Guatemala registra en su historial una serie de contradicciones sociales, desconexión entre los pensamientos y las acciones, de mucha retórica y de poca vida y eso no ayuda en nuestro crecimiento humano.
En los ámbitos religiosos se habla de resurrección, pero la realidad social experimenta un permanente viacrucis. Las promesas de los políticos que se turnan en el poder se quedan en eso nada más, en simples promesas. Un país en el que un buen porcentaje anda en caminos de cristiandad, pero también en situaciones sociales de escandalosa desigualdad.
El mercado y la publicidad nos presentan un mundo de ensueño y felicidad, mientras que en las calles cada vez pululan más pobres y necesitados. Los discursos y las palabras nos pintan una realidad, pero los hechos contradicen esas palabras.
Por un lado hay gran necesidad de desarrollo para el país y en lo particular para las familias, y sin embargo, se acrecentan los índices de desempleo. Muchas manifestaciones religiosas, pero poca atención al ser humano, muchas palabras y pocos hechos, grandes proyectos y pocas realizaciones, gran riqueza y mucha pobreza, pocos con todo y muchos sin nada. Tantas teorías educativas interesantes y actuales, y sin embargo, cuánto analfabetismo y prácticas educativas memoristas y acríticas.
Según el índice de desarrollo humano de las Naciones Unidas, Guatemala se encuentra en el puesto 133 de 187 países; esto quiere decir que Guatemala soporta pasiva y estóicamente el sufrimiento de las enfermedades, de la miseria y de la muerte.
No nos engañemos, el florecimiento y el progreso no es de todos y lo dramático de esta realidad es que el desarrollo de unos tiene como plataforma el subdesarrollo del resto. El caer en la cuenta de estas situaciones en las que vivimos y reflexionar sobre estos temas no significa abanderar alguna ideología determinada, sino que es simplemente constatar la realidad.
La otra Guatemala existe, existe el otro, el que vive orillado, ninguneado, el que sobrevive con lo mínimo. No nos dejemos apantallar por las apariencias, tenemos que estar bien ubicados, vivimos en un país de grandes contrastes, en donde nos impresionan los grandes edificios y centros comerciales, y sin embargo, estos están rodeados de cinturones de pobreza.
Cuánta necesidad tenemos de acercarnos a nuestra verdadera realidad para saber quiénes somos realmente, porque muchos vivimos en nuestra burbuja personal; bastaría simplemente con caminar un poco en nuestras calles para encontrarnos con muchos rostros sufrientes que demandad apoyo, atención y asistencia.
Urge en los guatemaltecos una conciencia humana y humanizadora que se niegue a la desigualdad escandalosa de la sociedad en que vivimos, porque es una sociedad con muchos rasgos de egoísmo y de exclusión, y por otra parte, recordemos que una sociedad desigual es una negación de la dignidad humana.
La peor actitud ante los índices de pobreza y de abandono es la indiferencia y la amnesia generalizada. Corresponde también a las nuevas generaciones de políticos y de empresarios el posibilitar más, el flexibilizar más y a la población en general jugar un papel más consciente y protagónico, buscando formas alternativas de desarrollo. Se trata de operativizar oportunidades, de tender puentes y de rescatar agonizantes.
*Profesor de filosofía Efpem/Usac
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