Revista D

El simbolismo del puro y el alcohol en los ritos de sanación

Aún se emplea tabaco y alcohol en los ritos de sanación de ciertos pueblos indígenas, pero el eje de la curación gira en torno a la fe.

Por Roberto Villalobos Viato

El humo del tabaco sirve ambienta los rituales de sanación de ciertas comunidades indígenas. Foto Prensa Libre: Álvaro Interiano.
El humo del tabaco sirve ambienta los rituales de sanación de ciertas comunidades indígenas. Foto Prensa Libre: Álvaro Interiano.


En una pequeña habitación en Samayac, Suchitepéquez, un chamán hace una oración que prácticamente no se escucha. El lugar está bien iluminado y ventilado. En las paredes y en el piso hay candelas de diferentes colores. También está la imagen de Cristo Crucificado y, a su lado, un cartel de la Virgen María. Junto a ellos posan San Simón, la Santa Muerte, San Pascual y Diego Duende, a quienes se les ha servido cerveza y alcohol como ofrenda y agradecimiento por los favores concedidos o por los que vendrán.

En aquel cuarto se ejecuta un ritual de sanación para una señora que dice sentirse mal.

La paciente, situada en medio de flores y puros, está hincada y con los brazos extendidos. El curandero le pasa un huevo de gallina por la cabeza, la espalda y el pecho, ya que de esa manera, según sus creencias, queda atrapada la energía negativa.

Mientras siguen las oraciones, la mujer pide perdón por las cosas malas que ha hecho.

Luego se quema incienso y el chamán se fuma el tabaco —la cantidad varía según la petición—. Los puros, a su vez, los pasa arriba abajo sobre la enferma. “El humo tiene un significado purificador; este ambiente de penumbra predispone a la gente y, por eso, crea un efecto de sanación; como un placebo”, dice Byron Fernando García Astorga, experto en medicina tradicional e investigador del Centro de Estudios Folklóricos de la Universidad de San Carlos. “Además, hay quienes dicen tener la capacidad de leer los puros; de esa forma pueden saber si la dolencia es por causa natural o por una envidia”, añade.

Al menos entre las creencias populares de Samayac, “las enfermedades son castigos que deben ser recibidos para aprender lecciones como la humildad”, comenta el espiritista Joaquín Rodas.

En aquella localidad, la gente cree en tres tipos de dolencias. “Las ‘enviadas’ son las que manda un ser superior en respuesta a conductas erráticas. Si usted es mal vecino o amigo, o bien, si ha robado, entonces su salud se verá afectada”, ejemplifica García Astorga. “También se piensa que alguien, mediante un ‘trabajito’ de un hechicero, puede enviar alguna afección”, agrega.

En una segunda categoría están las ‘puestas’. “Supongamos que fallece un vecino con el cual usted se llevaba mal. Se cree que el espíritu de este puede estar a su lado, dañándolo debido a su mala relación en vida”, expone el experto. “Dicen que estos pueden darle síntomas como debilidad, cansancio, depresión, vómitos, poco apetito, dolores de estómago o piernas o, simplemente, que todo le salga mal en la vida”.

En estos casos se acude con un médium, quien, a través de la imposición de manos, hará rezos y dará un diagnóstico, muchas veces infiriendo que, en efecto, es un ente sobrenatural el que está perjudicando.

Las personas “abusesadas” —así les dicen a quienes están “lastimados por un espíritu”— son liberadas a través de la comunicación psíquica.

El tercer tipo es el denominado embarazo, que es similar a las ‘puestas’, pero en este caso se supone que un ente se mete en el cuerpo de alguien. “Hay casos de personas con cáncer que piensan que tienen un espíritu adentro”, indica García Astorga.

Sigue el rito

Samayac no es el único sitio donde se emplean el tabaco y el alcohol como parte fundamental de las ceremonias de sanación, pero sí es el más significativo. También se efectúan de esa forma en comunidades de Sololá y en Boca del Monte, en Villa Canales. Incluso, hay guatemaltecos residentes en Estados Unidos que, si les es posible, viajan a Suchitepéquez para que un chamán los asista en la curación de un padecimiento. Cuando no pueden, mandan fotografías para que les recen a la distancia.

Una curandera hace un rito con puros y alcohol frente a una cruz negra, en el cementerio de Samayac. Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL.
Una curandera hace un rito con puros y alcohol frente a una cruz negra, en el cementerio de Samayac. Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL.

Estas tradiciones, refiere García Astorga, se mantienen porque son los chamanes quienes históricamente han tratado las enfermedades ante la falta de cobertura médica eficiente por parte del Estado.

