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06/01/13 - 08:55 Revista D

Manos y voces virtuosas

Las pequeñas manos de Ábner Xiquín mueven con destreza el arco contra las cuerdas del violín. A sus 6 años, interpreta una pieza llamada Venid pequeños niños, junto a sus compañeras Tamar Patzán, de 8, y Stefanie Subuyuj, de 11. El virtuosismo de Xiquín lo convirtió en ganador del campeonato nacional de violín, en su categoría, en junio del 2012.

POR ANA LUCíA GONZáLEZ

Xiquín y sus compañeras forman parte del programa de música infantil Suzuki, auspiciado por la organización Visión Mundial, el cual emplea la metodología del mismo nombre. Este funciona en el Centro de Desarrollo Artístico Infantil en la comunidad de Zet, San Juan Sacatepéquez, Guatemala.

El programa le ha abierto nuevos horizontes a aproximadamente 200 niños de esta comunidad, que a pesar de estar en jurisdicción del departamento de Guatemala se caracteriza por sus escarpados caminos de tierra de una sola vía, sin acceso a los servicios básicos y su población vive en pobreza y pobreza extrema.

Programa variado

El Centro de Desarrollo Artístico comenzó a funcionar en el 2004 por iniciativa de una familia estadounidense que lo financió durante cuatro años.

Martín Corleto, director de la orquesta y del programa, explica que este se inició como un proyecto orquestal, aunque ahora ha crecido y se ha diversificado.

La orquesta Sonidos de Esperanza es el programa más antiguo. Tiene unos 40 integrantes con sus respectivos instrumentos. Cada uno de sus miembros ejerce roles de liderazgo, como organizar conciertos y participar en festivales, pero la mayoría son maestros que enseñan con el método Suzuki, señala el director.

Se suma el coro que lo integran cerca de 25 niños y jóvenes entre 10 a 16 años. Además, tienen un grupo de guitarra para unos 15 adolescentes, de los cuales tres son maestros Suzuki en este instrumento.

El programa de niños enmarca cinco áreas distintas. El grupo de violín, integrado por unos 40 niños de 3 a 10 años. Lo secunda uno de estimulación temprana, con 30 niños de 2 y 3 años. El tercero lo forman 20 pequeños que aprenden otros instrumentos, luego el programa piloto de piano con cinco integrantes de 3 años y, por último, un programa de danza que trabaja con un grupo de 10 niñas.

De esa cuenta, el proyecto suma cerca de 200 menores que asisten regularmente a ensayos los sábados. “No podemos recibir más niños, no nos damos abasto”, dice Corleto. “Somos tres maestros más 14 docentes internos”, indica, cada uno de ellos está capacitado y acreditado internacionalmente.

Corleto no oculta su satisfacción a pesar de la carga de trabajo. “Me ha cambiado la vida. Somos un proyecto de transformación y yo soy el primero en serlo”, sostiene.

Oportunidad

“Estoy feliz por tener un instrumento, porque no cualquiera lo tiene”, dice Ángel Aníbal Cojón, de 11 años. Su instrumento es el violonchelo y aprendió a interpretarlo hace dos años. Estudia 5o. primaria y sostiene que su autor favorito es Juan Sebastián Bach.

Herber Sian, de 16 años, es parte del coro y dice sentirse bien de ser parte del grupo, pues este le ha dado la oportunidad de ir a muchos lugares.

Además de la destreza musical, los niños Xiquín, Subuyuj y Patzán afirman que les ha ido bien en sus estudios y han mejorado sus calificaciones. Xiquín empezó a los 3 años, cuando practicaba violín simulando con una caja de cereal.

A pesar de las dificultades, algunos de ellos han sobresalido, como Héctor Pirir, quien ahora es miembro de la Sinfónica Nacional, cuenta Francisco Chévez, de Visión Mundial.

El programa Suzuki ha logrado continuar a través de la presentación de conciertos que ayudan a financiarlo. Ahora planean expandirse a los municipios de San Raymundo y Palencia, Guatemala. Para Chévez, la idea principal de todo este esfuerzo es que dé frutos formando personas de bien. “Nos interesa su desarrollo espiritual”, subraya.

El método mágico
El método Suzuki basa el aprendizaje musical partiendo del mismo modo con que se aprende la lengua materna, por estímulos auditivos, explica Martín Corleto. Fue creado en la década de 1940 por Shin´ichi Suzuki, un japonés que consideraba que cualquier niño puede desarrollar la habilidad musical si se le entrenaba correctamente a partir de la práctica y la repetición.

Parte de la idea es crear un ambiente adecuado en los niños, donde los padres son muy importantes como educadores y motivadores.

Se ha determinado que el aprendizaje de la música desarrolla otras habilidades cerebrales como memoria, creatividad, matemática, lectura y psicomotricidad, además de valores como la autoestima y la disciplina.


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