Revista D

La peregrina del Cerrito del Carmen

Cada 16 de julio se venera de manera especial a esta advocación mariana.

Por Francisco Mauricio Martínez

Lo mucho que se contaba del Nuevo Mundo en España, a comienzos del siglo XVII, despertó el interés del ermitaño Juan Corz de viajar al Reino de Guatemala. Antes de zarpar visitó el convento de la Orden de las Carmelitas, fundado por Santa Teresa de Jesús, en Ávila, donde recibió un encargo.

Las religiosas le solicitaron que trajera consigo una imagen de la Virgen Nuestra Señora del Carmen que Santa Teresa había mandado a esculpir, aproximadamente, en 1566, luego de tener una visión en la que esta advocación amparaba bajo su manto blanco a las hermanas y frailes de su orden.

Antes de morir en 1582, la virtuosa pidió a sus compañeras que enviaran la réplica tallada en cedro, y de 44 cm, a esta región. El peregrino aceptó la petición, pero, según la leyenda, les preguntó: ¿dónde la instalo? a lo que respondieron: “Ella misma determinará el sitio donde desea ser venerada”.

También le informaron que Santa Teresa les había anunciado que “en el lugar donde se asentara la Virgen y fuera venerada surgiría una gran ciudad”. Cierto o no, en el siguiente siglo (XVIII) se fundó la ahora Ciudad de Guatemala.

Después de la larga travesía por el Atlántico el ermitaño arribó a Guatemala y comenzó a buscar al español Antonio Justiniano, quien se dedicaba a traer reses de los países vecinos para venderlas. Por la abundancia del ganado que tenía, al lugar se le conoció como Valle de Las Vacas.

Corz se asentó en la ribera del río Las Vacas y enseguida se dedicó a ubicar dónde colocar la escultura de la Virgen del Carmen. Eligió una gruta en el paredón del barranco.

El rumor de que en una cueva se encontraba esta imagen llegó inmediatamente a los oídos de los comunitarios, quienes con curiosidad comenzaron a visitarla y una buena parte a venerarla.

Los viajeros que transitaban hacia el Golfo Dulce, en el mar Caribe, se unieron a este acto de fe y también pasaban con fervor. 

La devoción se desbordó tanto que los vecinos edificaron, en 1613, en el hoy Cerrito del Carmen, su primera ermita. Siete años después se construyó una iglesia y en 1745 la que hoy conocemos, aunque con varias reparaciones.

El templo fue muy afectado por los terremotos de 1917-18 y 1976, pero se reconstruyó respetando su arquitectura original.

Robada

El 19 de abril del 2001 los medios de información del país difundieron que la escultura había sido sustraía de su capilla, lo que creo gran conmoción. Las autoridades empezaron una intensa búsqueda, pero los esfuerzos fueron vanos.

La buena noticia llegó el 5 de marzo del 2003, cuando los jerarcas católicos anunciaron que la imagen había sido hallada por una familia en la cuneta de una de las calles de Tecpán Guatemala, Chimaltenango.

La reliquia estaba muy dañada, por lo que fue sometida a un proceso de restauración que tomó casi un año. Después de varios meses volvió a su retablo.

La efigie es de cedro, con vestiduras talladas y policromadas en oro. Antes de 1680 fue revestida con un manto y tunicela de plata labrada y rodeada de una ráfaga sobredorada.

A esta advocación también se le reza en el templo de Nuestra Señora del Carmen (8a. avenida y 10a. calle de la zona 1. Esta iglesia fue inaugurada el 11 de septiembre de 1814 y fue heredada de la Cofradía del Santo Escapulario y la Tercera Orden del Carmen, establecida en Santiago de Guatemala en 1634.

También se le honra en el templo de Santa Teresa (9a. avenida y 4a. calle, zona 1).

La profecía

A raíz de la destrucción de la Antigua Guatemala por los terremotos de Santa Marta en 1773 se tomó la decisión de trasladar la ciudad al valle donde estaba la colina que hoy se conoce como Cerrito del Carmen, y en cuyas faldas nació La Nueva Guatemala de la Asunción.

Fuentes: Miguel Álvarez, cronista de la ciudad; cerritodelcarmen.org; Hemeroteca PL