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21/07/13 - 00:00 Revista D

Pueblos compartidos

La belleza de Guatemala es tal que muchos visitantes deciden quedarse a vivir en estas tierras.La mayoría de estos participa del comercio local y la oferta turística como medio de sobrevivencia.

Los lugares que más llaman la atención de los extranjeros son Antigua Guatemala, Sacatepéquez; Flores, Petén; Panajachel, Sololá; Monterrico, Taxisco, Santa Rosa, y en menor escala, Chichicastenango, Quiché.

“Desde el siglo pasado, Guatemala ha sido atractivo para viajeros de cierto estatus social, pues vienen a aprender sobre cultura, en medio de un ambiente de exuberante naturaleza”, indica el sociólogo e historiador Aníbal Chajón.

Un caso paradigmático

La hoy Antigua Guatemala fue nombrada Capital del Reino en 1543 y luego de los terremotos de 1773 quedó en ruinas, pero con la característica de que nunca dejó de ser habitada. El 26 de octubre de 1979 la Unesco la declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad, lo que la posicionó como un destino de alta jerarquía.

Desde principios del siglo XX, Adolfo Clark, ejecutivo de la empresa ferroviaria de la International Railways of Central America (Irca), vio el potencial del territorio nacional para el turismo y diseñó el primer circuito que incluía a Panajachel, Antigua y Chichicastenango.

Su aire de antaño, arquitectura y el ambiente de tranquilidad ha hecho que muchos extranjeros hayan decidido quedarse en la ciudad. “Vivir en la antigua capital es más que adquirir una casa, también es un compromiso con la comunidad local, con las normas de conservación y la renuncia a ciertas comodidades modernas”, indica Lizbeth Barrientos, de la Cámara de Turismo de Guatemala.

Entre los efectos de la cohabitación de extranjeros y propios está la revalorización del precio de las propiedades, lo que ha sucedido inevitablemente afectando a quienes tienen menor capacidad económica. Una casa en el Centro Histórico, por ejemplo, puede llegar a costar US$2 millones 300 mil —Q18 millones, aproximadamente—.

Aunque el territorio que ocupa tiene límites que indican hasta dónde se puede construir, la intervención de las inmobiliarias ha provocado el alza en los precios y obstaculizado a los antigüeños la compra de terrenos.

“Las posibilidades de expansión residencial se han dirigido hacia el sur y el suroccidente del valle, áreas que no están incluidas en el plano original de la urbe”, indica Enrique Verdúo, historiador y miembro del Comité de Conservación de Antigua.

Afortunadamente, afirma el historiador, los extranjeros están bastante involucrados en organizaciones sociales que trabajan en beneficio de la ciudad y su población, en la preservación y la ayuda filantrópica a los menos afortunados.

En Antigua Guatemala, aproximadamente, el 40 por ciento de las propiedades han sido adquiridas por extranjeros, el 50 por ciento pertenece a los antigüeños y un 10 por ciento a guatemaltecos de la capital y de otros departamentos, según calcula Verdúo. Además, los registros del Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat) indican que durante el 2012, 454 mil personas se hospedaron en la ciudad.

Un caso particular

Monterrico, en Taxisco, Santa Rosa, es considerada una de las playas más bellas del país y un destino turístico muy popular. Hace unos 150 años, cinco familias se asentaron en un bosque rico en flora y fauna, razón de su nombre, donde no necesitaban dinero debido a que practicaban el trueque, pero después de 1977, cuando fue declarada Área Protegida por la Universidad de San Carlos, el turismo empezó a llegar con más afluencia, incluso desde el extranjero.

“Hace años, debido a la poca población del lugar, las personas acudían a la Municipalidad a solicitar un terreno, el cual se les adjudicaba sin ningún costo luego de pocos trámites. Actualmente, las áreas a la orilla de la playa pueden costar desde Q1 millón”, afirma Juan Manuel Aguilar, secretario municipal de Taxisco, Santa Rosa.

A diferencia de Antigua, donde la mayoría de vecinos trabaja en la capital, en Monterrico los pobladores deben ocuparse del turismo. Aunque también se practica la pesca y la agricultura, los productos están destinados a la misma industria.

Según datos de la Municipalidad de Taxisco, el 70 por ciento de la playa de Monterrico está en posesión de extranjeros y tres mil 667 residentes del lugar y otras aldeas aledañas no son guatemaltecos.

Matilde Cuéllar, descendiente de una de las familias fundadoras y concejal primero de la alcaldía de Taxisco, indica que en los 20 kilómetros de playa que tiene el departamento habitan tres mil 500 guatemaltecos.

“Este fenómeno de la propiedad puede dar la impresión de que al final de cuentas, los nativos se vuelven extraños”, acota Cuéllar.

Más al norte

Hacia 1700 se inició la construcción de primer templo católico en el área que hoy se conoce como la isla de Flores. Años antes, en 1525, Hernán Cortés había descubierto la ciudad habitada por los itzaes, pero fue hasta 1697 cuando Canek, su último rey, fue vencido en la batalla por la conquista.

La ciudad de Tikal, rica en vestigios mayas, estaba olvidada hasta que la Universidad de Pensilvania inició su restauración en 1959, y fue hasta 1979, al ser declarada Patrimonio de la Humanidad, que se ubicó en el mapa del turismo mundial con gran auge y con esto empezó a captar turismo. Claro, un poco antes, en 1970, también influyó la construcción de la carretera Flores-Poptún-Guatemala.

