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26/05/13 - 02:00 Revista D

El largo camino de la alfabetización

Jocotenango, Sacatepéquez, es un municipio que en pocos días se sumará a la lista de 17 que han sido declarados libres de analfabetismo, lo cual significa que del cien por cien de su población, por lo menos el 96 por ciento sabe leer y escribir.

POR ANA LUCíA GONZáLEZ D REPORTAJE CENTRAL

Victorina Lobos, de 56 años, para subsistir vende helados en Jocotenango, y al preguntársele si sabe leer y escribir responde que sí, aunque confiesa que le cuesta un poco.

De manera coloquial se le solicita que lea algunos párrafos de un ejemplar de Prensa Libre. Pausadamente y con dificultad deletrea algunas oraciones. Después de intentarlo prefiere detenerse y contarnos que asistió a la escuela, pero tuvo que abandonarla para dedicarse a trabajar. Sin embargo, reconoce que le gustaría volver a estudiar, pero no sabe dónde alfabetizan.

Victorina es una de las muchas personas que con el tiempo, por el desuso de las técnicas de lecto-escritura, vuelven a ser analfabetas, y este es uno de los problemas que más afectan a todos los países. Según el Comité Nacional de Alfabetización (Conalfa), en Guatemala este fenómeno tiene un incremento del 3 por ciento interanual.

En el mismo municipio, en la aldea Vista Hermosa, cerca de la pila comunal encontramos a Sandra Samayoa, de 18 años, y al hacerle la misma pregunta reconoce tímidamente que no sabe leer ni escribir, que solo asistió un año a la escuela pero no fue suficiente para aprender. Ella también desconoce dónde funcionan los centros de alfabetización.

Esos testimonios se obtuvieron durante un breve recorrido por las calles, negocios y campo de futbol de esta pequeña comunidad. Conversamos con tres vecinos más, que fueron escogidos al azar, y todos aceptaron que no saben leer ni escribir, pero dos afirmaron que asisten a un centro de alfabetización. Uno de ellos es Víctor Hugo Gallina, 17, quien un tanto avergonzado y después de solicitar a sus compañeros de chamusca que se alejaran para responder, cuenta que no aprendió porque se capiaba de la escuela.

A pocas cuadras del campo de futbol, en una casa situada en las faldas de una colina, cinco mujeres de mediana edad concentran su atención en todo lo que dice su alfabetizadora. Ellas forman parte del proceso de alfabetización inicial que implementa Conalfa.

Ya recuperadas de la sorpresa por nuestra visita, cuentan que lo más importante de pertenecer a este proceso es que saben que tendrán mejores oportunidades de trabajo y podrán evitar ser engañadas con documentos como, por ejemplo, cheques.




Vea la infografía en PDF - 232 Mb


Beneficia y empodera

La mayoría de personas que asisten a los centros de alfabetización son mujeres, y según responden, saber leer y escribir les es útil en la vida cotidiana. Así se evidenció durante una visita que este medio hizo con personal de Conalfa a San Juan Tecuaco, Santa Rosa, poblado que, desde junio del 2012, goza de la categoría de libre de analfabetismo.

Para entonces se determinó que tenía una población de cinco mil 815 personas mayores de 15 años, donde quedaron 25 analfabetas (0.43%), de las cuales 15 se están alfabetizando. “Las otras 10 están muy dispersas”, explica Evelyn Álvarez, coordinadora municipal de Conalfa.

Onelia Ceballos, 48, asiste a la segunda etapa del programa; el año pasado aprobó la primera. Para demostrar sus destrezas de escritura toma un marcador y con mano temblorosa escribe su nombre sobre la pizarra. El calor y los nervios la traicionan, por lo que algunas gotas de sudor resbalan sobre su rostro. Sin embargo, dice sentirse muy contenta con este logro. “Es un beneficio, porque algo aprende una. Ahora me gusta trabajar en equipo y soy encargada del grupo de madres guía del bono seguro”, comenta.

Bertila Aceituno, 40, otra de las alfabetizandas, dice que una de sus mayores satisfacciones es que se siente más útil para ayudar a sus hijos con las tareas escolares. “Ya puedo leer un rótulo; antes me daba igual”, relata.

San Juan Tecuaco ha sido declarado libre de analfabetismo, pero el testimonio de Petrona de la Cruz, 54, originaria de la aldea Ijorca, demuestra que el programa no ha reclutado a todos. Mientras hace fila para recibir una bolsa de fertilizante del Gobierno, afirma que no sabe leer ni escribir y que no tiene “tiempo para aprender”.

De acuerdo con las entrevistas de campo, tanto los jóvenes como los adultos que no dominan esta herramienta básica de aprendizaje sienten pena o vergüenza al revelar su desconocimiento, contrario a quienes sí han aprendido a leer, que han mejorado su autoestima e incluso se han involucrado en actividades sociales.

Lucía Verdugo, oficial de Educación de Unesco Guatemala, considera que el proceso de alfabetización tiene un efecto positivo en la autoestima de las mujeres: “las empodera”.

