Iniciar Sesión
Registrarse
  Preguntas frecuentes
  |  
¿Olvidó su contraseña? 

Prensa Libre

03/02/13 - 00:00 Revista D

Arrinconados en el silencio

Pocos, pero los hombres también son víctimas de maltrato doméstico. Son la excepción que confirma la regla. Pero están ahí. De acuerdo con el Organismo Judicial (OJ), de enero a septiembre del 2012 se atendieron los casos de cuatro mil 455 hombres, contra la abrumadora cifra de 36 mil 172 mujeres. Apenas rondan el 11 por ciento de esa siniestra estadística. Esa es la razón que probablemente explique la ausencia de estudios profundos sobre los casos masculinos e incluso una menor ayuda ante su desgracia.

Esa minoría también sufre las consecuencias del rechazo social. “Hombres y mujeres son juzgados por su entorno”, dice Delia Castillo Godoy, asesora de la Unidad de la Mujer y Análisis de Género del Organismo Judicial (OJ). “Si una mujer hace una denuncia por maltrato, su misma familia la tacha de desleal. Si lo hace un hombre, se le cataloga de poco hombre, bruto o de que es incapaz de defenderse de una mujer”, explica.

Con Castillo Godoy coincide Amalia Mazariegos, del Instituto de la Defensa Pública Penal: “Nuestro contexto social tiene mucha carga machista. Existe un legado familiar con estructura patriarcal que impide que ellos denuncien a sus parejas, pues tienen temor a ser marginados”.

Lo cierto es que en Guatemala sí hay hombres maltratados por mujeres. El caso de Marco H., de 38 años, residente en Mixco, Guatemala, es ilustrativo. Hasta ahora afirma temer por su vida. “Mi expareja durante seis años me propinó varias palizas”, confiesa, vía teléfono.

Todo empezó como una clásica historia de amor. Cariños durante los primeros meses. Convivencia familiar. Planes para el futuro. Así, hasta que salió a relucir la verdadera personalidad. “No podía contestar llamadas de alguien más, peor si eran de una mujer. Me prohibió ver a mis amigas. Tampoco podía salir a divertirme, a menos que ella fuera conmigo. Luego me borró los números telefónicos de mi celular, incluso el de mis hermanas y mi mamá. Aún así, con el tiempo, accedí a vivir con ella. Creí que así cambiarían las cosas”, narra.

La realidad es que la situación fue de mal en peor. Empezaron los golpes. “Con lo que tuviera en la mano, desde lanzarme un plato hasta agarrar un cuchillo y tratar de usarlo contra mí”. ¿Los motivos? “Celos sin fundamento, principalmente”, asegura.

Cuando Marco H. se presentaba a su lugar de trabajo con un golpe en el rostro, inventaba cualquier excusa. Un accidente, por ejemplo. O solo se limitaba a callar, para no ser objeto de burlas. Eso mismo hace recordar lo que padecen las mujeres maltratadas. Ambos sexos sufren en silencio.

“Pobrecita. Ella es buena y me quiere”. Eso era lo que decía el hombre, separado desde hace ocho meses de su “yugo”, como le llama. “Prometía que no me volvería a pegar. Le creía”, cuenta.

La justificación

“Prometió no volverme a pegar”. Por ese motivo, en muchos casos, el agredido perdona las acciones de su opresor, a quien teme y quiere. Los expertos en violencia de género saben que eso, inminentemente, terminará en lesiones o muerte.

Marco H. denunció su caso en la Policía. ¿La reacción? Risas. “No creyeron que mi pareja me pegara. No me atendieron. No levantaron un solo dedo. Tuve que darme la vuelta e irme”, recuerda.

Castillo Godoy considera que debe haber un cambio cultural en las entidades del Estado. “Todos tenemos dignidad y merecemos respeto. Las denuncias, sin importar el caso y sin distinción de sexo, se deben atender. Hay que sensibilizar”, expone.

Otro ejemplo es el de Alejandro C. Aún está casado y no se atreve a denunciar, por miedo. Es enjuto y tímido. A su esposa la describe como físicamente fuerte y karateca, cuyas técnicas, dice, las practica contra él. “Cuando estoy fuera de casa, si es necesario, me llama hasta 30 veces hasta que conteste. Quiere saber dónde o con quién estoy”, explica. “No siempre me pega, pero lo que sí sucede a diario es el maltrato psicológico. Me dice que no sirvo para nada, que soy un idiota, poco hombre, o que hubiera sido mejor casarse con alguien más”, relata.

¿Por qué sigue con ella? “La quiero”, asegura.

“Es un círculo vicioso. Están tan acostumbrados a la violencia que creen que si su pareja les deja de pegar significa que ya no los quiere”, indica la psicóloga Mildred Valenzuela. “Todo esto es un coctel peligroso. Hombres y mujeres, víctimas y victimarios, lo repiten: dominación, amor, sumisión y miedo. Hay que acabar con eso”, insta.

Alejandro C., aparte del temor, prefiere no denunciar porque cree que su situación no sería tomada en serio.

¿Qué hacer?

En Guatemala no existe una ley específica que proteja a los hombres, como sí sucede con las mujeres. Pero esto tiene una explicación: “El maltrato contra ellas se da con más frecuencia. En la Ley contra el Femicidio se explica que es un fenómeno que se da en el marco de relaciones de poder, entre hombres y mujeres, donde ellos ejercen la autoridad”, comenta Castillo Godoy.

Sin embargo, la Ley para prevenir, sancionar y erradicar la violencia familiar, que data de 1996, protege a ambos sexos.

