Iniciar Sesión
Registrarse
  Preguntas frecuentes
  |  
¿Olvidó su contraseña? 

13/01/13 - 00:00 Revista D

Reflexiones ante el inicio del ciclo escolar

Guatemala es de los pocos países donde el ciclo escolar se inicia en enero. En otros principia en marzo y finaliza en diciembre o en septiembre y concluye en junio. En muchos se trabaja en jornada doble, los días y horas que dedican a la escuela cada vez son más. Los maestros están mejor preparados y pagados. Todos están conscientes de que la educación en una sociedad constituye un fuerte componente que propicia el desarrollo de la sociedad. Bien lo decía el educador español Fernando Savater: “Sin una buena escuela no puede haber más que una malísima sociedad”.

Nuestra realidad es muy distinta, iniciamos el ciclo inmediatamente después de las fiestas de fin de año. Un día después de la Navidad, los supermercados y otros negocios ya anuncian los útiles escolares. Los padres de familia después de tanto gasto de la época, tienen que hacer grandes esfuerzos para comprar los útiles.

El Gobierno al final del año ya no pudo invertir en las escuelas y tampoco al inicio de este 2013, debido a que la ejecución del Presupuesto se habilita, aproximadamente, a mediados de febrero. Los problemas comunes serán la falta de pago de servicios, sobrepoblación, carencia de mobiliario y equipo, falta de materiales educativos, aulas y refacción escolar.

Para muchas personas del área rural el periodo de clases coincide con los de siembra y cosecha, y los niños deben ayudar en la economía familiar trabajando con sus padres en sus propias tierras o en fincas de la Costa Sur y áreas fronterizas, por lo que se ven en la obligación de dejar la escuela por un tiempo.

A pesar de este panorama, es importante resaltar que el papel de la familia en la educación de los hijos es fundamental, es la encargada de la llamada socialización primaria. En el seno del hogar es donde los niños y niñas deben aprender lo elemental como: comunicarse, saludar, agradecer, jugar, respetar normas, distinguir entre lo bueno y lo malo, vestirse, compartir, obedecer a los adultos, entre otros hábitos básicos.

Si la familia juega su rol como debe ser y desarrolla esas aptitudes elementales, la escuela y otras instituciones de influencia secundaria seguramente tendrán un trabajo más fácil; caso contrario, la situación se complicará. Si la familia no juega bien su rol, la escuela tendrá que esforzarse por nivelar lo que la familia no pudo hacer. Situación que no es fácil.

En la actualidad muchas familias delegan a la escuela la responsabilidad de la educación de los hijos; debemos estar claros que la escuela es la responsable de hacer un trabajo complementario. Lamentablemente muchas familias le asignan a la escuela la responsabilidad de lo que ellas no han sido capaces de hacer. Es típico escuchar de los padres cuando un niño se comporta mal frases como “¿qué te están enseñando en la escuela?”, como si esta fuera la responsable de todo lo que los niños hacen.

Padres, recuerden que los hijos aprenden de lo que ven en la familia, de la forma como ustedes se tratan y a las demás personas. La escuela es un espacio donde en forma más estructurada y formal se organiza la enseñanza-aprendizaje, jamás podrá sustituir a un buen hogar. Estén al tanto de cómo les va en la escuela, den seguimiento, acompáñenlos en sus actividades, porque como padres no solo somos responsables ante ellos como hijos, sino también ante la sociedad.

Si como familias estamos aportando malos ciudadanos, no exijamos que el Estado componga esta sociedad que nosotros mismos estamos destruyendo.

*Doctor en educación

POR ÓSCAR HUGO LóPEZ* / PUNTO FINAL

Más noticias de Revista D

Herramientas

Tags

© Copyright 2012 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.