Revista D

La dieta de la sociedad maya preshipánica

Hallazgos de huesos y dientes de animales reflejarían los hábitos alimenticios de los ocupantes precolombinos de Mesoamérica.

Por José Luis Escobar

El venado fue el animal de caza por excelencia para las sociedades mayas de la antigüedad. (Foto Nicholas Hellmuth / Museo Popol Vuh UFM)
El venado fue el animal de caza por excelencia para las sociedades mayas de la antigüedad. (Foto Nicholas Hellmuth / Museo Popol Vuh UFM)

Astronomía, Matemáticas, Arquitectura, escritura y  arte. Son muchos los avances de la antigua civilización maya que siguen asombrando. Los  investigadores no cesan en su interés por conocer más sobre las antiguas sociedades de Mesoamérica.

Desde la Zooarqueología brindan detalles de algo tan cotidiano como sus hábitos alimenticios. Esta especialidad de la Arqueología estudia los restos de la fauna y de su entorno. En la mayoría de trabajos de campo los peritos han encontrado enterrados cúmulos con fragmentos de recipientes de uso diario o ceremonial y, entre ellos, también varias fracciones de huesos. A  partir de estos se puede deducir qué tipo de animales eran habituales en la cocina prehispánica, pues aunque fundamental en su dieta, el maíz no fue la única fuente de alimento.



Huesos de venado  hallados en Chichén Itzá. (Foto: David Herrera).
Huesos de venado hallados en Chichén Itzá. (Foto: David Herrera).


Basureros

¿Pero qué se sabe de algo tan cotidiano como los hábitos alimenticios? Esos cúmulos con piezas de cuencos, tiestos y huesos aportan información enterrada incluso dos mil años atrás. La tierra y el tiempo han preservado algo tan simple como hoy lo  constituye el acto de tomar las sobras de cada comida y ponerlas en el bote de basura de la cocina. Algo similar ocurre con los depósitos que los zooarqueólogos usan para sus investigaciones, son “basureros”, pero ellos los ven como “minas de oro”, donde fueron a parar parte de los alimentos que no se sirvieron.

Christopher Markuz Götz (1975-2016), antropólogo alemán que radicó en Yucatán, México, impartió en el 2013, un taller de Zooarqueología en la Universidad Autónoma de Yucatán, titulado La alimentación de los mayas prehispánicos vista desde la Zoorarqueología.

Götz, al hablar sobre los “basureros”, dijo que en el área maya  estos consistían “en acumulaciones de tiestos, fragmentos líticos, tierra y restos de animales que se encontraban asociados a estructuras arquitectónicas, o bien, constituyeron, incluso, sus fundamentos. Se presume que estos sitios, cuando se hallan cerca de estructuras de uso doméstico contienen,  primordialmente, desechos de material de las actividades cotidianas”.

Pero un basurero, añade, “puede igualmente contener residuos de la elaboración de artefactos, así como reminiscencias de algún ritual que no requiera el depósito ordenado e irreversible de los especímenes, mientras que, por otro lado, no todas las acumulaciones de restos de animales tienen que relacionarse con actividades domésticas”, indica Götz.



Cuenco con una escena de cazadores y venados. (Foto: FAMSI / Justin Kerr).
Cuenco con una escena de cazadores y venados. (Foto: FAMSI / Justin Kerr).


Nuevos intereses

En su taller, Götz se limitó a los hallazgos de huesos y dientes de animales, pero la Zooarqueología también se ocupa de productos derivados, por ejemplo, huevos o astas, usados como materia prima en otros productos. Así como de la domesticación de ejemplares, su uso en las faenas del campo, en fin,  la relación de los animales con la sociedad, sin dejar de lado la influencia que tuvieron en el entorno religioso o simbólico.

El estudio de la Zooarqueología mesoamericana, dice la doctora Kitty F. Emery “ya no está limitado al análisis de dietas, o a la producción de listas de especies que complementen a las listas de identificación de cerámica o de lítica”. Emery es curadora asociada del Museo de Historia Natural de la Universidad de Florida.

“Nuestros intereses han sido ensanchados para incluir preguntas sobre lo cultural, económico y también sobre los significados ideológicos de especies antiguas. Y como nuestros intereses se han ampliado, nuestro entendimiento de lo complejo de la relación antigua entre humanos y animales en las culturas mesoamericanas ha crecido también. De hecho, ahora estamos ante una base de datos muy grande sobre información de los roles que los animales jugaron en sociedades antiguas”, indica Emery en una de las ponencias presentadas en el 2000 en el Simposio de Investigaciones Arqueológicas de Guatemala.