“El solo hecho de decir con orgullo: ‘ya puedo escribir mi nombre’, aunque puede parecer una actividad menor, es muy motivador para seguir estudiando, porque las personas van adquiriendo autonomía para llevar a cabo trámites, asistir a las clínicas y algo muy importante, fortalecer su identidad”, afirma.

Este empoderamiento positivo lo resalta Verdugo con el testimonio de una joven de Totonicapán:

“Aprender a leer y escribir significó quitarme una venda de los ojos que no me permitía ver completamente. Al aprender comencé a ver el mundo de otra forma, comprendí muchas cosas que antes fueron desconocidas para mí. Me sentí más segura e independiente”.

Una larga batalla

Los esfuerzos para reducir el analfabetismo en el país datan de hace varias décadas, y cada uno de los gobiernos de turno han manifestado que han reducido este flagelo. Sin embargo, los datos siempre han sido puestos en tela de juicio por varias razones, entre ellas, el interés político.

Las cifras oficiales de Conalfa indican que cada año el analfabetismo se reduce, aproximadamente, un 1.5 por ciento. En 1987 —gobierno de Vinicio Cerezo—, el porcentaje era de 52.2 por ciento. En 1994 —Ramiro de León Carpio—, la cifra que se manejó fue de 38.75 por ciento, y 10 años después —Óscar Berger— se habló de 26.38 por ciento.

En la actualidad, según datos de Conalfa hasta el 2012, el analfabetismo es de 16.62 por ciento, lo cual equivale a que, aproximadamente, 1.5 millones de personas mayores de 15 años no saben leer ni escribir. Esta cifra coloca a Guatemala como el país centroamericano más rezagado y el penúltimo en Latinoamérica, solo por delante de Haití, según el informe de Desarrollo Humano Mundial del PNUD del 2013.

A escala mundial existe una treintena de países, entre ellos Noruega, Australia, Estados Unidos, los Países Bajos y Alemania, donde gracias a su alto índice de desarrollo humano este indicador ya no figura.



Libres de analfabetismo

Reuniones claves como el Foro Mundial sobre Educación Dakar 2000 permitieron fijar metas específicas, entre ellas “reducir los índices de alfabetización de adultos en Guatemala —para el 2015— en un 50 por ciento”, una meta que se está logrando, afirma Mérida, de Conalfa. En el 2000, el analfabetismo en el país era de un 31.67 por ciento, hoy es de un 16.62 por ciento.

Una de las principales dificultades para avanzar en este proceso, según Mérida, es que a muchos adultos ya no les interesa aprender, sobre todo en los programas de alfabetización bilingüe. “Este es un derecho; por tanto, no se puede imponer”, indica.

La Unesco prepara un estudio sobre las causas de la deserción en la alfabetización de adultos. Según Verdugo, una es que replican prácticas del sistema escolar. “El adulto se percibe infantilizado y llega un momento en que abandona el grupo”, expone. Por ejemplo, una persona mayor sabe cálculo matemático, pero no sabe escribirlo. No es que adquiera el conocimiento, mas bien lo estructura”.

Para la experta de Unesco, el trabajo de Conalfa está bien hecho. “Los índices de analfabetismo van a reducirse en la medida en que los servicios educativos mejoren su cobertura y calidad”, asegura.

La cobertura en nivel primario tendrá implicaciones en el índice de alfabetización de las nuevas generaciones. Es decir, se trata de un proceso que con seguridad irá cada vez mostrando mejores resultados”, sostiene.

En el largo plazo sugiere dos soluciones que podrían marcar la diferencia: democratizar la lectura y actualizarse hacia la alfabetización digital.

El próximo paso será declarar departamentos libres de analfabetismo. A este ritmo, quizá para el 2021 Guatemala pueda ser declarado un país libre de analfabetismo, pero las estadísticas y la realidad no coincidirán.

¿Qué es la  alfabetización?

En el informe de la reunión de expertos sobre evaluación de la alfabetización, aparece una definición de este proceso, proporcionada por la Unesco, que pone de relieve el uso y el contexto en que se presenta: “La alfabetización es la habilidad para identificar, comprender, interpretar, crear, comunicarse y calcular, usando materiales impresos y escritos asociados con diversos contextos. Involucra un continuo aprendizaje que capacita a las personas para alcanzar sus metas, desarrollar su conocimiento y potencial y participar plenamente en la comunidad y en la sociedad ampliada”.

En Guatemala,  los requisitos de país para extender un certificado de alfabetización incluyen: leer, escribir y cálculo matemático. Un dominio más   que en otros países latinoamericanos.

 Conalfa: entidad rectora 

El Comité Nacional de Alfabetización (Conalfa) fue creado en 1986 como ente rector de la alfabetización nacional. En  ese entonces (1987), el índice de analfabetismo  en el país era de 52.2 por ciento.

Ellos se han  encargado de ejecutar el proceso de alfabetización, “así como de definir y aprobar las políticas y estrategias correspondientes”.

