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06/01/13 - 08:45 Revista D

El genio de la curva

“Mi nombre es Óscar Ribeiro de Almeida de Niemeyer Soares. Me llaman Óscar Niemeyer. No sé por qué”. Así se presentaba este famoso arquitecto brasileño en un video publicado en YouTube.

POR ROBERTO VILLALOBOS VIATO

Niemeyer nació en Río de Janeiro el 15 de diciembre de 1907. Murió hace un mes —5 de diciembre del 2012—, con casi 105 años de edad. “La vida es un minuto que pasa deprisa”, mencionó en una entrevista para el diario español El País. Con esa misma rapidez, el mundo reaccionó ante su fallecimiento. Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, afirmó en un comunicado: “Hoy es día de llorar su muerte, de saludar su vida”.

La obra de Niemeyer

El arquitecto, después de haber ensayado con los trazos rectilíneos del Movimiento Moderno en sus primeros edificios de la década de 1930, decidió tropicalizar ese estilo sencillo, pero recto, demostrando que el material del siglo XX, el hormigón armado, además de sujetar, podía también expresar. “Cuando empecé a trabajar había una arquitectura rígida, con ángulo recto”, refirió. “La arquitectura es algo que tiene cierta fantasía, igual que la poesía”. El carioca, por eso, siempre apostó por la humanidad de la curva y la plasticidad de las formas libres.

Al principio colaboró para el urbanista Lucio Costa. En 1956, juntos dibujaron una ciudad entera, Brasilia, en el escaso plazo de un período legislativo. Así, en cuatro años, levantaron una catedral, ministerios, el Congreso nacional, el Tribunal Federal, la Cancillería y calles para los ciudadanos de la nueva capital. Un golpe militar, sin embargo, les restaron encargos y Niemeyer tuvo que salir exiliado a París, donde siguió diseñando.

En 1980 anunció su última fase como arquitecto, la cual se extendió por más de 30 años. Siempre sorprendente. Desde su estudio, en el 3940 de la Avenida Atlántica, en Copacabana, se puso al frente de numerosos proyectos, entre ellos el Museo de Arte Contemporáneo Niterói, un platillo volante de suelos fucsia y un perfil más que fotogénico. Ese es solo uno de tantos ejemplos.

“Sus edificios son hermosos, plásticos, bien proporcionados, dinámicos y blancos. Combinan la escultura, la funcionalidad y la ciencia con el arte”, lo halagó el artista británico Richard Rogers.


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