Revista D

Un accidente lo dejó tetrapléjico, pero ha logrado salir adelante

Los obstáculos le han hecho descubrir el máximo milagro: aceptar las cosas tal como son y ser feliz. 

Por Roberto Villalobos Viato

Byron Pernilla quedó tetrapléjico por un accidente. Hoy es webmaster y community manager. Foto Prensa Libre: Estuardo Paredes.
Byron Pernilla quedó tetrapléjico por un accidente. Hoy es webmaster y community manager. Foto Prensa Libre: Estuardo Paredes.

Un clavado desde un muelle lo dejó parcialmente tetrapléjico. Byron Pernilla Ríos (Ciudad de Guatemala, 20 de septiembre de 1970), estaba de excursión con varios amigos en el Lago de Amatitlán. Exactamente sucedió en un lugar llamado Orantes, en Villa Canales. Era el 29 de abril de 1989; tenía 18 años.

“No sabía que el nivel del lago era diferente en distintas épocas. El caudal estaba bajo cuando me lancé. Mi cabeza chocó contra las rocas del fondo y me quebré la columna vertebral”, cuenta.

Su vida cambió drásticamente desde entonces. Solo puede mover sus brazos, pero no sus dedos. Pese a ello, ha logrado salir adelante. “Recuerdo cuando jalaba una carreta en La Terminal, zona 4”, refiere.

Ahí trabajaba con su padre, quien vendía madera y cartón. “De él heredé el gusto por el trabajo; fue un gran ejemplo”, comenta.

“Quise ser periodista; me imaginaba como un reportero de guerra”, expresa. “El accidente truncó aquello, pero eso no importa. Lo bueno es que he aprendido a hacer otras cosas y soy feliz”, agrega.

Pernilla Ríos es fundador de la Asociación de Personas Productivas con Discapacidad (Asodispro), que ayuda a gente a encontrar empleo. “La dignificación se da mediante el trabajo”.

Además, tiene un proyecto no lucrativo llamado Félix —en honor a su hijo fallecido por leucemia—, que ayuda a personas de escasos recursos que no pueden trabajar debido a una parálisis grave.

¿Cómo fueron los primeros días después del accidente?

Mi familia tenía que salir a trabajar, así que el primer año prácticamente la pasé solo en un cuarto. Fue entonces que me llevaron al Hospicio San José, donde estuve por cuatro años. Al principio sentí una enorme tristeza. Pensaba que se estaban deshaciendo de mí y que me iba  a morir rápido. Fue duro; ha sido uno de los golpes más grandes de mi vida.

¿Cómo pudo salir adelante?

Fue gracias a la gente de ese lugar. Hice muchos amigos que me trataron como igual. Me invitaban a sus fiestas, por ejemplo, así que tuve una juventud normal. De hecho, tuve varias novias —ríe—. Salí del hospicio porque iba a formar una familia. Con aquella mujer vivimos en un cuartito y tuvimos un hijo, Félix David.

Entiendo que siempre quiso ganarse la vida siendo productivo.

Así es. Fíjese que en el hospicio había un sacerdote británico y llegaban voluntarios de Irlanda y de Escocia, así que, sin querer, me transmitieron su pensamiento liberal; a depender de uno mismo.

Recuerdo que cuando estuve ahí le abrí un agujero a un guante de motorista y le coloqué un desarmador. Fue de esa forma que aprendí a escribir y a manipular una computadora. Lo que quiero decir es que trato de abrirme camino por mis medios. No vivo de la discapacidad, sino del trabajo.

¿A qué se dedica?

Soy webmaster y community manager, lo cual he aprendido de forma autodidacta; trabajo para tres empresas.

Además, fundó la Asociación de Personas Productivas con Discapacidad (Asodispro).

Sí, porque me he dado cuenta de que hay quienes tienen ganas de trabajar pero carecen de herramientas. Asodispro tiene una base de datos con más de cien personas con alguna discapacidad y que están listas para ser productivas.

¿Hay que brindarles alguna inducción?

Estoy de acuerdo con las capacitaciones, pero mi organización ha pensado en la gente que quiere comer hoy. Por ejemplo, hay un joven de casi 30 años, originario de Villa Canales, que solo pudo estudiar hasta sexto primaria y que  trabajaba como mensajero. Cierto día lo atropelló un carro y, a raíz de eso, usa una silla de ruedas. Era quien sostenía a su esposa y a su hijo y, en esos casos, se necesitan soluciones inmediatas. No hay que decirle que tiene que invertir en capacitación porque sería un disparate.

¿Qué tipo de empleos buscan?

Hay una infinidad de cargos. Hay quienes tienen conocimientos de administración, abogacía o ingeniería. Otros pueden desempeñar puestos de ascensoristas o recepcionistas.

¿Cobra algún porcentaje por el primer salario devengado?

Ni un solo centavo.

¿Considera que las empresas están dispuestas a contratar a personas con discapacidades?

