Revista D

Mago de la metáfora

Eduardo Galeano, un referente literario de la izquierda latinoamericana, dejó una profunda huella en Guatemala.

Por Ana Lucía González

“Esta vergüenza que siento, intoxicado ciudadano sin experiencia de intemperie, es una anticipación de la que sentiré cuando lleguemos al campamento que César Montes (Julio César Macías) y un pequeño núcleo guerrillero han improvisado en algún rincón del oeste de Guatemala: frente a este puñado de muchachos que viven muriendo y matando por la revolución seré, como decía no sé quién, “un grave caso de virginidad”.

Este fragmento del capítulo La furia en las montañas, del libro Guatemala país ocupado, fue redactado por el recién fallecido escritor uruguayo Eduardo Galeano, y publicado en 1967, después de haberse internado una semana en la espesa selva de la Sierra de las Minas para convivir con las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), uno de los primeros grupos guerrilleros del país. En este mismo ejemplar se incluye un apéndice de Luis Cardoza y Aragón.

Galeano, entonces de 26 años, y periodista del semanario Marcha, conoció a varios guerrilleros, uno de ellos, el otrora comandante César Montes. “Le dicen el chirís”, escribió en referencia al rebelde.

También estuvieron presentes Roque Fernández, de 18 años; Pablo Monsanto, 17; Luis Trejo Esquivel, 21, Ricardo Miranda, comandante Mano de Tigre, 22; y Mirna Paiz Cárcamo, entre otros.

“Para las mujeres, Galeano resultaba encantador, pues era atractivo, galante, sensible y cortés”, comenta Montes.

Parte del interés del escritor era documentar que Cuba no era una excepción histórica, pues existían otros movimientos revolucionarios en Latinoamérica.

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Eduardo Galeano convivió con las FAR en la Sierra de las Minas en 1967.

Para Montes, la presencia de Galeano en Guatemala fue fundamental en su obra.

“Se dice que gracias a Galeano, para mí el Picasso de la literatura hispanoamericana, mucha gente conoció la lucha de Guatemala. Yo diría que fue al revés, gracias a Guatemala el escritor profundizó su sentimiento revolucionario y su capacidad de síntesis”, afirma Montes.

“Si alguien logró en pocas, sencillas y profundas pinceladas retratar la juventud y romanticismo de los integrantes de las FAR fue Eduardo Galeano”, cita Montes en su libro La guerrilla fue mi camino: Epitafio para César Montes (1997).

El excomandante Pablo Monsanto también recuerda aquel episodio en las montañas de la aldea El Jute, en Usumatlán, Zacapa. “Galeano se sorprendió por la juventud del grupo, así como por la precariedad en la que vivíamos”, cuenta.

“Yo llevaba más de tres años en la selva, así que estaba acostumbrado a las carencias, pero él, sin duda, no. Sin embargo, hizo todo el esfuerzo para incorporarse sin que le tuviéramos consideraciones; desde dormir a la intemperie hasta comer lo que se podía. Pero sufrió con los mosquitos que se lo comieron”, relata Monsanto.

Influencias

En el país, independientemente de tales revelaciones, el uruguayo y sus textos siguen siendo lectura obligada para los estudiantes de Letras y Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac)

“La dignidad implica el reconocimiento de tu cara en el espejo cada mañana. ¡Claro que se puede practicar el periodismo sin venderse y sin alquilarse!.  Eduardo Galeano, extracto de la entrevista con José Luis Perdomo Orellana en el libro La última y nos vamos.

Gladys Tobar, maestra en Letras por la Usac, refiere que Galeano es un escritor holístico, es decir, no se circunscribe a los hechos objetivos, sino que busca tener una vivencia personal, como lo fue en el caso de su obra sobre Guatemala.

“En lo particular prefiero Memorias del fuego en donde combina mitología, historia, creencias y leyendas de los pueblos latinoamericanos, y en el que todos los temas giran sobre un mismo eje. Me encanta la síntesis”, comenta Tobar.