Uno de los señores presenta una ofrenda de comida a las deidades. (Foto: FAMSI / Justin Kerr).
Uno de los señores presenta una ofrenda de comida a las deidades. (Foto: FAMSI / Justin Kerr).


Élite

Götz se interesó mucho en la Zooarqueología y publicó asiduamente al respecto, en especial acerca de trabajos hechos en las Tierras Bajas del Norte (Yucatán) y Tierras Bajas del Centro (Petén y áreas aledañas de Mesoamérica).  En su taller del 2013 incluyó estudios de algunas ciudades de las Tierras Altas (altiplano guatemalteco). Compiló la información de 24 sitios: Uaymil, Sihó, Xcambó, Dzibilchaltún, Ek Balam, Chichén Itzá, Mayapán, Yaxuná, Champotón, Cuello, Colhá, Calakmul, El Mirador, Nakbé, Uxactún, Tikal, Piedras Negras, Caracol, Ceibal, Aguateca, Zaculeu, Kaminaljuyú, Urías y Copán.

Los hallazgos que estudió pertenecen a los períodos Preclásico y Clásico, aproximadamente del 800 a.C al 1050 d.C, y algunos del Posclásico, alrededor del 1050 y 1500 de nuestra era. Explica en su documento que la mayoría del material arqueofaunístico al que se refiere está “asociado con actividades de la llamada élite maya precolombina, ya que muchas intervenciones arqueológicas se centran en las grandes y llamativas estructuras pétreas. No han sido muy frecuentes hasta la fecha excavaciones en estructuras de otros estratos sociales que no formaron parte de la élite, y por lo tanto han revelado pocos elementos arqueofaunísticos, por lo que existe un menor conocimiento respecto al uso que dichos grupos de la sociedad maya prehispánica hacían de los animales”.

A partir de la evidencia ósea y apoyado con trabajo de otros colegas, el antropólogo alemán encontró que los venados y los perros fueron las principales fuentes cárnicas.



En los maizales se cazaba con frecuencia a los venados. (Foto: FAMSI / Justin Kerr).
En los maizales se cazaba con frecuencia a los venados. (Foto: FAMSI / Justin Kerr).


Venados

El ejemplar de cola blanca “aparenta haber sido una fuente muy importante de alimento”, pues está presente “en todos los sitios tierra adentro del territorio maya y Mesoamérica en general”, indica Götz acerca de este rumiante endémico del continente americano desde el centro-norte de Estados Unidos hasta el norte de Sudamérica. “Se evidencia la abundante presencia de restos de estos cérvidos, mayormente de las partes carnosas del cuerpo, en contextos domésticos, tanto en Petén como en el altiplano y las Tierras Bajas centrales, desde el Preclásico hasta el Clásico terminal”. Los venados, dice, eran relativamente abundantes en todas las regiones, ya que el bosque secundario y las áreas de milpas constituyeron su hábitat preferido, e insinúa que pudo haber existido un manejo en cautiverio. “Fueron apreciados por los estratos gobernantes y por los campesinos y trabajadores de los asentamientos mayas”.

La imagen de portada de esta edición, así como la fotografía principal de esta nota, es  un venado; está tallado en un vaso hallado en la costa Sur de Guatemala que pertenece al periodo Clásico Tardío. La escena representa a un cazador atrapando a uno de estos mamíferos.

“El vínculo entre los hallazgos zooarqueológicos del período Clásico, la divinidad vista en los venados por grupos mayas durante la conquista española en Petén y las representaciones en códices posclásicos de las Tierras Bajas del norte muestran igualmente la amplia distribución del consumo y uso ritual de estos animales”, menciona Götz.

Agrega que las extremidades traseras están “notablemente ausentes en los contextos alimenticios de las residencias de élite”, pues “fueron ofrendadas para los dioses, tal como parece mostrarse en el Códice de Dresde”. La ausencia de estos restos podría responder también a que se usaban para la elaboración de artefactos e incluso a que fueron depositados en los alrededores del Lago de Atitlán por los cazadores, en rituales de petición.



Un can representado en medio de una procesión. (Foto: FAMSI / Justin Kerr).
Un can representado en medio de una procesión. (Foto: FAMSI / Justin Kerr).


Perros

El segundo animal con mayor presencia en el área investigada por Götz fue el perro. “Estuvo distribuido en toda Mesoamérica y desde el período Preclásico se le utilizó para la alimentación y rituales. Su frecuente presencia en basureros también podría indicar que compartió los espacios domésticos con los humanos”.

