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12/05/13 - 01:32 Revista D

Frescura y sencillez

Artesanas costureras del histórico taller de la familia Rubbrecht, situado en la céntrica Grand Place de Bruselas, Bélgica, confeccionaron los encajes que podrían vestir la “sencillez” del papa Francisco en el Vaticano.

POR REDACCIóN REVISTA D D Mundo

Las agujas del taller Rubbrecht, que cuentan con más de medio siglo de tradición creando los encajes y puntillas con que se adorna buena parte de la vestimenta de los pontífices y el resto de prelados de la Iglesia Católica, enviaron a Italia distintos diseños, antes de que resultara elegido como santo padre el cardenal jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio.

Eline Rubbrecht, de la tercera generación de esta histórica tienda, dijo que está confiada en que el repertorio enviado sea del agrado del Papa, aunque aseguró que los gustos de Francisco son muy diferentes al de su predecesor, Benedicto XVI, quien prefería usar encajes tradicionales grandes en los que mostraba mejor los símbolos religiosos, mientras que Juan Pablo II optó por motivos simples y detalles simples.

Sin embargo, Rubbrecht aún no ha tenido noticias de si Francisco usará alguna de sus prendas, debido a que el llamado “Papa del barrio” ha demostrado que no desea cambiar su fresco, sencillo y austero estilo de vida.

Desde el mismo día en que se anunció la elección del sucesor de la silla de San Pedro, Francisco le dijo al mundo cómo sería su pontificado. Se presentó con la sotana blanca, color reservado para los papas, y con la estola, pero sin esclavina roja, detalle que, según los observadores, tenía como finalidad demostrar su sobriedad.

Sorprendió igualmente por las palabras que dijo desde el balcón central de la Basílica de San Pedro. En un italiano claro y fluido con ligero acento argentino, comenzó dando las buenas noches y dijo, con una sonrisa, que parecía que sus hermanos cardenales se habían ido “al fin del mundo” para buscar al sucesor de Benedicto XVI.

A continuación pidió una oración por su antecesor, el obispo emérito de Roma, y dijo cuál va a ser la principal preocupación: la evangelización.

Otra muestra más de su humildad la llevó a cabo justo antes de la bendición urbi et orbi, pues pidió a los fieles que rezaran por él. En una insólita e histórica imagen, el nuevo papa bajó la cabeza mientras unos cien mil fieles católicos presentes, muchos de los cuales esperaron por horas bajo la lluvia, pedían a Dios por él.

Trascendió también que una de las primeras cosas que hizo luego de su elección fue llamar por teléfono a Benedicto XVI. Al día siguiente llamó a su hermana María Elena Bergoglio.

Pagó la residencia donde se alojó en los días previos al cónclave, tomó su equipaje con las cosas que trajo a Roma como lo haría cualquier persona. Renunció a la limusina oficial del Vaticano y viajó en un autobús, con los otros arzobispos, escoltado de manera discreta. A la Basílica ingresó por una puerta lateral, sin ostentaciones.

El papa Francisco se aloja hoy en una suite de la residencia de Santa Marta, en el Vaticano, especialmente instalada para él, pues asegura que no necesita más que una cama y un reclinatorio.

Según la tradición de la Iglesia Católica, desde la Edad Media los zapatos usados por el papa en turno deben ser rojos; sin embargo, Francisco decidió dejarlos de lado y usar los mismos zapatos negros con los que llegó al Vaticano antes del cónclave.

Pidió, además, que el Anillo del Pescador que llevará durante su Pontificado no sea de oro, sino simplemente de plata dorada con la imagen de San Pedro con las llaves.

Sin embargo, todo este derroche de sencilleces no son solo una imagen, sino la consecución de una vida austera. Francisco creció en Flores, un barrio de clase media de Buenos Aires.

Su casa fue sostenida por su padre, un empleado ferroviario y después operario textil. Su madre fue siempre ama de casa.

Los vecinos recuerdan que él, Bergoglio, era muy estudioso y que dejó de jugar futbol en las plazas cuando comenzó su formación sacerdotal. Eso sí, aquel hincha y socio del San Lorenzo, uno de los cinco clubes más populares de Argentina, siempre los saludaba al pasar.

El arzobispo de Lima, cardenal Juan Luis Cipriani, contó una curiosa anécdota del papa Francisco, con quien departió durante su estadía en el Vaticano.

En su programa Diálogo de Fe, de RPP Noticias, Cipriani recordó que un sacerdote argentino, amigo suyo, le contó una vivencia que evidencia la sencillez del nuevo pontífice.

“Su mamá tiene noventa y tantos años, vive en Argentina. Él le decía ¿cuándo vas a confesarte? Y un día la madre le respondió: “Yo me quiero confesar con el arzobispo de Buenos Aires, Bergoglio”.

Cipriani, como lo conocía, le hizo extensivo el pedido de la madre del sacerdote, y este aceptó.

“Fue a verla, se confesó con él y lo hacía de modo habitual. Entonces, ahora que este sacerdote se encontró con el papa Francisco, el trato fue como siempre había sido. “Carlos, ¿cómo está tu mamá. Ahora tendrá que venir a Roma para que la pueda confesar”, relató Cipriani.


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