Revista D

Hijos víctimas de sus padres

Hoy es otro domingo en que Juan Carlos*, de 10 años, y sus otros dos hermanos mayores no podrán ver a su papá, porque su madre interpuso  medidas de seguridad para prohibir que se les acercara, acusado de violencia intrafamiliar.

Por POR ANA LUCÍA GONZÁLEZ

<p>Padres separados enfrentan serios problemas por la custodia de sus hijos. (Foto Prensa Libre: Óscar Rivas)</p>
Padres separados enfrentan serios problemas por la custodia de sus hijos. (Foto Prensa Libre: Óscar Rivas)

<p>“No puedo tener ningún tipo de contacto con ellos ni por teléfono ni verbal. De lo contrario&nbsp; me enviarían a la cárcel”, cuenta el&nbsp; padre, quien pide no revelar su nombre porque su caso está en proceso en un&nbsp; juzgado&nbsp; de Familia.</p><p>Después de haber sido expulsado de su casa y prohibírsele ver a sus hijos, pregunta&nbsp; por qué los juzgados de Familia privilegian el testimonio de su mujer, sin tomarse la molestia de investigar más.</p><p>Víctor Furlán, quien se separó de su esposa a finales de la década de 1980, cuenta que pasó cinco años sin ver a sus hijos porque ella&nbsp; no acataba lo establecido por el juzgado. “Cuando yo llegaba, los niños no se encontraban en el lugar señalado”, relata.</p><p>Cada vez es más común que padres y madres se apoyen en acusaciones infundadas o exageradas ante el sistema de justicia para obtener el derecho de relacionarse con sus hijos, o quién de los dos obtiene la custodia,&nbsp; lo cual provoca&nbsp; que&nbsp; estos&nbsp; queden en el centro de la riña.&nbsp;&nbsp; Incluso,&nbsp; son empleados&nbsp; como&nbsp; elemento de tortura contra&nbsp; el cónyuge. En algunos casos, amparados en leyes como la&nbsp; de Femicidio,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; el Sistema&nbsp; Alba Keneth o del sistema de protección integral de la niñez.&nbsp;</p><p><strong>Abusos legales</strong></p><p>Franklin Azurdia, jefe de la Unidad de Alerta Alba Keneth, comenta que el objetivo primordial de esta instancia es la localización y resguardo de niños sustraídos o desaparecidos. Pero este fin&nbsp; ha sido tergiversado por cientos de denuncias de desaparición&nbsp; cuya&nbsp; principal causa son&nbsp; las peleas entre&nbsp; madre y&nbsp; padre por la custodia de los hijos. Incluso, entre abuelos y nueras.</p><p>De enero al 22 de agosto de este año&nbsp; se han reportado 456 denuncias de desaparición de menores de&nbsp; 0 a 4 años, y 202 de 5 a 8 años. “De estos, se estima que el 75 por ciento responde a conflictos conyugales,&nbsp; no a&nbsp; desapariciones ni sustracciones con fines delictivos”, asegura Azurdia, y aclara&nbsp; que en&nbsp; las&nbsp; edades de 9 a 18 años se dan estos casos, pero se mezclan con otro tipo de problemas.&nbsp;</p><p>Azurdia afirma que estos conflictos,&nbsp; además de dejar profundas secuelas emocionales en los menores,&nbsp; sobrecargan el sistema de justicia y afectan la credibilidad de este. “Una característica es que&nbsp; son personas con recursos económicos. Solo así es posible iniciar juicios en distintos puntos del país.&nbsp; Reciben&nbsp; asesoría legal e interponen muchos recursos&nbsp; entre uno y otro cónyuge”, indica. Por lo general, cuando no les funciona o&nbsp; agrada la resolución de un juzgado de Familia, acuden a otras instancias.&nbsp;</p><p>La Ley contra el Femicidio y otras Formas de Violencia contra la Mujer —decreto 22-2008— también es parte de este debate. Después de varios años de aplicación,&nbsp; algunos juristas cuestionan ciertas debilidades en esa norma. Aunque se carece de cifras,&nbsp; una jueza de la Niñez y la Adolescencia&nbsp; que pidió confidencialidad,&nbsp; comentó que muchas veces&nbsp; no hay claridad de si se trata de un delito real o una acusación falsa.</p><p>Asimismo, considera que esa es una ley demasiado dura, al no permitir&nbsp; medidas sustitutivas cuando se emite una condena contra el padre. “En los&nbsp;&nbsp; casos de femicidio estoy de acuerdo, pero delitos como violencia económica o psicológica&nbsp;&nbsp; pueden solventarse. Hay muchos detenidos por acusaciones fútiles. No se vale”, opina.&nbsp;</p><p><strong>Secuelas imborrables</strong></p><p>Azurdia ha sido testigo de conflictos familiares&nbsp; en los que la madre&nbsp; o el padre&nbsp; utilizan&nbsp; a los hijos para ponerlos en contra del otro.&nbsp; “Les hacen&nbsp; lavado de cerebro&nbsp; para plantear acusaciones falsas”, refiere.</p><p>“Recuerdo el caso de una niña de 9 años cuya madre le pidió que dijera que su padre había abusado sexualmente de ella. Y otro en&nbsp;&nbsp; el que el padre le pidió a su hija que contara que&nbsp; su madre había tenido relaciones sexuales en&nbsp;&nbsp; la&nbsp; cama de la menor”, indica.</p><p>En el afán de recuperar a los hijos en forma ilegal, se ha llegado al extremo de tenerlos escondidos,&nbsp; sometidos a una serie de traslados de hogar donde los obligan a romper vínculos con su familia, amigos y&nbsp; colegio,&nbsp; afirma el encargado de dicha&nbsp; unidad.</p><p>Cuando estos niños llegan a la adolescencia,&nbsp;&nbsp; afloran&nbsp;&nbsp; conductas problemáticas como rebeldía,&nbsp; desapego emocional, abuso de licor o se involucran en maras, fruto&nbsp; de hogares desintegrados donde se vivieron los conflictos mencionados.</p><p><strong>Pedro y el lobo</strong></p><p>Las acusaciones falsas entre los padres&nbsp;&nbsp; hacen que se pierda la&nbsp; credibilidad&nbsp; en las instituciones, &nbsp;como sucede&nbsp;&nbsp; en&nbsp; la fábula de Pedro y el lobo.&nbsp; “Estamos tan saturados de que nos mientan los padres&nbsp; que cuando viene un caso real, en general, se comienza a relajar la atención”, advierte Azurdia.</p><p>Para combatir esta práctica, los encargados del sistema Alba Keneth han&nbsp; empezado&nbsp; a denunciar en el Ministerio Público a los&nbsp; padres que&nbsp; mienten.&nbsp;</p><p>Azurdia explica que muchas veces las medidas de seguridad toman ventaja&nbsp; de quien las usa primero. “El primer paso es asegurar la integridad de la víctima; después investigar”, enfatiza.</p><p>&nbsp;*nombre ficticio</p>