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27/01/13 - 00:00 Revista D

Un futuro limpio

El agua, el sol, la energía volcánica, el viento y hasta el estiércol de ganado, pese a ser un gran potencial para el país como fuentes de energía limpia y renovable, que han permitido llevar electricidad y biogás a cientos de hogares guatemaltecos de las áreas rurales más alejadas, no han sido explotados al cien por ciento.

Un estudio del Ministerio de Energía y Minas (MEM) del 2012 calcula que el potencial de recurso hídrico del país es de seis mil megavatios, y el de energía geotérmica es de mil megavatios. De este solo se aprovecha el 14.8 por ciento. Cifra que contrasta con la cantidad de hogares que carecen de energía eléctrica y utilizan leña para cocinar.

A la fecha, el déficit energético se cifra en unos dos millones de habitantes que no cuentan con este servicio en sus casas. Estos se encuentran en los municipios más alejados de Alta y Baja Verapaz, Petén, Izabal y algunas zonas al norte de Quiché, según datos del MEM.

El segmento representa cerca de 520 mil hogares. El departamento con menor cobertura eléctrica a escala nacional es Alta Verapaz, con 36.8 por ciento.

Existen, sin embargo, opciones novedosas en el mercado energético que, en pequeña escala, han significado una diferencia en comodidades, además de constituir un ahorro para las comunidades más pobres. No está de más indicar que estas no forman parte del sistema nacional interconectado.

Beneficios

Una de las políticas energéticas del país es diversificar la matriz de generación y priorizar el uso de las energías renovables. En la actualidad, estas representan solo el 36.3 por ciento del parque generador, entre hidroeléctricas y geotérmicas.

Los beneficios de su aplicación son múltiples. Para el ambiente, reducen las emisiones de C02 y otros gases contaminantes, no generan residuos, son inagotables y evitan la dependencia del petróleo al contar con recursos propios, mejorando los precios del mercado.

Varios proyectos hidroeléctricos, no obstante, han sido rechazados por las comunidades y algunas organizaciones ecologistas. Los que a continuación presentamos, a manera de ejemplo, pues no son los únicos, son los que han sido aceptados por los pobladores.

Más focos, menos candelas

Juan Fermín Rodríguez y Manuel Aguilar son dos jóvenes guatemaltecos que hace más de dos años fundaron la empresa Quetsol. Su objetivo es llevar electricidad con paneles solares a los hogares más apartados de las áreas rurales.

Después de haber ganado una competencia internacional que les generó el capital semilla, a la fecha llevan tres mil viviendas electrificadas en más de 300 comunidades de 18 departamentos.

“Trabajamos con las familias más pobres del país en los departamentos más necesitados: Alta y Baja Verapaz, Petén, Quiché, Izabal y Escuintla”, indica Rodríguez.

Las razones de la rápida expansión se deben al diseño de un sustituto para las candelas. “Son nuestro principal competidor”, afirma.

Según Rodríguez, una familia gasta en promedio Q3 diarios en candelas. Al mes son Q90. Adicionalmente, todos tienen celulares, tan importante para ellos como tener energía eléctrica. Entonces, las personas caminan, una o dos veces por semana, al poblado más cercano para que les carguen el celular y pagan Q5 por este servicio. “Estamos hablando de aproximado de Q130 al mes que, prácticamente, tiran a la basura, y que representa entre el 5 y el 10 por ciento de los ingresos mensuales de una familia”, comenta Rodríguez. “Nuestro sistema les ofrece un kit de electricidad para dos o tres focos, más la carga necesaria para el móvil por Q90 al mes”, explica.

“Además de energía eléctrica por cinco horas, estamos seguros de que las familias que emplean este sistema mejoran su productividad, calidad de vida y ahorran un 35 por ciento”, afirma Rodríguez.

Quetsol comenzó como proveedor de tecnología en alianzas estratégicas con microfinancieras y cooperativas de crédito local. No obstante, esto no les ha permitido crecer al ritmo de la demanda. “Tenemos muchas más aplicaciones de lo que estas instituciones están dispuestas a dar seguimiento”, expresa Rodríguez.

Por ahora se encuentran en una transición del modelo de negocios para convertirse en proveedores únicos. “Instalo nuestro equipo en las casas de los clientes, y ellos pagarán por un servicio eléctrico cada mes”, dice Rodríguez.

La visión de estos empresarios es ancha y lejana. Planean alcanzar cien mil viviendas en los próximos tres años y replicar el arquetipo en Centroamérica y el mundo. “Ahora tenemos la oportunidad de que la gente más pobre del planeta, sin intermediarios, empiece su camino hacia el progreso de una manera sostenible”, afirma Rodríguez.

Desechos son energía

Otra emprendedora y creyente de la energía limpia es Alterna, microempresa que desde el 2010 impulsa un sistema de biodigestores en las áreas rurales. Esta aprovecha el estiércol de ganado para producir metano, el cual tiene un doble uso: gas para estufas y abono orgánico para los cultivos.

El sistema parte de una bolsa tipo invernadero sellada de forma tubular, que mide en promedio seis metros cúbicos y que contiene una mezcla de estiércol y agua que produce metano, el cual se transporta por una tubería especial a una estufa de dos hornillas.

Aunque el concepto no es una novedad, la tecnología y materiales utilizados han permitido mejorar la durabilidad del sistema. “La bolsa es una geomembrana de PVC”, explica Yomara Quiroa, coordinadora de proyectos de Alterna.

El equipo ha probado e instalado 15 biodigestores en Huehuetenango, San Marcos, Sololá y Quetzaltenango.

