Revista D

Jóvenes hacen votos de pobreza para encontrar riqueza espiritual

Misioneros se forman para optar a la vida religiosa o sacerdotal

Por Roberto Villalobos Viato

Los muchachos se preparan para llevar una vida religiosa, lo que conlleva a ayudar al prójimo. Foto Prensa Libre: Roberto Villalobos Viato.
Los muchachos se preparan para llevar una vida religiosa, lo que conlleva a ayudar al prójimo. Foto Prensa Libre: Roberto Villalobos Viato.

La Madre Teresa de Calcuta decía que “los pobres son la esperanza del mundo, porque brindan la oportunidad de amar a Dios a través de ellos”.

Precisamente eso es lo que  practican  los hermanos de la Fraternidad de la Divina Providencia, una institución fundada por el padre Ray Schambach, de la arquidiócesis de Bogotá, y que está presente en Colombia, Perú, Bolivia, España y Guatemala.

En nuestro país tiene 16 años de funcionar y está situada en la 2 ave. “A” 3-55, zona 1 capitalina.

La congregación, además de efectuar acciones de índole social, actualmente prepara  a 12 jóvenes para la vida misionera.

“El primer paso es que decidan si quieren enfocarse en la vida religiosa o en la sacerdotal”, expresa fray Tulio Solares. La diferencia es que la primera es una labor asistencial encaminada a ayudar a ancianos, indigentes o niños abandonados. “Es estar cerca del pobre”, agrega.

La segunda, en cambio, incluye dedicarse a la administración de los sacramentos y estar a cargo de las pastorales de determinada parroquia.

Religiosidad

Varios jóvenes que han llegado a la congregación son de escasos recursos, en muchos casos provenientes de Quiché y Alta Verapaz. “Hay quienes han estado en malos pasos, pero, por diferentes motivos, se acercan a las pastorales juveniles y ahí descubren que hay otra vida, una de bien, y es así como se unen a nosotros”, comenta el fraile.

De momento hay nueve varones y tres mujeres, y todos han decidido desprenderse de las cosas materiales. Ser pobres para conocer su realidad, tal como lo hizo Jesús. “Queremos saber el sufrimiento y penas que pasan, solidarizarnos con ellos; ser parte de su familia”, dice Kenny Monroy, de 19 años, quien ha decidido tomar la vía del sacerdocio, la cual le tomará de ocho a 15 años.

Óscar Paau, de 22, también se ha trazado la meta de ser sacerdote. “Lo primero es hacer obra social; es aquí donde empieza el discernimiento de lo que uno quiere, pero se va poco a poco, sin correr, porque es una decisión seria”, expresa. “Solo Dios lo puede elegir a uno, y hay que estar preparado para escuchar el llamado”, agrega.

Para Édgar Eliseo, el proceso que llevan ahora resulta vital para el sacerdocio. “Hay que estar entre los más necesitados, con los pobres y los enfermos, ponerse en su lugar, comprenderlos y ayudarlos; eso es lo que nos enseña San Francisco”, expone.

De hecho, el voto de la pobreza resalta entre sus preceptos. La congregación vive de donaciones y de la caridad. Hay empresas que entregan jabón o pasta dental. La institución Cáritas brinda los granos básicos. Gente de buen corazón les lleva ropa para que ellos puedan vender y para que, con el dinero obtenido, puedan seguir con su labor social. Los mismos misioneros van a los mercados a recolectar comida y enseres que los locatarios les  regalan.

Es duro, pero al final el esfuerzo vale la pena, ya que con todo ello pueden auxiliar a mucha gente que lo necesita. Ellos, aún pobres materialmente, adquieren una gran riqueza espiritual que les permitirá servir mejor a la comunidad.