Revista D

Annie Padilla de Vettorazzi colabora en actividades de proyección social

Una guatemalteca, sin buscar nada a cambio, ayuda cada vez que puede a la gente de escasos recursos.

Por Roberto Villalobos Viato

Annie de Vettorazzi comparte con una familia de escasos recursos.
Annie de Vettorazzi comparte con una familia de escasos recursos.

En la Navidad del 2015, Annie Padilla de Vettorazzi decidió llevar una exquisita cena a los Ramírez Vásquez, una familia de escasos recursos que vive en la colonia Villalobos 2, zona 12,  Villa Nueva.

Esa  ocasión marcó un antes y un después en su vida. “Me tocó el corazón cuando, al momento de la oración por los alimentos, la familia agradeció a Dios por tener un techo y por estar unidos y con salud”, dice de Vettorazzi (Ciudad de Guatemala, 30 de enero de 1977). “Me impresionó lo agradecidos que están con la vida”, agrega.

Indica que, muchas veces, las personas  están insatisfechas porque no tienen ciertas cosas materiales, cuando lo verdaderamente importante son los elementos intangibles como el amor y la paz.

Pero esta no es la primera ocasión en que de Vettorazzi  efectúa este tipo de actividades, pues desde hace seis años aporta en lo que puede para construir  una mejor sociedad. La primera vez acudió al Hogar Madre Anna Vitiello, en Sumpango, Sacatepéquez, que da cabida a niños con Vih. Ahí fue maestra de inglés, lo cual hizo ad honorem. Hasta ahora, también contribuye para organizarles celebraciones, sobre todo para sus bautizos y primeras comuniones.

Con frecuencia recolecta ropa y alimentos entre sus conocidos, para  entregarlos  a gente que vive en la calle. Recuerda una vez que llegó a preparar 800 sándwiches y suficiente café como para compartirlos con personas que pernoctan en los alrededores de los hospitales públicos.

También ha sido traductora voluntaria de los médicos de la Misión Glen Falls, de Nueva York, que todos los años vienen a Guatemala para efectuar labor social.

¿Por qué hace todo esto? “Mire, así como una vela enciende a otra sin menguar su fulgor, la nobleza engendra nobleza”, responde.

De Vettorazzi asegura que Dios le ha dado el don de atraer a la gente, de ser amiguera y de crear confianza, lo cual aprovecha para hacer el bien. “Tengo que hacer algo con este regalo que se me ha dado”, dice. “Debemos ser bondadosos, caritativos, compasivos e irradiar amor. No hay que ser egoístas; si se nos ha bendecido con trabajo, casa y otras cosas, no es para alimentar nuestros egos, sino para que ayudemos a quien lo necesita”, refiere. “La felicidad y la bondad no disminuyen al compartirlas”.

Hoy, ha reunido a un grupo de amigos con los que planea reconstruirle la casa a los Ramírez Vásquez. 

Este es el primer paso en un objetivo  que se acaban de plantear: cada año, encontrar a alguien con una gran necesidad y entre todos solventarla. “La invitación es a que todos aprendamos a ser agradecidos con lo que tenemos pero, sobre todo, a ser bondadosos con los demás”, afirma.