Mucha de la gente que vino para conocer Tikal se quedó a vivir en Flores o en Santa Elena donde hoy una propiedad puede valer desde Q225 mil a Q1 millón 200 mil.

“Los extranjeros que viven en la cabecera, compuesta por la isla y la aldea de Santa Elena, representan el 20 por ciento de la población, pero la mano de las empresas de bienes raíces que especulan con los precios se puede notar”, expresa Asunción Morales, historiador local.

Este destino cumple con los requerimientos básicos para el turismo, como una carretera en buen estado, servicios accesibles y un aeropuerto, a pesar de ello, los pobladores también se dedican a otras actividades económicas como el comercio, la ganadería y la agricultura.

Alrededor del lago

Uno de los lugares más bellos del país es el Lago de Atitlán, Sololá, antiguo reino maya compuesto por tres etnias: tzutujil, cakchiquel y quiché, a este lugar llegó Pedro de Alvarado en una de sus primeras incursiones al territorio.

La historia cuenta que en 1547 fueron fundados varios de los pueblos cercanos, como Panajachel, Santiago y Sololá.

En la década de 1970 y con la construcción de la carretera, también aumentó el turismo en esa región, con la particular característica de que en esa época, los adeptos a la cultura hippie venían al país buscando vivir con poco dinero y encontraron en la cuenca del lago el lugar ideal para su propósito.

Los años de conflicto interno hicieron que los visitantes extranjeros disminuyeran considerablemente.

A partir de 1986, con la democratización del país, el flujo turístico volvió a incrementarse, pero a esta región también llegó el turista joven, que puede vivir con poco dinero y que gusta de la naturaleza, extendiendo su estadía al máximo de sus posibilidades.

Los municipios donde se puede apreciar este fenómeno son Panajachel, San Antonio y Santa Catarina Palopó, San Pedro y San Marcos La Laguna.

Tomás Chiviliú, alcalde de Santiago Atitlán, indica que algunos extranjeros ya jubilados en su país vienen a radicar en este sector y luego de adquirir un terreno se dedican a trabajos de sobrevivencia, como tintorería, elaboración y venta de textiles, pero están debidamente registrados.

En algunas poblaciones como San Marcos La Laguna, la mayoría de servicios como hoteles y restaurantes están en propiedad de extranjeros, dejando pocas opciones de negocio a los lugareños quienes se ocupan de atender tiendas de abarrotes, transportes, la agricultura y la pesca.

De tal manera que los locales se ocupan del comercio en menor escala o la oferta de turismo comunitario.

En Panajachel, una casa moderna de tres cuartos y una sola planta cuesta aproximadamente Q1 millón 700 mil.

Buenos ciudadanos

Chajón aclara que los extranjeros que deciden vivir en el país no necesariamente se convierten en residentes permanentes, algunos visitan sus casas por temporadas y otros, aunque llegan a obtener la doble nacionalidad, no permanecen por más de cinco años; sin embargo, regresan de tiempo en tiempo.

En opinión de Barrientos, el Gobierno no ve con malos ojos que los extranjeros vivan en el territorio, porque en general son buenos ciudadanos, pagan sus impuestos y algunos generan empleo para los vecinos o contribuyen con el desarrollo de la comunidad en donde viven.

Quién nos visita

Las estadísticas del Instituto Nacional de Turismo indican que el visitante que llega a Guatemala tiene las siguientes características:

Tiene de 25 a 44 años y la  mayoría tiene estudios universitarios,  y vino al país por recomendación de familiares o amigos. Sus gastos principales son en alojamiento, comida o bebidas y compra de artesanías.

Aunque provienen de todas partes del mundo, la mayoría son europeos, y visitan principalmente la capital, Antigua Guatemala, Panajachel, Tikal y Quetzaltenango, en ese orden de importancia.

La razón principal de su visita es el turismo de ocio, visitas a familiares  y por trabajo o negocios.

Llegaron para quedarse

La convivencia entre los locales y los nuevos vecinos también tiene aspectos muy positivos, pues la mayoría de estos están organizados y contribuyen al desarrollo social.

En el tema de conservación natural, Monterrico es un buen ejemplo, ya que puede resaltarse el caso de Thomas Stutzer, quien lidera actividades de conservación de la tortuga marina, desde el 2009. Además, es un activo colaborador del desarrollo turístico, comunitario y la capacitación para que los vecinos practiquen otras actividades comerciales.

Enamorados

En la isla de Flores, Peter Krause es muy conocido por los lugareños. Siendo de origen alemán, confiesa que la naturaleza le jugó una broma al hacerlo nacer en aquel país, ya que desde que vino a Guatemala supo que era aquí donde debía vivir. Junto a su socio Niklas Dittmann administran una lancha-restaurante llamada TziminChac, la cual es una de las más pintorescas del lago Petén Itzá, y se ha convertido en un atractivo obligado para los turistas.

Además se debe agregar que las comunidades locales no cumplen de la mejor manera con los estándares de atención a los turistas, lo que hace que la oferta de servicios de los extranjeros sea más confortable al viajero.

Lo anterior  contribuye a que la antigua opción de la “tarifa chapina”, haya desaparecido, y los paseantes locales se vean obligados a elegir las temporadas bajas para viajar a la provincia cuando no todos los servicios están disponibles o no existe una gran variedad de opciones para elegir.

POR ISABEL DíAZ SABáN / D REPORTAJE CENTRAL

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