Iniciar Sesión
Registrarse
  Preguntas frecuentes
  |  
¿Olvidó su contraseña? 

06/01/13 - 08:50 Revista D

Gobernantes deben respetar a gobernados

Sus múltiples quehaceres culturales hicieron que Francisco Pérez de Antón la describiera hace algún tiempo como “una mujer del Renacimiento”, mas ella misma se describe en la introducción de su libro Juego de Espejos de la siguiente manera: “Mi oficio es la Historia, que es mi vocación, mi entusiasmo y mi fascinación es la Literatura y mi devoción la enseñanza”.

Siang Aguado de Seidner ha sabido cultivar variedad de disciplinas. Dirige el departamento de Educación de la Universidad Francisco Marroquín y tiene más de 25 años de impartir las cátedras de Historia de la Cultura Occidental, de América y de Guatemala. También Apreciación de la Literatura, y Lenguaje y Composición. Además, forma parte de varias asociaciones académicas y culturales en Guatemala.

En el 2009 creó la cátedra Salvador Aguado Andreut “Momentos fundamentales de la Humanidad”, en honor de su padre, doctor en Filología y Lingüística Indoeuropea, de quien heredó su amor por los libros y de quien afirma que fue su mejor amigo.

¿De dónde viene su nombre?

No tengo nada que ver con mi nombre, fueron cosas de papá. Como se sabe, mi papá era lingüista y filólogo. Cuando yo nací estaba estudiando lenguas neorrománicas y le gustó un nombre en sánscrito: Siang.

¿Qué significa?

Pues nunca lo digo. Cuando tuve uso de razón, todos los niños se burlaban o me molestaban por mi nombre. Entonces me dijo mi padre que era un nombre muy valioso y significativo —entonces no entendía eso—, quiere decir “soy tan pura y clara como la luz y el día”. ¡Qué es eso, pensé, y qué esperas de mí! Pues así debo haber sido cuando aparecí en el mundo.

¿Cómo sus padres migraron a Guatemala?

Durante la guerra civil española (1936-39) mis padres eran republicanos. Con la llegada de Francisco Franco al poder en 1939 se fueron a Toulusse, Francia. Vivieron de lo que podían hacer. Mamá limpiaba casas, cosía. Él hizo de barman. Para entonces Francia estaba en poder de los nazis. Allí nací yo. Ambos trabajaban en la resistencia con los belgas e ingleses. Nos tuvimos que ir para España, llegamos con nombre falso. Lo descubrieron y debimos regresar a París. Allá en la legación de Guatemala, lo incitaron a venir a este país a donde vino desde 1948.

¿Cómo fue la relación con su padre?

Fui hija única. Fuimos grandes amigos, muy cercanos. Siempre me decía que yo era su mejor amiga, y él era mi mejor amigo, además de mi madre.

Su padre supo cultivar en usted el interés por los libros. ¿Cuál es el secreto?

No hay secreto, es guía, orientación y mucho cariño. Papá, siendo yo niña, me contaba El Quijote como un cuento. Después me compraba el libro para niños, tendría 9 o 10 años. Así fui creciendo en lo que yo llamaba el “gabinete mágico de papá”, que eran todos los libros. Así me acerqué a los libros y se volvieron mis amigos. Todos los días leía algo.

Leía en voz alta

Sí, sobre todo la poesía. Todos los días leía un poema para sentir el ritmo, cadencia y la sonoridad. Como fui creciendo fui escogiendo mis lecturas. Leí la Generación del 98, después la del 27. Para mí fue parte de mi existencia.

¿Por qué decidió estudiar Historia?

Por lógica iba a estudiar Literatura, pues era lo que había vivido. Los profesores se entusiasmaron y decían “ahí viene Siang, la hija de Salvador, va a ser genial”. Entonces me asusté. Le dije a papá que no iba a estudiar Literatura, sino Historia, pues es un peso demasiado grande tenerte al lado. Me has ayudado mucho, pero mejor me voy a otro campo. Me gustaba la Historia sin olvidar la Literatura. Fui alumna de papá, que fue muy difícil, porque era muy exigente.

Cada vez los jóvenes tienen menos interés en la Historia. ¿Cómo transmitir su importancia?

Todo lo que vivimos es Historia. Le preguntan al abuelo sobre su pasado. La Historia nos hace crecer, porque nos permite entender que antes de nosotros hubo otros seres iguales que lograron grandes cosas y que gracias a ellos estamos aquí.

Somos como pequeños seres humanos que estamos encima de los hombros de todos los grandes humanos anteriores: los griegos y su filosofía, los romanos y sus leyes, la Edad Media y la formación de Occidente. Es saber por qué estamos aquí y cómo hemos llegado hasta ahora.

