Revista D

Compatriota nominado al Premio de Ingeniería Wimanska 2016

La tesis de Ángel García Barillas fue nominada a un prestigioso galardón, en Suecia. 

Por Roberto Villalobos Viato

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El guatemalteco estudia una maestría en Administración de Calidad y Operaciones en la Universidad de Chambers, Suecia. Foto Prensa Libre: Cortesía de Ángel García Barillas.
El guatemalteco estudia una maestría en Administración de Calidad y Operaciones en la Universidad de Chambers, Suecia. Foto Prensa Libre: Cortesía de Ángel García Barillas.

Los guatemaltecos solemos olvidar el maravilloso país que tenemos, con una gran variedad de climas, una gastronomía deliciosa, una cultura milenaria y sitios turísticos increíbles como Antigua Guatemala, el Lago de Atitlán, las verdes Verapaces, el colorido de occidente o las ruinas mayas.

Ángel Abraham García Barillas nació en esta tierra y, en el 2010, se mudó con su familia a Falköping, una pequeña ciudad enclavada en el centro de Suecia, una nación envidiada mundialmente por su excelente calidad de vida.

Las diferencias con Guatemala son abismales, sin duda. Sin embargo, el chapín extraña su tierra. “Quiero regresar para contribuir a solucionar los problemas que tenemos”, expresa.

García Barillas, de 36 años, obtuvo el título de Economía Industrial e Ingeniería de Negocios Internacionales en la Universidad de Boras.

Con el australiano Troy Read redactaron la tesis Alejándose de la mentalidad de “fabricar para almacenar”-Construyendo las bases para el sistema de “justo a tiempo”, la cual fue nominada al Premio de Ingeniería Wimanska 2016, que se otorga a los mejores trabajos académicos de ese ramo entre todas las universidades suecas. El ganador será anunciado el 15 de noviembre, en Estocolmo.

En esta entrevista, sostenida vía Skype, García Barillas cuenta curiosidades de la cultura sueca, su vida en el país escandinavo y de lo mucho que echa de menos a su tierra natal, Guatemala.

¿Cómo terminó en Suecia?

Fue porque mi esposa, nacida en San Diego, California, tiene ascendencia sueca. La conocí cuando sus papás trabajaban en Guatemala. Nos enamoramos, nos casamos y tuvimos a nuestro primer hijo. Cierta vez, ella viajó a Suecia para asistir a una boda y fue entonces que surgió la idea de mudarnos, lo cual concretamos en el 2010.

¿Cómo es su vida en aquellas tierras tan frías?

Al principio es chocante. Primero, el idioma, que es bastante difícil aprenderlo. Luego, que los suecos son “fríos”, pues no se saludan con las manos y parece como si evitaran estar con uno. Pero aclaro que simplemente son así; no me lo tomé personal. Para rematar, la temperatura es bajísima. Cuando nos mudamos era primavera y estaba a 5°C.

Ni imaginar el invierno…

El primero que pasé en Suecia fue el más duro en 50 o 60 años, pues la temperatura descendió hasta los -20°C y hubo montañas de nieve de hasta un metro y medio. En esa temporada también tuve un choque emocional ya que, a pesar de que hay luz natural cinco horas al día, durante casi seis meses no es posible ver el Sol. Aunque no lo crea, eso deprime mucho. De hecho, un día mi hijo de tres años me dijo: “Papi, extraño el Sol, ¿dónde está? ¿En Guatemala?”. Me empecé a reír, pero lo entendí; yo también lo echaba de menos.

¿En qué parte de Suecia vive?

En Falköping, en el centro del país. Es una ciudad pequeña, de unos 30 mil habitantes. Pese a que es común que los suecos dominen tres idiomas, no es así en este lugar, pues muchos son de la tercera edad y solo hablan sueco.

Así que no le quedó más remedio que aprenderlo.

(Ríe). Exacto. Tomé un curso intensivo. Recuerdo que en clase había gente de Tailandia, Rusia y Somalia. A los tres meses dominábamos lo básico. Me ayudó bastante saber un poco de alemán, porque algunas palabras son parecidas.

Aparte de eso, me resultó curioso que muchos jóvenes están optando por aprender español como tercer idioma.

Mientras tanto, ¿qué hizo para trabajar?

Mi primer trabajo fue limpiando nieve en el atrio de una iglesia, pues eso no requería hablar, así que solo iba con una pala, hacía el camino de la entrada y despejaba las gradas y la banqueta. Luego fui ensamblador de muebles. Después, durante el verano, estuve en el área de camping de un parque de diversiones que se llama Skara Sommarland. Hoy trabajo para una empresa que brinda asistencia a personas de la tercera edad.

¿Qué tipo de servicios?

Mire, las municipalidades de Suecia tienen la obligación de tratar las necesidades de los ancianos, pero como la población de ese sector es alta, las comunas no se dan abasto. Entonces hay empresas que trabajan con esas instituciones para ofrecer esos servicios. En mi caso, llego a los apartamentos de esas personas, les doy su medicina, los acompaño al hospital si lo necesitan, los llevo a la ciudad para que se distraigan, conversamos y disfrutamos la fika.