Josefina Bocel, ama de casa de la aldea Chaquijay, Sololá, es parte de una familia de ocho integrantes que fueron parte del plan piloto del proyecto.

Bocel asegura que sí están ahorrando. “Antes teníamos cilindro de gas, ahora ya no. Funciona bien, pues nos ha durado bastante”, dice.

También hay desventajas. Bocel cuenta que cuando hay mucho viento hay dificultad con la llama, y cuando se acaba la producción de biogás, hay mal olor en la cocina.

“El objetivo es el ahorro de propano y leña para cocinar en el hogar”, indica Quiroa, aunque reconoce que eliminar esta práctica es un proceso difícil, pues hay barreras culturales.

La inversión en este sistema es de Q8 mil, con un capital mixto en el que la familia aporta el 30 o 40 por ciento del costo. Varias fundaciones son las que proporcionan el resto, según Daniel Buchbinder, gerente de Alterna.

Las abuelas electricistas

En el 2011 la comunidad de Rubelcacao y Centro Dos, Lívingston, Izabal, implementaron un modelo de electrificación con paneles solares con equipo donado por Taiwán.

Enviaron a capacitar a dos mujeres de la comunidad en la instalación y mantenimiento de este sistema a la India. Desde aquella época, a Marta Lidia Ramos y Santos Saturnina, una analfabeta y la otra con escasos conocimientos para leer y escribir, se les ha llamado las abuelas ingenieras.

Armando Calel, coordinador de Incidencia Política de la Asociación Intercomunitaria Indígena para el Desarrollo y la protección del cerro 1019, cuenta que la experiencia ha sido positiva.

“Funciona de maravilla, no da problemas”, afirma Calel. En cuanto al ahorro, asegura que una familia gastaba en queroseno unos Q70 al mes. Con luz solar, no gasta nada.

Sin embargo, también ha habido tropiezos. Una de las señoras “se endiosó un poco”, señala Calel, por lo que la comunidad la desconoció. Así que se quedaron trabajando solo con una de ellas, a quien le instalaron un taller.

Para que el proyecto fuera autosostenible se previó que cada familia aportara Q40 mensuales; pero no todos los hogares cumplen con esta cuota, dada las condiciones de pobreza en que viven.

El año pasado se repitió esta experiencia con dos mujeres de San Juan Cotzal, Quiché, quienes fueron a capacitarse a la India.

Potencial

En otros puntos alejados del país se han desarrollado experiencias similares con centrales hidroeléctricas.

En Alta Verapaz, en las comunidades de Las Conchas, Seasir y Jolom Ijix, del municipio de Chahal, la cooperación japonesa inauguró en el 2012 tres microcentrales hidroeléctricas.

También hay un proyecto privado en el norte de Quiché, en manos de la Asociación Rijatzul Q’ij. Se ubica en la aldea Chel, San Gaspar Chajul, Quiché, y provee energía eléctrica a 10 comunidades aledañas.

Otros proyectos de energía geotérmica forman parte del sistema nacional interconectado y representan el 1.9 por ciento del parque generador nacional, según datos del MEM.

En cuanto a la energía eólica, solo se han desarrollado estudios en diferentes zonas del país, pero todavía no existen proyectos.

Al final, el objetivo de generar energía limpia, además de ser amigable con el medioambiente, es que la mayoría de los hogares de las comunidades más pobres y alejadas del país puedan tener la oportunidad de acceder al desarrollo y mejorar su calidad de vida de manera sostenible a un bajo costo.

“Transmisión es onerosa”

Edwin Rodas, viceministro de Energía y Minas, indica que actualmente esa cartera hace esfuerzos de cobertura eléctrica destinados a las áreas de Petén y las Verapaces. “La meta es alcanzar al final del período de gobierno el 95 por ciento de cobertura”, afirma.

Señala que el problema en el país es muy sui géneris, pues lo montañoso del terreno hace que instalar líneas de transmisión resulte muy caro para el inversionista. “Esto para llegar a una casa pequeña que va a consumir unos Q20 mensuales, que sin duda tendrán dificultad de pagar”, dice Rodas.

El viceministro reconoce que la electrificación rural debe ser una tarea del Gobierno. Sin embargo, indica que si bien la energía renovable es de beneficio, también tiene obstáculos que se deben vencer.

Uno de estos son sus costos de operación, por la alta tecnología que utilizan. Por ejemplo, la energía eólica funciona cuando hay viento, pero si hay mucho no opera, explica, por lo que se requiere que el viento sea estable. Además, los precios de licitación se encuentran en US$0.13 por kw/hora, mientras que el carbón sigue siendo el recurso más barato, que varía entre US$0.10 a 0.07 por kw/hora.

En cuanto a los proyectos de energía solar, Rodas comenta que lo importante es que sean sostenibles a largo plazo, pues conoce algunos casos en que estos no funcionan, por los costos de mantenimiento.

Si bien destaca las ventajas de apoyar la energía renovable, el funcionario afirma que esto no necesariamente significa abaratar los costos, al menos en el corto plazo.

De ahí la importancia de apoyar los proyectos de transmisión eléctrica para llegar a estas poblaciones —señaladas con rojo en el mapa de la página 19—.

Rodas destaca, no obstante, que Guatemala cuenta con el mercado eléctrico más desarrollado de Centroamérica. “Las inversiones de la última década han sido superiores al resto de la región, incluso Panamá”, asegura.

POR ANA LUCíA GONZáLEZ / D REPORTAJE CENTRAL



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