Conalfa está integrado por instituciones del sector público y privado. Participan por el primer grupo: los ministerios de Educación, Salud, Cultura, Trabajo, Gobernación y Desarrollo, y el rector de la Universidad de San Carlos. El sector privado lo integran el Cacif, la APG, cooperativas, sindicatos, colegios de profesionales y representante de universidades privadas. Ambos se reúnen una vez al mes. “Esto nos da credibilidad como institución”, dice Rosángela Mérida.

Los integrantes forman, a su vez, el Consejo Directivo, que tiene cinco representantes: los ministros de Educación y de Trabajo, el Cacif, cooperativas y sindicatos, quienes  se reeligen cada dos años.

Su fundamento legal está en la Ley de Alfabetización (decreto  43-86), sus reformas (decreto 54-99) y su reglamento.

Este año manejan un presupuesto de Q218 millones, que corresponden al 1 por ciento de lo asignado al Ministerio de Educación. La cifra  se fijó desde el 2008. El Consejo cuenta  con una planilla de 862 puestos del renglón 022, y cinco asesores. En el 2012  tuvo a su cargo 12 mil 184 alfabetizadores. La estrategia de  penetración social se hace por medio de los líderes comunitarios.

Los alfabetizadores reciben capacitación por  cuatro días, que luego es certificada por Unesco. Perciben Q700 mensuales por dos horas diarias, durante  ocho meses.

 Mediciones

El Plan Iberoamericano de Alfabetización (PIA 2007) logró definir   que para  declarar un territorio libre de analfabetismo, por lo menos el  96 por ciento de la población debe saber leer y escribir.  “El 4 por ciento de remanente engloba poblaciones con discapacidad severa, movimientos migratorios, a las  mayores de 75 años, dependiendo del país, y otros”, dice Rosángela Mérida, de Conalfa. “Esto explica por qué ningún país está libre de tener personas analfabetas”, indica.

Mérida  aclara  que la forma de medir este fenómeno varía de un país a otro. En   Venezuela, por ejemplo,   sacaron  de sus estadísticas a los mayores de 65 años y el proceso de  alfabetización se suspendió.

En Guatemala, para declarar un territorio libre de analfabetismo se parte de un muestreo estadístico elaborado por Conalfa y las  alcaldías. Este se corrobora con las proyecciones de población del Instituto Nacional de Estadística (INE), y   la declaratoria oficial la hace el presidente de turno, acompañado de autoridades del Ministerio de Educación  y  el  representante de Unesco en Guatemala.

Gustavo Arriola, consultor del Índice de Desarrollo Humano (INDH) del Programa de las Naciones Unidas, comenta que los países más desarrollados utilizan otro parámetro de medición, el denominado Alfabetismo funcional y que consiste en medir la capacidad de la persona para aplicar sus conocimientos en situaciones habituales como  leer códigos e interpretar gráficas. “De manera que solo medir lectoescritura va quedando atrasado”, expone.

 Pasos y seguimiento

El programa de alfabetización nacional se divide en dos etapas: inicial y postalfabetización. Esta última,  en los niveles de homologación para 3o. y 6o. primaria. Cada una con ocho meses de duración.    

La fase inicial  de enseñanza consta de cinco pasos: lectura de la imagen, palabra generadora, familia silábica, composición de palabras y formación de frases y oraciones, comenta Irma Cano Felipe, alfabetizadora de San Juan Tecuaco.

 La fase de postalfabetización implica adaptarse más al  adulto. “Estructuran su conocimiento, no lo adquieren”, aclara Lucía Verdugo.

 Esto pudo presenciarse en una clase de alfabetización en Palín, Escuintla, donde 12 jóvenes y adultos compartían experiencias sobre leyendas de Guatemala, al   homologar sus cursos para 6o. primaria.

Rosángela Mérida indica que han desarrollado hasta 12 metodologías para población inicial, de acuerdo con la realidad de cada grupo: rural, urbano y demás.

También se incluye el método cubano “Yo sí puedo”, el cual garantiza el aprendizaje en tres meses. Sin embargo, para  los técnicos de Conalfa esto es un sueño. “Lo mínimo que nos toma son cinco meses”, indica Mérida, y solo se aplica en  Santa Rosa y Retalhuleu. 

Los programas incluyen enfoques variados y estratégicos como la bialfabetización, que atiende en 17 idiomas mayas, orientación ocupacional y Alfasán, que se enlaza con prácticas de seguridad alimentaria, en  Chiquimula, y de cuidado ambiental, en Quiché.

 Cifras regionales

Los datos centroamericanos más cercanos —año 2012— reflejan que  El Salvador, el Plan Nacional de Alfabetización Vamos a la Escuela muestra un alfabetismo de 13.23%..

En Honduras, el indicador es de 14.9%. Las nuevas reglas educativas han propuesto involucrar en la alfabetización a los colegios privados.  

Costa Rica es el mejor posicionado en la región con 4%, de analfabetismo. Se encuentra entre los países más avanzados de la región junto a Argentina, Cuba, Uruguay y Chile.

Nicaragua fue declarado territorio libre de analfabetismo después de alfabetizar a medio millón de personas. Según el diario La Prensa de Nicaragua, desde 2009 se abandonó este proceso y se cuestionan sus cifras.


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