No, porque muchos ven la discapacidad, pero no la capacidad. Nosotros, en Asodispro, queremos que los empresarios vean las cualidades de cada quien. De hecho, tenemos una campaña en las redes sociales que dice: “Emplea la capacidad”.

¿Qué piensa de quienes no trabajan bajo la excusa de no conseguir el cargo deseado o que no le pagan lo que quieren?

Mire, todo empleo es una bendición y hay que ser agradecido. Nadie puede empezar desde arriba; hay que ir desde abajo para aprender. El que está sin hacer nada porque quiere, pobre de él. Eso es terrible. Considero que todos tenemos talentos y cada quien decide si los entierra o los aprovecha.

En Guatemala se cree que un discapacitado es el que pide dinero. ¿Qué opina?

Ese estereotipo existe, lamentablemente. En cierta ocasión fuimos con mi padre a un restaurante, en la zona 1, y al entrar me dijeron: “Disculpe, pero aquí no permitimos que pidan limosna”, pero nosotros solo íbamos a comer.

¿Qué respondió?

Solo me fui. No me gusta ponerme a su altura. Ese fue mi caso porque tengo buena autoestima. Pero hay otros que podrían echarse a llorar. Por eso, mi organización también trabaja por cambiar la mentalidad de la gente.

Sin embargo, muchos discapacitados se victimizan.

Eso también es cierto. Muchos piensan que el Gobierno los tiene que mantener porque tal cosa les pasó. Hay gente que me llama y me dice: “Mire, soy una persona con discapacidad, y quiero ver cómo me pueden beneficiar”. Las cosas no son así. Hay que empezar por saber qué pueden hacer ellos para ganárselo. En Asodispro enseñamos a trabajar, a ser dignos. No que nos pongan una musiquita lastimera cada vez que nos presentan.

¿Ayudan a la gente que, por la gravedad de su condición, no puede trabajar?

Sí; tenemos un área social que se llama Félix, en honor a mi hijo fallecido, que apoya a personas de escasos recursos que padecen distrofia muscular, parálisis cerebral, tetraplejía o enfermedades raras, por ejemplo. Nos sostenemos por donaciones de medicina o alimentos y por el tiempo de varios voluntarios.

¿Cuándo murió su hijo?

Fue en el 2009; él tenía 14 años. El 30 de junio de ese año le diagnosticaron leucemia. Una semana después, el 8 de julio, falleció. Aún no sé si murió a causa de ello o si fue debido a negligencia médica, ya que en el hospital donde nos atendieron había pacientes con el virus H1N1, el cual pudo afectar a mi hijo, quien tenía bajas sus defensas.

Es lógico suponer que se sintió afectado por aquello.

Claro; abandoné todo. La única vez que sentí discapacidad y que he llorado con amargura fue cuando murió mi hijo, mi mejor amigo. Ahí me sentí desvalido.

Ese año habrá sido de los más difíciles para usted.

Sí. Incluso, el 29 de noviembre del 2009 entraron a mi casa a robarme. Se llevaron más de Q30 mil en mis bienes, fruto de 15 años de trabajo. Me quedé sin hijo, sin hogar y completamente solo. Llegué a querer hacer tonterías —se refiere a un suicidio—, pero le debo la vida a un amigo, Jorge Mario Ortega, porque faltó al trabajo con tal de sentarse a mi lado y darme su apoyo incondicional. ¿Quién hace eso? Si mucho dicen “ay, pobrecito”. Fue entonces que me di cuenta de que hay gente a la que le importo. Así que me dieron ganas de pelear de nuevo y echarle ganas a la vida. No tiene caso lamentarse por algo que no tiene solución.

¿Se ha peleado con Dios?

Soy cristiano evangélico; lo que me ha pasado duele bastante y no lo entiendo, sobre todo lo de Félix, pero lo digo desde mi perspectiva humana. Sé que un día Dios me lo va a explicar. ¿Sabe algo? El milagro más grande que uno puede tener es aceptar lo que a uno le pase y ser feliz con eso.

PERFIL

Byron Pernilla Ríos nació en la Ciudad de Guatemala el 20 de septiembre de 1970.

Sufrió un accidente en 1989 que lo dejó tetrapléjico. Hoy es diseñador, webmaster y community manager. También brinda conferencias motivacionales; muchas de estas, con el apoyo de la Universidad Galileo.

En el 2010 fundó la Asociación de Personas Productivas con Discapacidad (Asodispro), que ha beneficiado a más de 700 personas con sillas de ruedas, bolsas de alimentos, bastones, andadores o medicinas.

Ese mismo año puso en marcha el proyecto social Félix, el cual ayuda a personas que, por su discapacidad, no pueden efectuar actividades productivas y que se encuentran en situación de pobreza.

En el 2008 estuvo entre los cinco finalistas del Premio Proyecto Futuro Sitio Latinoamericano, de Exponet, por desarrollar un plan informático para insertar a la vida productiva a personas con discapacidad.

Pinta al óleo como pasatiempo. Su especialidad es el paisajismo surrealista.