Revista D

Alan Tenenbaum: "Todo pasa por una razón".

Una sonrisa y una actitud positiva son sus   estandartes para hacer frente a las contrariedades de la vida, sin importar cuáles sean.

Por José Luis Escobar

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Alan Tenenbaum
Es motivador, habla a diferente público sobre la experiencia que le marcó la vida. (Foto Prensa Libre: José Luis Escobar).
Es motivador, habla a diferente público sobre la experiencia que le marcó la vida. (Foto Prensa Libre: José Luis Escobar).

Hablar en público y firmar el libro de su autoría son las actividades que más ocupan a Alan Tenenbaum.

“Todo pasa por algo, todo tiene un propósito”, dice. En su mirada y gestos se percibe la convicción de sus palabras. Con esa misma fuerza alienta  a otros a no estancarse ante las contrariedades, lo hace con la frase “teikirizi & pa’lante”,  la cual explica en esta entrevista.

La vida para Tenenbaum casi se detuvo a los 26 años,  cuando   su talento le  auguraba una carrera exitosa en la publicidad y el mercadeo. Hablar con él, escucharlo  relatar el hecho que le cambió la existencia y cómo la afronta  desvía  la atención a la silla de ruedas que usa para movilizarse. La tetraplejía nunca detuvo su espíritu deportivo y aventurero.

Los viajes son significativos en su pasado, ¿por qué?

Viajar es la mejor manera de invertir tus ahorros porque la vida es para coleccionar momentos no cosas, y además aprendemos mucho conociendo otras culturas y personas. Siempre que tuve oportunidad me apuntaba para ir a algún destino de Guatemala mas no logré recorrer el país como hubiera querido. Pero sí lo disfruté bastante. Los fines de semana, si no acordaba con mis hermanos o amigos, me iba solo, eso me obligó a tratar con nuevas personas. Sin embargo después de mi accidente todo eso cambió.

¿Qué ocurrió?

Estaba en el Puerto San José paseando con mi familia y algunos amigos,  en una piscina tomando fotografías debajo del agua con una  cámara que recién habíamos comprado. Recuerdo que salí un momento y cuando regresé me tiré un clavado. Corrí rápido, brinqué alto y no tengo claro cómo o con qué me golpeé;  caí inconsciente y gracias a Dios me sacaron del fondo.

No tenía   rasguños. Fue un accidente muy extraño porque toda mi vida había practicado deportes,  por lo que hacer clavados no era ajeno para  mí. Desperté sin idea de lo que había ocurrido y solo podía mover mis hombros, cuello y cabeza.

Volvimos a la capital, llegamos como a medianoche y  las radiografías mostraron que tenía dos vértebras cervicales desechas y que uno de los huesos rotos había lastimado la médula espinal. Fue un toque leve no obstante  me dejó prácticamente inmóvil a los 26 años.  Viajar ahora implica para mí mayor trabajo, pero conservo los gratos momentos que disfruté y los que he podido experimentar después del accidente.

¿Qué otros destinos visitó?

Cuando recién me gradué del colegio asistí a Israel a un kibutz —aldea comunitaria—  cerca del Mar Mediterráneo, en donde a cambio de trabajo se daba a los participantes alojamiento y comida. Tenía 18 años y la experiencia me ayudó a madurar y darme cuenta del mundo real. Entre otras funciones, recolecté pencas de banano. Por las noches compartí y conocí a jóvenes de todas las latitudes; éramos unos cien. El programa duró cinco meses y medio.

No olvido tampoco los años en Boulder, Colorado. En la universidad de esa ciudad estadounidense   estudié cuatro años Mercadotecnia. Aprendí mucho al vivir solo, adquirí nuevas experiencias y conocí a más personas. Diría que aprendí más fuera de las aulas que en ellas. Me gradué en el 2005 y regresé a Guatemala para trabajar en Publicidad y Mercadeo, lo hice para varias agencias por tres años, hasta que el 21 de junio del 2008 ocurrió el accidente.

Mencionó que practicaba deportes. ¿Cuáles le llamaban la atención?

Fui muy deportista. No iba al gimnasio pues detestaba esa rutina, hacer cardio o pesas no era para mí. Ejercicio para mí era jugar squash hasta sudar toda la camisola. También formé parte del equipo de básquet y voleibol cuando estuve en el colegio. En la universidad participé en la liga mayor de ascenso de balonmano. El deporte me sigue encantando. Ahora mis rutinas son para fortalecer los músculos que aún puedo mover, cuando hago fisioterapia. Como parte de estos  practico ping-pong. Mi interés  ha aumentado y me he propuesto representar a Guatemala en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. Mi meta es dedicar hasta cinco horas semanales para empezar mi ranking en el tenis de mesa en torneos locales, centroamericanos y panamericanos.



Desea representar  a Guatemala  en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, en tenis de mesa. (Foto Prensa Libre: José Luis Escobar).
Desea representar a Guatemala en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, en tenis de mesa. (Foto Prensa Libre: José Luis Escobar).


¿Cuáles son sus equipos favoritos?