Para el escritor Gerardo Guinea Diez, Galeano ha sido de los pocos autores que han logrado entender las claves de la grandeza y tragedia de América Latina y los efectos del poder autoritario en muchos pueblos del continente.

“Su oficio periodístico lo convirtió en literatura sin hacer ficción. Desnudó la realidad y la forma como nos muestra los orígenes de los países latinoamericanos es extraordinaria”, sostiene.

Guinea, además, cuenta detalles sobre la segunda visita del escritor a Guatemala en 1995, en la que dictó una conferencia en La Bodeguita del Centro. “Muchos no lo conocían ni su obra, pues aunque no fue censurada en el país, tampoco era accesible, al igual que las de Cardoza o Augusto Monterroso”, dice.

Pero aquellos pocos se encargaron de difundirla hasta el punto de que hoy son muchos los que saben de este libro.

De hecho para Monsanto lo escrito por Galeano sobre Guatemala en 1967 fue un referente para otros movimientos guerrilleros en la región, aunque confiesa que él hasta años después supo del libro.

Autodidacta

Eduardo Germán María Hughes Galeano nació en Montevideo el 3 de septiembre de 1940. Murió el pasado 13 de abril, a los 74 años, como consecuencia de un cáncer pulmonar que lo aquejaba desde hacía varios años. Dejó, además del famoso y polémico Las venas abiertas de América Latina, un legado de 41 títulos, entre literatura, política y futbol, una de sus pasiones.

La voz del periodista

  • José Luis Perdomo, en la última pregunta a Galeano, de la citada entrevista, La última y nos vamos, se refiere a los valores del periodismo. 
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  • Aunque Onetti solía decir que él no enviaba mensajes, pues éstos deben ser repartidos por las mensajerías, ¿tendría usted alguno para las nuevas generaciones que todavía osan estudiar periodismo?
  • So pena de convertirme en una especie de mensajería por un momento, yo les diría que el periodismo es un oficio de alta dignidad, que es una forma de la literatura. Y que la dignidad del oficio pasa por el autorrespeto. Nunca se traicionen. Yo sé que ahora la lealtad no es rentable, y que lo que es no rentable no sirve, de acuerdo con el sistema de valores que ha impuesto la cultura del mercado, que es hoy por hoy la cultura única. Pero sigo creyendo que vale la pena encontrar cada mañana un amigo en el espejo. Lo peor que te puede ocurrir en el periodismo, como en cualquier otra actividad, es alquilarte o venderte. A veces uno piensa que al fin y al cabo no importa, porque si no lo hace uno lo hace otro. Pero algo ocurre al día siguiente, cuando uno no encuentra la cara de uno en el espejo. Algo ocurre entonces, pues ya no somos tan amigos como éramos. La dignidad implica el reconocimiento de tu cara en el espejo cada mañana. ¡Claro que se puede practicar el periodismo sin venderse y sin alquilarse! Y con la plena conciencia de la dignidad de la palabra, que hoy más que nunca es necesario rescatar en un mundo que la niega, pues la palabra es manipulada, maltratada, usada, abusada, prostituida cada día. Recuperar el verdadero nombre de cada cosa, ésa es la tarea de la literatura y también del periodismo por lo tanto.

Incursionó en el periodismo a los 14 años; fue el caricaturista del diario uruguayo El Sol, y comenzó así el ejercicio de sus múltiples oficios: obrero, recaudador, mensajero, mecanógrafo, cajero de banco, editor, periodista, escritor, pero sobre todo, y como él se definía, escuchador. “Y todo esto con una formación académica que no superó el primer año de secundaria”, de acuerdo con una publicación de la agencia de noticias AFP.

“Los dos hombres de letras más amados de ese país y en muchísimos países, los más traducidos, son tipos que no cursaron estudios superiores. Mario —Benedetti— acabó apenas la secundaria y Eduardo tan solo llegó al segundo año. Ambos se dedicaron a todos los oficios habidos y por haber”, cita el blog soloparalocos.

