Revista D

La doble moral de Ortega

Si se reelige presidente, para el 2018 Daniel Ortega habrá superado a todos los dictadores que en la historia de Nicaragua se han aferrado al poder.

Por Revista D

La doble moral consiste en decir una cosa y hacer otra opuesta. En palabras más sencillas, es negar con hechos lo que se expresa con palabras. La vida de Daniel Ortega Saavedra (1945), el presidente de Nicaragua, ejemplifica muy bien esta expresión.

Ortega se unió desde muy temprano al movimiento revolucionario para acabar con la dictadura de la dinastía de los Somoza —Anastasio Somoza García gobernó de 1937 a 1947 y luego de 1950 a 1956, hasta cuando fue ultimado por el poeta Rigoberto López.

Le sucedió su hijo Luis Somoza Debayle, quien estuvo en el poder de 1957 a 1963. Cuatro años más tarde, de 1967 a 1972 y de 1974 a 1979, presidió Nicaragua su hermano Anastasio Somoza Debayle—.

Pero según varios analistas y periodistas, entre ellos Kenneth E. Morris en su libro La revolución inconclusa, “el humilde estudiante izquierdista nacido en Chontales, cuyos padres fueron maltratados por los Somoza, es hoy el magnate poderoso, ansioso de fama y riqueza, que cada día se asemeja más a aquellos déspotas”.

En la mayoría de sus biografías se asegura que el hoy dictador empezó su activismo político a los 15 años, concretamente en enero de 1960, cuando ingresó a las filas de la Juventud Patriótica Nicaragüense (JPN), un movimiento civil de oposición al somocismo, que adoptó el ideario de Sandino, el líder guerrillero que luchó hasta obligar a los Estados Unidos a retirar sus tropas de Nicaragua.

En una entrevista concedida al periodista británico David Frost —quien murió en el 2013— Ortega confesó lo siguiente: “La verdad es que era un niño, tendría siete u ocho años cuando escuché por primera vez a mi padre hablar de sus experiencias, él había luchado con Sandino, y oí a mi madre contar sus experiencias cuando había sido detenida por los Somoza, y la experiencia de mi padre cuando también estuvo preso por ellos. Me interesé en política bastante joven”.

Segun Frost, luego de su ingreso a la JPN, y participar en una manifestación para cambiarle el nombre a la avenida Roosevelt, por Sandino, conoció a quienes se convertirían en sus inseparables amigos y con quienes hoy disfruta de las riquezas producto de la corrupción: Jacinto Suárez y Lenin Cerna.

La represión de aquel movimiento no tardó en abatirse, y en el caso de Ortega el castigo consistió en la expulsión de la escuela, lo que lo obligó a marcharse a Managua. En la capital del país consiguió reanudar sus estudios en el Instituto Pedagógico, regido por los Hermanos de La Salle, y más tarde en el colegio público Maestro Gabriel.

En 1962 comenzó la carrera de Derecho en la Universidad Centroamericana (UCA) de Managua, pero al cabo de unos meses, en 1963, abandonó las aulas para dedicarse de lleno a la resistencia política. Así ingresó al clandestino Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), organización fundada en Honduras en julio de 1961 por, entre otros, Tomás Borge Martínez, Silvio Mayorga Delgado y Carlos Fonseca Amador.

La primera actuación destacada de Ortega en el FSLN fue la puesta en circulación del periódico El Estudiante, órgano de prensa del Frente Estudiantil Revolucionario (FER).

Convertido en estrecho colaborador de Fonseca, a quien años después traicionaría, a Ortega le fue encomendado, además, organizar los Comités Cívicos Populares de resistencia a la dictadura, así como una red de comandos armados para llevar a cabo acciones de guerrilla urbana, como sabotajes y robos de bancos para obtener fondos y comprar armas.

En 1965, con apenas 20 años, fue ascendido a comandante y a miembro de la Dirección Nacional del FSLN, donde a partir del año siguiente adquirió el mando sobre el denominado Frente Interno.

En 1967 fue arrestado y encarcelado durante siete años por atracar bancos. De acuerdo con Frost, “la escuela de la cárcel moldeó para mal al futuro presidente de Nicaragua. El encierro, además de obligarlo a leer para matar el tiempo, lo volvió desconfiado, frío, calculador y pragmático. Se convirtió en lector asiduo, sí, pero también en un enfermo mental”, remarca Frost.



Rosario Murillo y Daniel Ortega no faltan a ningún acto organizado por su gobierno.
Rosario Murillo y Daniel Ortega no faltan a ningún acto organizado por su gobierno.


Fue en esa época que se empezó a tejer una relación sentimental con Rosario Murrillo, una amiga de la adolescencia quien también militaba con la guerrilla, y aunque estaba casada, intercambiaba correspondencia amorosa con Ortega. Hoy esta mujer es su brazo derecho, y para muchos, el poder detrás del trono.

