Revista D

Empresario del café y filántropo

Pablo Castañeda, a través del programa CoffeeMed, brinda atención médica gratuita a decenas de personas.

Por Roberto Villalobos Viato

Pablo Castañeda, exportador de café guatemalteco y filántropo. Foto Prensa Libre: Carlos Hernández Ovalle.
Pablo Castañeda, exportador de café guatemalteco y filántropo. Foto Prensa Libre: Carlos Hernández Ovalle.

El café es inspirador. Trae a la mente imágenes como la casa de la abuelita o la refacción romántica con la enamorada. También puede referir a un bosque lleno de tranquilidad o un atardecer de Antigua Guatemala visto desde una ventana.

Eso se piensa, claro, cuando esa bebida es de calidad. “He probado algunos que saben a gallina mojada”, dice el empresario guatemalteco Pablo Castañeda, entre risas.

Castañeda es un experimentado catador de ese grano y propietario de Kafés de Guatemala, firma que distribuye ese producto en unos 60 puntos de Estados Unidos.

Asimismo, a través del programa CoffeeMed —del cual es cofundador— ha brindado atención médica gratuita a más de mil 500 personas de las zonas cafetaleras con las que tiene alianza. “Mi misión en la vida es ayudar a los demás”, afirma.

¿Por qué ingresó al mundo del café?

Al vivir en Guatemala, estamos expuestos a esa cultura. Además, mi familia se ha dedicado a exportar el grano, así que ha sido parte de mi vida. Recuerdo que desde que estudiaba en el colegio soñaba con tener mi propia marca.

Lo logró.

Sí, pero luego de pasar muchas penas.

¿Por qué?

Cuando recién empezó este siglo me fui a Estados Unidos para involucrarme y conocer más sobre el café, así que me volví catador. Allá me propuse crear mi marca, pero para inscribirla en la Cámara de Comercio (en Marietta, Ohio) necesitaba US$300, dinero que no tenía.

¿Qué hizo?

Tenía la regla de los US$10, que era la cantidad que me servía para vivir cada día. Iba a los supermercados y me compraba un submarino (un pan grande) que costaba US$5.48 y lo partía en tres: desayuno, almuerzo y cena. El resto lo usaba para alguna cosa más y para ahorrarlo. Así estuve por un año, más o menos, hasta que conseguí acumular los dichosos US$300 para registrar Kafés de Guatemala, en el 2006.

Pablo Castañeda, exportador de café guatemalteco y filántropo. Foto Prensa Libre: Carlos Hernández Ovalle.
Pablo Castañeda, exportador de café guatemalteco y filántropo. Foto Prensa Libre: Carlos Hernández Ovalle.


¿Le fue suficiente con esa cantidad?

¡Sí! Cuando imparto conferencias le pregunto a la gente: “¿Ustedes por qué no han abierto su empresa?”, y lo primero que contestan es que no tienen dinero. Pero, según mi experiencia, un negocio no se trata de dinero, sino de concepto. Nosotros, claro, vendemos café, pero nos regimos de una serie de valores en la que ofrecemos humanidad y ganas de servirle al prójimo. Asimismo, la gente se debe enfocar en las cosas positivas que tiene, no en las barreras. Debemos aprender a ser expertos en ver lo bueno; así se puede salir adelante.

¿Se dedica al cultivo?

Trabajamos con varios cafetaleros guatemaltecos; nosotros distribuimos el producto en 60 puntos de Estados Unidos.

¿De dónde son esas fincas?

Compramos de Cobán (Alta Verapaz) y Huehuetenango, pero la mayor parte es de Jocotenango, Sacatepéquez.

¿Qué características tiene el café de Jocotenango?

El que trabajamos se cultiva a dos mil 800 pies de altura (853 msnm), donde se consigue un grano de calidad en el que se sienten las notas de cocoa y chocolate. Además, tiene un cuerpo bastante fuerte. Por ejemplo, habría que tomarse tres tazas de café de Cobán para que el paladar sienta lo mismo a que si bebiera una taza de Jocotenango. Por supuesto, eso no quiere decir que el grano cobanero no sea de calidad, sino que tiene otras características. En ese caso, tiene notas de cereza, cedro y musgo, lo cual es delicioso.

¿Cualquier persona es capaz de sentir esas diferencias?

Sí, pero un catador debe entrenarse; no solo es para evaluar calidad, sino para crear. Por ejemplo, he trabajado con chefs que me piden conseguir el café más adecuado para el menú que van a servir.

¿Un catador debe tener características especiales?