El mismo Galeano decía que aprendió a narrar en los viejos cafés de Montevideo, no obstante, dominó con maestría el periodismo, el análisis político y la historia.

Así este ideólogo de la izquierda, pero también crítico, hizo de las causas sociales su bandera.

“Luchó por los jóvenes, la ecología, los indígenas, los trabajadores, las mujeres y la legalización de las drogas, y en contra de los narcoestados y el neoliberalismo”, cita el diario La Jornada, de México.

Recibió varios premios y cinco doctorados honoris causa otorgados por universidades de América Latina.

Galeano solía pensar en la muerte como un asunto que le aburría, cita La Jornada, sin embargo, experimentó de cerca la muerte a los 19 años, cuando quedó en coma después de un accidente.

Fue en esa época, en 1959, que decidió firmar Eduardo Galeano “como una manera de decir: Soy otro, soy un recién nacido, he nacido de nuevo”. Poco después se percató de que lo suyo era contar historias, de acuerdo con el blog Club Dimas.

Fue uno de los exiliados durante la dictadura. Primero, encarcelado en Uruguay, de ahí salió rumbo a Argentina, pero su nombre fue incluido entre los condenados por Rafael Videla en 1976. En ese periodo escribió Días y noches de amor y de guerra, publicado en 1978. Luego partió hacia España, donde continuó escribiendo, según La Jornada.

Legado

Dos de sus libros más conocidos Las venas abiertas de América Latina (1971), que lo catapultó a la fama mundial, y Memoria del fuego (1982-86), han sido traducidos a más de 20 idiomas.

En el primero sostiene que América Latina no puede prosperar debido al saqueo al que había sido sometida por los europeos, y luego por Estados Unidos.

Sobre este proceso se refirió en la entrevista con el guatemalteco José Luis Perdomo en La última y nos vamos, de Magna Terra Editores en el 2010.

“En 1970, (...) escribí Las venas abiertas de América Latina, que fue el resultado de cuatro años de exploración de materiales. Lo escribí en 90 noches, es decir, tres meses. De día trabajaba en otras cosas. En la universidad, donde era director de publicaciones, y en la tarde en editoriales privadas, corrigiendo originales de colecciones científicas, la vida sexual de las abejas, y de noche me dedicaba a escribir Las venas, el cual lo terminé después de muchos litros de café. El libro se publicó en 1971, sin pena ni gloria”, comentó.

El libro Las venas se convirtió poco a poco en una especie de Biblia de la izquierda política de la región, a la vez, fue objeto de críticas y censura en Argentina, Chile y Uruguay.

El libro saltó a la fama nuevamente cuando el entonces presidente venezolano Hugo Chávez (1954-2013) se lo regaló a su homólogo estadunidense Barack Obama durante la quinta Cumbre de las Américas, en abril del 2009.

En mayo del 2014, sin embargo, hizo una autocrítica del libro “es pesadísimo”, dijo. Reconoció, además, que lo había escrito “sin conocer debidamente de economía y de política”, dichas confesiones las dio a conocer durante la II Bienal del Libro y la Lectura de Brasilia.

Galeano no alcanzó a ver publicado su último libro-antología Mujeres, el cual será lanzado esta semana en España por Siglo XXI Editores. En este se compilan los mejores textos del escritor con relatos de Juana de Arco, Rosa Luxemburgo, Rigoberta Menchú, Marilyn Monroe y Teresa de Ávila.

La mujer “es uno de los elementos que se repite de manera constante” en la obra de Galeano, explica Jesús Espino, editor español del escritor, señalando que la idea era “recuperar los fragmentos más significativos para generar un libro que tuviese coherencia”.

Y aunque el mago de la metáfora ya no estará presente físicamente, sus libros, seguro, seguirán haciendo más historia del escritor que siempre luchó por ser la voz de los sin voz.

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El escritor siempre fue muy galante con las mujeres, recuerda César Montes.