¿Es necesaria la lejanía para comprender el pasado?

El siglo XX es de gran riqueza. Hay partes que no podemos estudiar todavía porque son política, no historia. Está muy cercano. Hay que dejar la perspectiva histórica y podamos no juzgar, porque la historia no se juzga, sino al menos entenderla, aprenderla. Tratar, además, de ponernos los vestidos, la ropa y el sentimiento de esos seres de esa época que estudiamos.

Los profesores de Historia tenemos muchos métodos para enseñarla e investigarla. Hay varias escuelas como la francesa y la marxista, pero tenemos que despojarnos de nuestro mundo actual y ver las cosas desde donde surgieron.

Su ensayo escoge a varios líderes de Occidente. Si trasladamos ese liderazgo a las mujeres guatemaltecas, ¿a quiénes escoge?

De mujeres actuales me veo en dificultades; no hay muchas en la Historia. La mujer ha estado supeditada, no ha sido personaje principal. Dentro de la Literatura, escojo a mujeres fuertes y aguerridas como Luz Méndez de la Vega, defensora de la mujer, y Margarita Carrera. Se me escapan nombres. En la política, prefiero no opinar. Creo que las mujeres debemos mostrar lo que somos, no por ser mujeres, sino como seres humanos. Que tenemos tanto talento como los hombres, o mala fe.

Considera a Guatemala un país conflictivo, al analizar su historia reciente.

Falta perspectiva, aunque es un país que nos ha costado. Somos muy ricos en varios aspectos, el capital humano es maravilloso, la creatividad y el espíritu de trabajo, pero tenemos que unirnos más e independizarnos. Como he dicho, la independencia nos dejó libres, pero también solos.

Ahora vamos en ruta hacia la democracia con gran dificultad. Nuestra primera Constitución fue una copia de la de Estados Unidos, después copiamos la de Cádiz. Pero lo que creo que nos falta es que los gobernantes respeten a los gobernados y que traten de hacer algo por el país, y no solo por sus propios intereses. Esa es la dificultad.

¿Qué proyecto personal prepara?

Quiero hacer un estudio sobre el papel de la mujer en la Historia, porque ha habido un sentido misógino al considerar que la mujer es la causante de todos los males.

Además continúo dando clases y al frente del Departamento de Educación. Tenemos una carrera nueva que es Licenciatura en Educación y Emprendimiento.

La última parte de su ensayo aborda el mito del eterno retorno y las predicciones. ¿Qué la llevó a esto?

Me costó mucho trabajo. Siempre me ha llamado la atención la religión y el concepto religioso del mito. Para ello estudié a historiadores religiosos como Mircea Eliade.

Se ha visto esto en un plan despectivo, pero es muy importante, porque el mito sigue vivo en nosotros. Por ejemplo, Superman es un mito.

¿En qué se diferencia de la leyenda?

El mito es la creencia en seres sobrenaturales —dioses— y en lo que hicieron. Gracias a ellos crearon al hombre; por ejemplo, en el Popol Vuh el hombre fue hecho de maíz. Hay muchos mitos, sobre dioses y el fin del mundo. La gente sigue creyendo en esto, al igual que lo hicieron los pueblos primitivos. Dentro del mundo religioso el mito es el sentimiento de la religión. Hay que tomar en cuenta que en la religión está lo sagrado, ese ser misterioso y oculto, la presencia que asombra. Y lo profano, que es lo externo de la religión, el culto, los rituales.

En la religión se combinan el mito del eterno retorno, relativo a un tiempo cíclico; a la par de una historia lineal, que nos deja en libre albedrío y que finaliza con el fin de los tiempos.

¿Se ve a sí misma como una mujer del Renacimiento, como la calificó Pérez de Antón?

(Risas) Me sorprendió, aunque me sentí halagada. En el fondo no deja de tener razón, pues me preocupo por todo. No solo es la cultura, es la política, la ciencia, la tecnología.

Es justo lo que sucede ahora con la especialización.

Sí, nos estamos especializando demasiado y olvidamos muchas cosas. Las humanidades son fundamentales y deben estar como materia en todos los estudios académicos. De qué sirve un ingeniero si no sabe de dónde venimos. Hay que saber leer y desarrollar el gusto por la lectura. Esta nos va a enseñar a conocer a los demás. Yo después de leer un libro, aunque no me guste, ya no soy la misma.

POR ANA LUCíA GONZáLEZ /

PERFIL

  • Licenciada en Historia por la Universidad de San Carlos con estudios en Lengua y Literatura.
  • Directora del Departamento de Educación de la Universidad Francisco Marroquín y catedrática desde hace 30 años.
  • Autora del ensayo Juego de Espejos.


Más noticias de Revista D

Herramientas

Tags

© Copyright 2012 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.