Más que eso, debe evitar el cigarro, el alcohol o el picante. Asimismo, previo a catar, no debe consumir alimentos fríos, como los helados.

¿El café de Guatemala es el mejor del mundo?

Es uno de los mejores, sin duda.

¿Cree que los guatemaltecos se fijan en la calidad del café que consumen?

Cada vez le prestan más atención, quizás desde hace unos seis años para acá. De hecho, se está volviendo una bebida de estatus, pues a veces uno se encuentra con un café que vale Q30 o Q35 la taza.

¿En Estados Unidos sucede lo mismo?

Allá, el consumidor es exigente, y más aún  los mercados de Japón y de los países escandinavos. Por eso, nosotros nos estamos enfocando en los microlotes, que tienen producciones reducidas, pero especializadas y que, además, brindan un buen trato a los agricultores.

¿Haría negocios con cafetaleros que no brindan un trato humano a su gente?

No. Para mí, ese filtro es importantísimo. Aclaro que no me peleo con ese tipo de finqueros, sencillamente no concretamos negocios.

¿Cree que ese sentido humano debería ser parte de la cultura empresarial?

Por supuesto. Aquí en Guatemala, si a una firma llega de visita un alto ejecutivo extranjero, es capaz de tirar la casa por la ventana. Pero si se aparece Chepito, el que barre o limpia los carros, hasta sueltan frases despectivas. Eso no debería pasar.

¿Cómo surgió su sentido humano?

En 1996 me convocaron a un barco-hospital en Puerto Barrios, Izabal, donde ejercí de traductor. Ahí estuve cinco años y conocí “la otra Guatemala”.

¿Qué le impactó?

Mire, fui un chavo caquero, como dicen, pero en aquella embarcación mi mundo cambió, pues interactué con gente muy pobre que, de verdad, necesitaba esa atención médica gratuita. Ahí  vi la realidad que nunca había vivido o de la que no era consciente que existía. Muchos llegaban luego de caminar dos o tres días, como una abuelita que iba descalza y con los pies enlodados. Luego, hasta trató de pagarnos con dos huevos de gallina. Situaciones como esas me pusieron con el nudo en la garganta y me pregunté cuál era mi misión en esta vida.

¿Qué decidió hacer?

Cada vez que tenía la oportunidad, ayudaba a la gente que estaba en mi entorno. Por ejemplo, a una señora diabética de la finca le mandaba dinero para que se comprara medicina. En otras ocasiones, ofrecía pagarle la consulta médica a otra persona… y así. Fue entonces que, con un socio en Estados Unidos, creamos el programa CoffeeMed, que procura que los trabajadores de café tengan acceso y asistencia médica gratuita. Hasta ahora se han atendido a más de mil 500 personas, sobre todo de Jocotenango, Ciudad Vieja, San Felipe y Antigua Guatemala.

¿Quiénes apoyan?

Los departamentos de Medicina de las Universidades de Belmont, en Nashville, y de Liberty, en Virginia. Asimismo, nos han apoyado médicos guatemaltecos.

¿Cómo se financia?

¡Uf! ¡Lo que tengo que hacer es vender un montón de café! (ríe). Mi empresa destina cierto porcentaje al programa CoffeeMed.

¿Qué siente al ver sonreír a todas esas personas a las que ayuda?

¡Ah! Ahí entiendo para qué fui creado.

Perfil

- Pablo Castañeda Rodríguez nació en la Ciudad de Guatemala el 30 de enero de 1975.

- Estudió una licenciatura en Administración de Empresas y Negocios Internacionales.

- Es catador de café.

- Fundó la marca Kafés de Guatemala en el 2006. Hoy distribuye más de 10 variedades de café guatemalteco en 60 puntos de Estados Unidos.

- Es cofundador de CoffeeMed, que procura que los trabajadores de café tengan acceso y asistencia médica gratuita. Este programa cuenta con el apoyo de los departamentos de Medicina de  universidades estadounidenses. Desde hace unos cinco años ha atendido a más de mil 500 personas.

- Este año planea conseguir que grandes firmas de EE. UU. impartan conferencias de tecnología a niños guatemaltecos que viven dentro de las áreas cafetaleras. Su objetivo es que los jóvenes se den cuenta de que se puede salir adelante.

- Escribió el libro biográfico Latin Lover, do we really exist?

- Correo electrónico: pablo@kafesguatemala.com



Pablo Castañeda, exportador de café guatemalteco y filántropo. Foto Prensa Libre: Carlos Hernández Ovalle.
Pablo Castañeda, exportador de café guatemalteco y filántropo. Foto Prensa Libre: Carlos Hernández Ovalle.