Me gustan muchos deportes y los veo por televisión. Si estoy frente a la pantalla es porque seguramente estoy viendo un partido. Para mencionar algunas ligas, en béisbol soy fan de los Yankees; en futbol, del Real Madrid; en futbol americano, le voy a los Dolphins y en básquetbol sigo a los Clippers, al cual pertenece uno de los jugadores que más admiro, Blake Griffin.

En la silla de Morfeo es su primer libro. Hábleme de su publicación.

La primera edición es del 2014. La segunda es del año pasado, a cargo de Editorial Planeta. Es una novela basada en mi experiencia y tiene tres objetivos.

El principal es motivar a las personas, hacerles ver que la actitud es algo clave en la vida. Todo fluye y si logramos ser agradecidos y positivos, seremos felices. Demos gracias por lo que tenemos en lugar de lamentarnos por lo que pasó o carecemos.

En el segundo  hablo claro de cómo es vivir y relacionarse teniendo lesión medular para ayudar a otros como yo. Es también una ventana para sus familiares y amigos que les permite comprender qué significa vivir así.  En ese sentido he tenido el gran apoyo de mi familia y amigos, si no fuera por ellos no habría tomado mi accidente tan tranquilo.

Y, el tercero, es entretener. No quería que el libro fuera una crónica aburrida que preocupara a la gente sobre lo que me pasó. Por eso mezclé sueños con realidad, esa es la razón de Morfeo. El lector quedará intrigado sobre lo que relata el protagonista de manera entretenida.

¿Cómo surgió el proyecto?

Fue a partir de un mensaje que publiqué en Facebook después de una jornada de terapia que tuve en Miami. Ahí compartí con otras personas que tenían lesión medular y con amputados. Aprendí mucho. Como eran muchos los conocidos que preguntaban por mí, opté por publicar algunas palabras en esa red social. Usé un programa de reconocimiento de voz porque aún no tenía la movilidad que ahora tengo en mis brazos. A la gente le gustó la forma en que redacté y hubo quienes sugirieron que debía escribir un libro.  Reconozco que soy alguien que no leía mucho, ni me pasó por la mente ser escritor pero me sentí motivado y la primera edición la logré con la ayuda de varios amigos.

Fue algo inesperado, pero plausible.

Uno nunca sabe con certeza por qué suceden las cosas. En la vida todo pasa por una razón, todo tiene su propósito. El accidente pudo cerrar una puerta pero me abrió muchas ventanas. No solo publiqué un libro y soy motivador, también encontré al amor de mi vida en las sesiones de fisioterapia. Me casé en noviembre del año pasado.

¿En qué momento surgieron las charlas?

Llegaron después del libro. Es algo que me parece increíble estar haciendo porque era de los que huía hablar en público, desde el colegio lo detestaba. No era tímido, sencillamente prefería escribir un reporte de muchas páginas que prepararme para hablar delante de la clase. El libro llevó a las pláticas  y la energía que recibo de la audiencia es algo que me inyecta vida, es mi gasolina. No hay palabras para describir la sobredosis que transmiten con sus buenas vibras y cuando se acercan para agradecerme por algo de utilidad que hallaron en la publicación o cuando lo hacen en la página en Facebook que tiene el libro. Es muy reconfortante leer también los mensajes que llegan por medio de mi página web.

Eso forma parte de la visión que proyecta con la frase “teikirizi & pa’lante”.

Sí, la primera es una palabra que castellaniza la frase en inglés take it easy (tómelo con calma). Como sentía que hablar de buenas vibras era insuficiente agregué el resto, una conjunción de “para adelante”, que refuerza la intención de un cambio de actitud.  Antes de lo que me ocurrió en la piscina yo ya firmaba la correspondencia de mi correo electrónico con teikirizi. Algunos me decían Mister Teikirizi.

¿Publicará de nuevo?

Debo organizar mejor mi tiempo para dedicar con disciplina algunas horas a escribir un cuento corto para niños y para preparar el material de mi segundo libro. Publicar es otro de mis proyectos inmediatos.

¿Qué música es la que prefiere?

Es difícil encasillar mis gustos en géneros musicales. Son muy variados, algunos hasta se asustan cuando dejo al azar la selección de mi reproductor. Una banda independiente actual en inglés, como los australianos The Cat Empire,  puede sonar en medio de dos éxitos en español de décadas pasadas o de temas de Manu Chao. Soy un músico frustrado, de niño recibí clases de piano y guitarra. Si pudiera tocar un instrumento, sería el saxofón. A la fecha asistir a conciertos es de lo mejor que me puede pasar. El año pasado, entre otros, fui al Corona Sunset Festival en el Puerto San José.  La música me apasiona, tengo unas 14 mil canciones en mi reproductor, todas clasificadas y ordenadas con la portada del disco.

Motivador

  • Desea representar  a Guatemala  en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, en tenis de mesa.
  • Creó las ilustraciones de En la silla de Morfeo, su primer libro.  Escribirá un cuento corto y una segunda publicación.
  • Estudió Publicidad y Mercadotecnia en el estado de Colorado, Estados Unidos, y trabajó por tres años en diferentes agencias en Guatemala.
  • Es motivador, habla a diferente público sobre la experiencia que le marcó la vida.