Una de las instituciones que brindan acompañamiento a las denuncias recibidas por maltrato intrafamiliar es la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH).

Delia Dávila, directora nacional de procuración de esa entidad, confirma la desproporción estadística de violencia entre ambos sexos. “Durante el 2012 recibimos denuncias de mil 220 mujeres, contra 438 de hombres. Ellos callan porque les da pena o sienten vergüenza de que otros sepan del maltrato que sufren. Prefieren ocultarlo”, explica.

En la PDH se dilucidan casos de todo tipo, desde violencia física hasta psicológica.

En ese lugar, así como en los juzgados de Familia, es frecuente encontrar situaciones en que las mujeres no permiten que sus exparejas vean a sus hijos. Eso también se cataloga como maltrato. “Ellos sufren por esa acción. Aquí se les da seguimiento para que puedan tener acceso a sus hijos, para que los vean y atiendan”, refiere Dávila.

La Procuraduría General de la Nación (PGN) también atiende casos de hombres, en la Unidad de la Mujer, el Adulto Mayor y Personas con Discapacidad. “Las denuncias se trabajan por medio de una ficha de datos donde constan las generalidades de la víctima y la narración de los hechos”, describe el comunicado enviado a esta redacción.

La PGN, aclara el documento, es una instancia conciliadora. Si no se logra resolver el problema, se aconseja a la víctima a acudir con abogados particulares, con el Bufete Popular de la Universidad de San Carlos de Guatemala, el Grupo Guatemalteco de Mujeres o al Instituto de la Defensa Pública Penal.

Otra organización que brinda atención a hombres y mujeres maltratados es el Programa de Prevención y Erradicación de la Violencia Intrafamiliar (Propevi), que tiene una línea telefónica especial para atender cualquier caso de maltrato (1515). Las denuncias también se reciben en sus instalaciones, en la 8a. avenida 31-40, zona 11, colonia Las Charcas.

En el 2012, esa institución atendió 76 denuncias de hombres víctimas de violencia doméstica, contra mil 139 casos contra mujeres.

Respecto de quiénes agreden a los hombres, en el 75 por ciento de casos es la conviviente; el 14 por ciento, por su expareja, y el 11 por ciento son producto de “otros familiares”, comenta Mareny Mérida, directora del Propevi, mediante un documento enviado por correo electrónico.

Asimismo, atiende el Ministerio Público (MP), a través de la fiscalía de la Mujer, la cual, de acuerdo a esa misma institución, debería llamarse “de la Familia”, pues reciben todos los casos relacionados con ese tema, incluso de violencia contra hombres.

Los falsos

Existen situaciones en las que los hombres, por canallada, denuncian a sus parejas y muestran golpes o aruños en el rostro y el cuerpo. “Hay que hacer una investigación minuciosa. Algunos de ellos, en efecto, muestran signos de violencia, pero son resultado de la defensa legítima de una mujer a quien agredieron”, cuenta Castillo Godoy.

En cualquier caso, el MP tiene la responsabilidad de investigar y llegar a las últimas consecuencias. Es importante, asimismo, erradicar la violencia intrafamiliar, sea contra hombres o mujeres de cualquier edad.


EL AGENTE 007, MALTRATADO

La violencia de género también sucede “en las mejores familias”. Uno de esos casos fue el de Roger Moore, el legendario protagonista de James Bond, quien tardó casi 65 años en admitir que fue víctima de  malos tratos de parte de su primera esposa, la patinadora Doom Van Steyn,  una relación que mantuvieron entre 1946 y 1953.

Según Moore, hoy de 84 años, su excónyuge lo golpeaba  con una tetera, su arma preferida. Afirmó, además, que aquellas disputas le dejaron profundas cicatrices físicas y mentales.

Hoy, el agente 007 es Embajador de Buena Voluntad de Unicef,  organización desde la cual promueve la erradicación de la violencia intrafamiliar.


SITUACIÓN MUNDIAL

Pocos países en el mundo toman en cuenta el maltrato contra los hombres. Holanda y Noruega son algunas de las excepciones.

Según datos de los ministerios de Salud y Justicia holandeses, el 40 por ciento de   casos de maltrato intrafamiliar son de hombres, aunque solo el 14 por ciento lo denuncia. Por ese motivo, hace cuatro años se abrieron varios centros para atenderlos, repartidos entre Ámsterdam, Rotterdam, La Haya y Utrecht.  Incluso, su gobierno autorizó €2.4 millones,  dirigidos a programas de protección y apoyo que se extenderán hasta el 2015.

“Cuando decidimos hacer visible el maltrato doméstico que padecen los hombres, estábamos ante un problema desconocido para la sociedad; es decir, ante hombres que no se atrevían a denunciar por vergüenza, porque hablar ‘atentaba contra su masculinidad’ y porque estaban convencidos de que no serían escuchados”, señala Cecilia Pérez Yánez, coordinadora del Centro de Ayuda a Víctimas por Violencia de Honor, de la organización Blijf Groep. “Tenemos evidencias suficientes para mostrar que la mujer puede ser tan violenta como el hombre”.

La idea de esos sitios es que los hombres que sufrieron maltrato se integren a la sociedad por medio de talleres de autoestima, cursos de capacitación laboral y programas de acceso a la vivienda. Además, brindan asesoría para que se castigue judicialmente a las agresoras.

En Noruega, en tanto, se ha habilitado un número telefónico especial para que los hombres puedan denunciar este tipo de abusos.

POR ROBERTO VILLALOBOS VIATO / REPORTAJE CENTRAL

Más noticias de Revista D

Herramientas

Tags

© Copyright 2012 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.