Así lo confirma Carolina Pop, de 36 años: “En los hospitales no hay medicinas; a veces uno llega y encuentra cerrados los consultorios. Cuando está abierto, me atienden mal, entonces mejor me voy a Samayac. Ahí, un curandero me cobra Q50 cada vez que voy, que son unas cinco o seis veces al año”.

¿Funciona” “Es cuestión de fe”, aseguran quienes acuden a este tipo de ceremonias. “A mí y a mis hijos nos han curado los puros”, refiere María Reyes. “Le tengo mucha fe a ese señor —el curandero al que visita—, porque nos ha asistido ante San Simón y la Santa Muerte. El humo que me echa me levanta; siento como si me estuviera protegiendo de todo”, comenta.

El chamán continúa con el ritual. Entre aquella humazón, el paciente bebe un trago de aguardiente mezclado con siete montes machacados, entre ellos apacín y chilca. “Esa combinación causa diarrea, pero para ellos significa la purificación del cuerpo”, comenta García Astorga. “A los niños se les da para quitarles las lombrices”, agrega Reyes.

En ocasiones, según la dolencia, se unta alcohol en la frente, brazos y pecho del enfermo, pues se cree que brinda protección y ahuyenta los males.

Estas ceremonias pueden  durar hasta dos horas y se deben efectuar en varias ocasiones, según la enfermedad.

Al final del rito, el chamán menciona: “Yo no pido nada, pero a mí me dicen (los espíritus) que la ofrenda debe ser de Q50”, que bien pueden ser Q100, Q500, Q1 mil, un cerdo, comida o una televisión. “Hay algunos que les han dado terrenos, casas o carros, tal como  en cualquier otra religión”, puntualiza García Astorga.

Historia

El origen del uso del tabaco y el alcohol dentro de los rituales mayas se remonta a la época prehispánica.

El esoterismo juega un papel importante en las ceremonias en las que se pretende curar a un paciente. Foto Prensa Libre: Cortesía de Fernando García Astorga.
El esoterismo juega un papel importante en las ceremonias en las que se pretende curar a un paciente. Foto Prensa Libre: Cortesía de Fernando García Astorga.

La antropóloga Gabriel Marianne indica que hay registros sobre el uso del alcohol en las ceremonias de sanación entre los antiguos mayas yucatecos. “Dichas actividades pudieron migrar hacia el actual territorio de Guatemala y servir de base para las tradiciones populares que hoy se conocen”, refiere en un estudio. “Empleaban la soka’ —a base de maíz— y el balche’, que era un vino. Ambas bebidas se ofrecían en los rituales de sacrificio y, además, se les confería el poder para alejar a los enemigos”, agrega.

En tanto, los tzotziles y tzeltales utilizaban el posh, que es un aguardiente que aún se fabrica en San Cristóbal Las Casas, Chiapas —de hecho, en tzotzil significa medicina—. “Era empleado en la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades. Los chamanes con frecuencia vertían esa bebida sobre sus pacientes”, describe el antropólogo Stephen Lewis.

Hoy, en Samayac y otros sitios del país, se emplea cerveza y licores comerciales, pero el simbolismo permanece.

Simbolismo

El tabaco y el alcohol están presentes en las ceremonias de sanación de ciertas comunidades indígenas guatemaltecas, en particular de Samayac, Suchitepéquez. Según su cosmovisión, si se emplean en combinación de otros elementos dan diversos resultados.

Puro. Actúa como  ambientador en el ritual. Su inhalación  permite una concepción más íntima entre el paciente que solicita un favor y las imágenes tradicionales populares (San Simón o la Santa Muerte, por ejemplo). Se dice también que este elemento ventila los problemas y brinda protección y salud.

Puro y lana. La combinación de estos dos objetos significa la unión de una pareja. Por ejemplo, si alguien le fuma un puro a otra persona, es para que esta regrese o no se vaya. “Se cree que el humo entorpece la visión del otro y, de esa forma, previene que dirija la mirada hacia alguien más”, explica García Astorga.

Puro y alcohol. Estos dos elementos protegen contra los ataques de los enemigos. Asimismo, desintoxica y limpia el aura. Al beber licor también se olvidan los problemas y, con la ayuda de las oraciones, se expulsan los males.

Puro, alcohol y siete montes. Se emplea en los rituales de limpieza física y energética. Para los curanderos, con estos elementos se crea una potente fórmula para luchar contra los males.

Alcohol y veladoras. Las velas de colores representan bienestar, salud, protección, salud y dinero. El alcohol se usa para agradar a las imágenes a las que se les solicita un favor. Ambos elementos actúan contra cualquier enfermedad, maleficios o enemigos.

Incienso, veladoras, puro y alcohol. Se usan para pedir protección, dinero y salud. El puro, en este caso, se emplea para agradecerle a San Pascualito por una sanación. Se cree que a este personaje, así como a Diego Duende, también les agrada el aroma del incienso.