Götz considera que  hubo una mayor frecuencia de canes en las Tierras Bajas del norte y en la parte central del altiplano, así como en las costas y, sobre todo, en las pequeñas islas. “Fue el único mamífero domesticado en Mesoamérica y morador común asociado a las viviendas humanas con aprovechamiento de desechos y materias primas, posiblemente no pudo mantenerse en áreas de sustento difícil, como en las islas pequeñas, con poco espacio y reducido acceso al agua. Pero en  islas grandes, como en Cozumel, la frecuencia de perros parece haber sido semejante a la de sitios tierra adentro”.

Raúl Valadez Azúa y Bernardo Rodríguez Galicia, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, comentan que a comienzos del siglo XX “todo estudio sobre las culturas precolombinas y alimentación estaba ligado a los textos coloniales que enfatizaban la importancia del recurso animal silvestre”. Tales fuentes, señalan, refuerzan la idea de que los pueblos debían explotar todo animal disponible, “hasta los perros o los insectos, lo que provocaba desdén y rechazo por los europeos o sus seguidores”.

En la publicación,  Uso de la fauna, estudios arqueozoológicos y tendencias alimentarias en culturas prehispánicas del centro de México, detallan que en el conjunto de Teopancaxco, en Teotihuacan, se hallaron lepóridos (conejos y liebres), perros, venados, aves lacustres, guajolotes y peces marinos. “Fueron los animales más involucrados con el consumo, conclusión derivada del hallazgo de marcas de corte o evidencias de cocimiento”.

Especifican que “fueron perros de patas cortas o tlalchichis, los cuales abarcaron un total de 11 individuos cuya temporalidad abarcó los siglos III a V de nuestra era. Los restos aparecieron asociados a entierros, en rellenos y en espacios vinculados con la manufactura o el manejo de animales y/o sus partes. Un individuo presentó marcas de corte, otro huellas de mordidas y siete tenían evidencia de haber sido cocidos”.



Los peces también fueron parte de su dieta. (Foto: FAMSI / Justin Kerr).
Los peces también fueron parte de su dieta. (Foto: FAMSI / Justin Kerr).


Los más comunes

El arqueólogo mexicano David Alejandro Herrera Flores  y el  antropólogo alemán Götz, de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán, publicaron en el 2014 la investigación La alimentación de los antiguos mayas de la península de Yucatán: consideraciones sobre la identidad y la cuisine en la época prehispánica.

En este explican que se pueden concebir tres términos relacionados al consumo alimentario:

El menú, mismo que debe entenderse como la colección básica de alimentos disponibles en una situación ambiental dada, insumos aprovechados específicamente para comer.

La dieta, que corresponde a los materiales que son efectivamente seleccionados del entorno y preparados para el consumo.

Y la cuisine (o cocina), que consiste en el resultado de las diferentes formas en las que dichos materiales son seleccionados, preparados, distribuidos, servidos y consumidos.

En la dieta también hubo otro tipo de alimentos, pero sus restos no se preservaron, es por ello que rara vez se hallan peces lacustres o invertebrados como los moluscos. Además, la arqueobotánica o paleoetnobotánica (disciplina que estudia las estrategias de aprovechamiento de las plantas en el pasado), evidencia que  en varios sitios arqueológicos se cultivó, entro otros alimentos, maíz, yuca, diversas variedades de frijol, chile, calabaza y cacao, “por los primeros grupos mayas desde tiempos del Preclásico medio (900-300 A.C)”, escribe el especialista David Armando Castillo, del Centro de Investigación Científica de Yucatán, en su trabajo Arqueobotánica en el área maya.

Diversidad

Como ofrenda o alimento (exceptuando los casos de los felinos grandes y algunas aves). Los vestigios permiten deducir que las especies de animales vertebrados más conocidas del área maya prehispánica fueron:

  • Venado cola blanca (Odocoileus virginianus)
  • Jaguar (Panthera onca)
  • Manatí (Trichechus manatus)
  • Tapir (Tapirus bairdii)
  • Cascabel (Crotalus durissus)
  • Iguana negra (Ctenosaura similis)
  • Cocodrilo de pantano (Crocodylus moreletti)
  • Cocodrilo de río (Crocodylus acutus)
  • Boa (Boa constrictor)
  • Tortuga caguama (Caretta caretta)
  • Tortuga verde (Chelonia mydas)
  • Tortuga carey (Eretmochelys imbricata)
  • Pavo de monte (Meleagris ocellata)
  • Hocofaisán (Crax rubra)
  • Quetzal (Pharomachrus mocinno)
  • Tucán real (Ramphastos sulfurcatus)