¿Qué es eso?

Es una refacción y es una tradición. Aquí se desayuna, se toma la fika, se almuerza, luego otra fika y luego se cena. Para ese momento, las empresas se detienen entre 20 y 30 minutos y todos los compañeros nos reunimos para beber café y comer un sándwich, por ejemplo. Eso sí, es prohibido hablar de trabajo.

Me mencionó que en Suecia la tasa poblacional de ancianos alta, al contrario de Guatemala, donde es baja y, en cambio, los niños y jóvenes conforman el grueso estadístico.

Así es. De hecho, el Gobierno de aquí incentiva a las parejas a tener hijos y les brinda soporte económico cuando los tienen. Aquí muchos planifican su descendencia hasta que tienen casi 40 años. Como dato curioso, le cuento que con mi esposa vinimos acá con un hijo y al poco tiempo tuvimos al otro cuando ambos teníamos menos de 35, y la gente no lo comprendía, pues, en su concepción, éramos muy jóvenes.

Cuénteme de su vida como universitario.

En la Universidad de Boras obtuve el título de Economía Industrial e Ingeniería de Negocios Internacionales. Ahí, junto con el australiano Troy Read, redactamos la tesis Alejándose de la mentalidad de “fabricar para almacenar”-Construyendo las bases para el sistema de “justo a tiempo”, la cual trabajamos para la compañía Volvo Powertrain Skövde, donde, por ejemplo, se fabrican motores para barcos y camiones. Ahí encontramos la solución a un problema que tenían en la cadena de producción. No puedo profundizar en el proyecto pues firmé un convenio de confidencialidad.

Tengo entendido que su tesis fue nominada para ganar el Premio de Ingeniería Wimanska 2016.

Sí. Este lo otorga la Asociación de Ingeniería de Suecia y se toman en cuenta las 10 mejores tesis de todas las universidades de este país. Nuestro proyecto está entre ellas. El anuncio del ganador se dará a conocer el 15 de noviembre en Estocolmo.

Ahora estudia una maestría.

Exacto. Se llama Administración de Calidad y Operaciones y se imparte en la Universidad de Chalmers, que es una de las más prestigiosas. Para ello debo viajar en tren todos los días una hora y media por trayecto, hasta Gotemburgo. Hay un curso curioso que se llama Modularizaciones, el cual se imparte con legos.

¿De qué trata?

Se evalúa cómo la marca Lego hizo crecer su negocio a base de modularizaciones, es decir, tener algo estándar y luego añadir elementos para formar algo. Esto es un boom en Suecia, sobre todo en compañías automovilísticas que quieren tener un mismo chasís y después, con módulos, fabricar distintos tipos de carros. Es como jugar con legos.

¿Sus conocimientos son aplicables en Guatemala?

Por supuesto. De hecho, tengo planes de regresar para contribuir a mejorar nuestro país.

¿Qué es lo que extraña, aparte del sol?

(Ríe). Mire, hay alguna posibilidad de trabajar simultáneamente en Suecia y China para la compañía Volvo, pero a la vez echo de menos nuestro clima tan bonito, a la gente tan amigable y cariñosa y, claro, nuestra gastronomía. Hace falta estar lejos para darse cuenta de lo que uno tiene. Aquí, ni las frutas tienen el mismo sabor. Por eso, cada vez que veo en un supermercado que hay productos guatemaltecos, los compro.

¿Cree que le costará adaptarse de nuevo a nuestro país?

Quizás lo más difícil sea acostumbrarse al problema de inseguridad que persiste, por lo que habría que tener un plan para cuidar a mis hijos, quienes aquí, en Suecia, gozan de bastante libertad.

¿Qué piensan los suecos de Guatemala?

He llevado de vacaciones a algunos amigos y han quedado fascinados con Petén, Izabal, Antigua y las playas del Pacífico. Creo que al guatemalteco le hace falta apreciar lo que tiene, pues hay de todo.

PERFIL

- Ángel Abraham García Barillas nació en la Ciudad de Guatemala el 23 de julio de 1980. Hoy reside en Falköping, Suecia.

- Habla español, inglés y sueco, y tiene conocimientos de alemán.

- Se graduó en Economía Industrial e Ingeniería de Negocios Internacionales por la Universidad de Boras (Suecia).

- García Barillas y Troy Read redactaron la tesis Moving away from a “make to stock” mentality-Building the foundations for “just in time” (Alejándose de la mentalidad de “fabricar para almacenar”-Construyendo las bases para el sistema de “justo a tiempo”), que trabajaron para la compañía Volvo Powertrain Skövde.

- Su tesis fue nominada para el Premio de Ingeniería Wimanska 2016, cuyo ganador será anunciado el 15 de noviembre en Estocolmo.

- Estudia una maestría en Administración de Calidad y Operaciones en la Universidad de Chalmers, en Gotemburgo.