Iniciar Sesión
Registrarse
  Preguntas frecuentes
  |  
¿Olvidó su contraseña? 

03/02/13 - 00:00 Revista D

Construyamos una era armónica

El cambio de era, el inicio de un año, siempre son buenos momentos para reflexionar, promover y actuar de manera individual y colectiva a través de acciones positivas para vivir en armonía y paz con la naturaleza. Lastimosamente, hay quienes no comprenden, no respetan y no valoran el significado de un cambio de era y hasta promueven actividades comerciales que solamente fomentan el consumo.

Una nueva era no debe verse como un momento para renovar cosas materiales, lo cual resulta muy difícil, porque la publicidad nos sigue persuadiendo a adquirir cosas que no necesitamos, pero que nos hacen sentir cierta comodidad y nos dan estatus, aunque eso signifique endeudarse.

Parece ser que la lógica para proceder diariamente es: seamos egoístas porque de todas formas los otros extraen, consumen, desechan, contaminan y deterioran, y ¿por qué privarnos ahora?, luego que miren los que vienen qué hacen... mientras yo tenga lo que quiero y pueda disfrutar.

Pero el cambio de actitudes debe ser pronto y masivo porque el panorama ambiental parece estar cambiando más rápido de lo que podemos reaccionar y revertir, por ello la acción de cada quien cuenta.

Los cambios de actitud que buscan una mejor convivencia con la humanidad y la naturaleza tampoco nos llevan a regresar a la era de piedra, pero sí es inteligente y estratégico velar por los aspectos elementales para vivir dignamente, como lo es la calidad del aire, el agua, el suelo, la seguridad alimentaria y nutricional de todas y todos, y mantener la biodiversidad, que es patrimonio de las y los guatemaltecos y permite que la vida funcione como la conocemos actualmente.

Para países como Guatemala hace falta mucho por hacer y cada quien debe dar un poco cada día, ya que tenemos un país privilegiado por sus recursos naturales y su gente. Pero, poco a poco, estamos deteriorando nuestra riqueza y en casos extremos, hasta perdemos la capacidad de producir todo el alimento básico para nutrir a nuestra población y dependemos del maíz importado. El cual, muchas veces, procede de países donde principalmente producen maíz transgénico.

Pero más allá de los fantasmas de las implicaciones que tienen los alimentos transgénicos en aspectos ambientales, económicos, culturales y sociales, donde la salud es lo más preocupante, es claro que cuando un país ya no produce su propio alimento está a merced de otros y con esto se pone en riesgo la seguridad alimentaria y nutricional, que va más allá de la seguridad de la familia, de las amistades, que en algunos casos ya comen más de sus tres tiempos y no se nutren, sino que comen productos que solo acumulan grasas —muchas peligrosas para la salud—, porque tienen el poder adquisitivo.

¿Cómo contribuir? Primero es necesario salir de la zona de confort a la que la publicidad y “el qué dirán” nos arrastra, para luego pensar y actuar reduciendo lo que consumimos, reusar, reciclar utilizar menos bolsas plásticas, contaminar menos, generar menos desechos sólidos, ahorrar agua, energía eléctrica —hasta le llevará a ahorrarse unos quetzales— y ¿por qué no?, también para preocuparse por otras personas que están menos favorecidas por la historia, la sociedad y la economía, porque si vivimos en hermandad, todas y todos estaremos mejor.

* Encargada de área Socioambiental, Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos.

POR MAGALY ARRECIS* /

Más noticias de Revista D

Herramientas

Tags

© Copyright 2012 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.