hasta ahora no ha pasado—”, resalta Cabrera.

En Guatemala, el rapel se practica en sitios como Amatitlán, La Rinconada, cercano a Antigua Guatemala, Sacatepéquez, y en las cascadas Los Amates, en Oratorio, Santa Rosa.

Llegan grupos de hasta 16 personas, quienes, en promedio, hacen tres descensos por viaje. “Participan chicos desde los 14 años. El de más edad que ha estado con nosotros tiene 58; de hecho, es mi padre”, cuenta Cabrera, entre risas.

El descenso

Bajar por aquellas rocas no es tan difícil en realidad. De hecho, el obstáculo más grande a vencer es el miedo de estar tan arriba y contemplar el precipicio. Pero no hay problema, ya que un instructor siempre está cerca para ayudar.

Después de dominar La Rinconada y Los Amates, lo más probable es que se quiera probar en otros destinos.

Los que tienen más experiencia, en muchas ocasiones, toman un curso para hacer rapel con espeleólogos. En este caso, son populares los descensos de las cuevas de Jul Ik y Bombil Pek, en Chisec, Alta Verapaz, que tienen 70 metros de altura. Aún con más conocimientos —incluso de escalada—, es inolvidable el viaje a El Cimarrón, en Nentón, Huehuetenango, con una altura abismal de 150 metros. La leyenda dice que quienes bajan ese sitio mueren de forma misteriosa, mientras que los sobrevivientes se vuelven locos. Aún así, muchos retan la creencia y regresan bien para contarlo.

Pero eso no debería ser un factor intimidante, pues las medidas de seguridad que se toman en cualquiera de estos sitios son bastante serias y precisas. Respecto de la aventura, sencillamente es imborrable de la mente.

Además

LLEVAR ROPA CÓMODA, tenis, bloqueador solar, gorra, refacción y agua. Si se desciende de una cascada, llevar una mudada extra.

EL PRECIO DE estos viajes, si son cerca de la capital, oscilan entre los Q400 y los Q500. Incluye transporte y comida.

ALGUNAS EMPRESAS QUE se dedican a este negocio son Extremo a Extremo (2269-2445), Gravedad Cero (4012-7236), K’ashem (2474-3535) y X-Tours (5427-5148).