Revista D

Seres de barro de Chinautla

De herencia ancestral, las artesanías de Chinautla tienen gran belleza artística.

Por Roberto Villalobos Viato

Una pieza pasa por un proceso que dura entre 20 y 30 días. Foto Prensa Libre: Roberto Villalobos Viato.
Una pieza pasa por un proceso que dura entre 20 y 30 días. Foto Prensa Libre: Roberto Villalobos Viato.

Narra el Popol Vuh que los dioses usaron barro para crear a los primeros seres humanos, pero que estos se deformaron al entrar en contacto con el agua. Luego probaron con madera, pero la fórmula tampoco funcionó. En el tercer intento emplearon maíz, lo cual fue un éxito.

Precisamente ellos, los hombres de maíz, perfeccionaron las técnicas para fabricar objetos de barro y se convirtieron en habilidosos alfareros.

Aquella herencia ancestral se refleja perfectamente en Santa Cruz Chinautla, un municipio localizado a tan solo 12 kilómetros de la Ciudad de Guatemala.

Esta zona poqomam es bastante conocida por sus cerámicas. “Casi toda nuestra comunidad vive de la alfarería”, afirma Carlos Sequén, maestro artesano desde hace unos 35 años.

La mayoría de quienes se dedican a este oficio son mujeres, aunque en los últimos años hay más hombres, que por tradición se han ocupado de las labores agrícolas.

El camino hacia Chinaulta es solitario y descuidado. Hay un puente que, según los pobladores, las autoridades no han arreglado desde la tormenta tropical Ágatha, en el 2010.

Abajo del cantón central cruza el río Las Vacas, que hace muchísimos años tenía aguas cristalinas pero que hoy está contaminado; de hecho, se divisan las enormes montañas de basura.

Aún con esos problemas, los chinautlecos se las han ingeniado para salir adelante. Con sus manos moldean hermosas ollas, tinajas y una gran cantidad de figurillas de barro.

Una característica sobresaliente es que no emplean torno. Lo hacen al pulso, tal como lo hacían en el periodo prehispánico.



Carlos Sequén da trabajo a unas 30 personas en su negocio. Foto Prensa Libre: Roberto Villalobos Viato.
Carlos Sequén da trabajo a unas 30 personas en su negocio. Foto Prensa Libre: Roberto Villalobos Viato.


Largo Proceso

La materia prima se extrae de la orilla del río. Un costal llega a costar hasta Q25, aunque el precio baja considerablemente si el mismo artesano se encarga de sacarla y transportarla. “Hay tres tipos de barro: rojo, blanco y morado”, explica Sequén.

Este material se seca bajo el Sol durante dos o tres días, para luego machacarlo con un martillo y después remojarlo en un recipiente por otros tres o cuatro días para que se suavice. El siguiente paso es mezclarlo con arena blanca, con lo cual se obtiene una especie de masa moldeable. Así está listo para darle forma a la pieza.

En el taller, los alfareros se humedecen las manos, se apoyan sobre una tabla de pino y despliegan sus habilidades. Toman pedacitos de barro y dan forma a las piezas con  una caña de bambú o un palo. Lo que crean con esas rudimentarias herramientas es sorprendente.

Las piezas son numerosas. Hay moros, imágenes de la Virgen María o de San Isidro, ángeles, campanas, elefantes, pájaros, gallinas, ceniceros, ollas, platos, jarrones, macetas, candeleros o coronas. Lo que se venga a la mente y, además, de varios tamaños.

Durante la temporada de fin de año los artículos más requeridos son los Nacimientos, los cuales incluyen piezas del Niño Jesús, María, José, reyes magos, gente del pueblo, cabañitas, iglesia y animales.

Secado y quemado

Después de moldeada la figura, se vuelve a secar durante uno o dos días, para luego pasar al proceso de pulido, por lo regular con una piedra en forma de hacha.

El siguiente paso es quemar el barro. En un círculo se amontonan trozos de leña o estiércol; al centro se pone una lámina y sobre esta una parrilla, donde se colocan las cerámicas. Abajo, el fuego arde con la leña o la cáscara de pino. Los artesanos distribuyen las brasas entre las piezas y, una vez se queman con uniformidad, se agrega zacate.

Por último, se cura: “Se enjabona la superficie varias veces; se saca al sol y después se frota con una cáscara de plátano hasta dejarla impermeable”, refiere el estudio La alfarería de Chinautla y su transformación, publicado por el Centro de Estudios Folklóricos (Cefol), de la Universidad de San Carlos.

Luego de 20 días o un mes de proceso, las figuras están listas para su comercialización. “El precio depende de la dificultad de cada una; por eso, las que tienen más detalles son más caras”, expresa Efraín Martínez, cuya esposa, María del Rosario López, viene de una familia de alfareros que ha perdurado por varias generaciones.

En Chinautla hay varios pequeños almacenes que se dedican a ello, donde se consiguen más baratas en comparación con las tiendas exclusivas de la capital o del aeropuerto donde, muchas veces, se ofrece lo mismo.



María del Rosario López a punto de empezar el proceso de quemado. Foto Prensa Libre: Roberto Villalobos Viato.
María del Rosario López a punto de empezar el proceso de quemado. Foto Prensa Libre: Roberto Villalobos Viato.


Ocaso del oficio

Aunque buena parte de Chinautla aún se mantiene de la producción y comercialización de cerámicas de barro, muchos han dejado a un lado el oficio de alfarero. “A la juventud no le gusta ensuciarse las manos; por eso, opta por buscar otros trabajos en la capital”, expresa Sequén, con quien coincide Martínez: “Muchos ya no están interesados; puede que en algunos años se pierda esta tradición”.

López concuerda: “Nosotras (las mujeres) éramos las que nos dedicábamos a esto, pero creo que las muchachas de ahora ya no quieren fabricar cerámicas”, puntualiza.



Efraín Martínez se dedica a la alfarería desde hace 15 años. Foto Prensa Libre: Roberto Villalobos Viato.
Efraín Martínez se dedica a la alfarería desde hace 15 años. Foto Prensa Libre: Roberto Villalobos Viato.


Fuentes: Centro de Estudios Folklóricos, de la Universidad de San Carlos: Las cerámicas de origen prehispánico en Guatemala  / La alfarería de Chinautla y su transformación / Apuntes sobre la cerámica de la Chinautla actual.