Después ser liberado por medio de un intercambio con un rehén, Ortega viajó a Cuba para recibir entrenamiento guerrillero; retornó a Nicaragua para convertirse en el líder del FSLN.

En este ínterin conoció a su primera mujer, la comandante Leticia Herrera, quien había ingresado al FSLN en febrero de 1969, estando como estudiante becada en la Unión Soviética. Ella estuvo casada con el mártir sandinista René Tejada, con quien tuvo un hijo, David, a quien dejó en manos de la madre de Tejada cuando el niño solo tenía tres meses de nacido y no lo volvió a ver hasta más de siete años después, luego del triunfo de la Revolución.

Herrera quedó embarazada de Ortega pero este mantenía un amorío con Murillo. Conforme la investigación de Frost, después de dividir al Frente Sandinista, el grupo de Ortega, autollamado Terceristas, empezó a planear la creación del grupo de Los Doce. El responsable de conseguir a los prominentes nicaragüenses fue Sergio Ramírez Mercado, quien actualmente es enemigo declarado de Ortega, aunque fue su vicepresidente de 1985 a 1990.

Después de la ruptura de Ramírez con Ortega, el escritor contó que había sido utilizado por los hermanos Ortega en sus planes de tomar el poder en Nicaragua.



Ortega cuando llegó al poder por primera vez en la década de 1980.
Ortega cuando llegó al poder por primera vez en la década de 1980.


En 1980, tras la guerra civil, Ortega gobernó por primera vez el país centroamericano, hasta 1990.

Volvió a obtener la primera magistratura en el 2007 y volverá a intentarlo este año. Y los rumores apuntan que espera que Murillo sea su vicepresidenta.

Su gobierno, según Kenneth E. Morris, ha sido autoritario, nefasto y su familia y amigos cercanos son los dueños del país, gracias al dinero que han obtenido de la corrupción.

Revolución en Rosa

El verdugo de Nicaragua no ha sido únicamente Ortega. Según Morris, Rosario Murillo, a quienes muchos apodan “la bruja”, es quizá, más astuta y déspota que el presidente.

Murillo se unió al movimiento sandinista en los sesenta, mientras trabajaba como secretaria de Pedro Joaquín Chamorro, director del diario La Prensa, quien fue asesinado posteriormente por su oposición al régimen de Somoza.

En una foto tomada el 19 de julio de 1979, el día que Somoza huyó de Nicaragua, se ve a Murillo de uniforme verde olivo, una boina negra sobre el cabello corto y un fusil colgado al hombro, junto a varios de los nueve comandantes sandinistas que lideraron la sublevación.

Murillo estaba relacionada sentimentalmente en ese entonces con otro miembro del Frente Sandinista, identificado solamente como Quincho Ibarra, a quien abandonaría por Ortega.

Según Frost, Ortega nunca le fue fiel a Murillo. Zoilamerica Narváez, hijastra del presidente, y quien lo acusó de haberla violado, a los pocos meses de que su padrastro se mudara con ellos, lo vio teniendo relaciones sexuales con una empleada doméstica.

Para Frost, Murillo es una burguesa, hippie que exhibe joyas en su cuerpo, decora su casa con pósters de bandas de rock, es ferviente seguidora de los postulados de la Nueva Era, (New Age) y es aficionada a la astrología.

“Ortega tiene el poder político, pero ella lo usa en su nombre. El presidente casi nunca habla por la radio o sale en la televisión, porque ella lo hace todo el tiempo”, dice Dora María Téllez, militante sandinista.

Elecciones

El Tribunal Electoral de Nicaragua por fin acabó con meses de incertidumbre, al convocar oficialmente (6 de mayo) a elecciones generales, las que se celebrarán el 6 de noviembre y en las que Ortega espera ser reelecto por tercera vez consecutivamente.

Como era de esperarse, las críticas no se han hecho esperar. Si bien Ortega cuenta también con el firme apoyo de los más pobres, a quienes mantiene contentos con su política populista, se le ha reprochado ampliamente por los cambios constitucionales por los que se derogaron los límites a los mandatos, los cuales le permiten contender por un tercer periodo consecutivo.

Estudiantes, políticos de oposición y otros manifestantes llegan al Consejo Electoral cada miércoles, donde llevan a cabo mítines en contra de su consolidación en el poder.

Otro grupo, mucho más polémico, está dispuesto a combatir para derrocar al dictador. Uno de sus integrantes, y quien estuvo anuente a convesar, se hace llamar Tyson, y conforme una publicación de El Financiero, “usa un uniforme estadounidense de combate, raído, y porta un destartalado AK 47”.

“Es un combatiente rebelde que arregla emboscadas contra el Gobierno y añora los días en los que el fondeo estadounidense encubierto pagaba la guerra abierta”.

“Daniel Ortega no era nada y ahora es dueño de la mitad de Nicaragua”, dice Tyson. “Y vamos a acabar con él”, sentencia.