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28/04/13 - 00:00 Revista D

El corazón de Siberia

Tomsk es el principal centro universitario y de investigación de Siberia, y cuenta con una de las economías más pujantes de la región.

POR IGNACIO ORTEGA D VIAJES

Esta ciudad, de más de medio millón de habitantes, bañada por el río Tom, estuvo cerrada para los extranjeros hasta 1991. Sus casas, construidas la mayor parte en el siglo XIX, albergan actualmente viviendas, comercios, oficinas, bufetes de abogados, consultorios de médicos y dentistas, museos e instituciones oficiales.

“Son cerca de dos mil 500, aunque solo si se cuentan aquellas casas que tienen valor histórico o arquitectónico”, asegura Nikolái Nikolaichuk, alcalde de esta urbe siberiana.

Fueron diseñadas en diferentes estilos —barroco, modernista, gótico y ecléctico— y colores, y sus tallados y arabescos desafían la imaginación, en lo que parece que fue una abierta competición entre los comerciantes de la ciudad, que se gastaron auténticas fortunas en el empeño.

En resumen, una meca para los historiadores de la arquitectura popular y un paraíso para los turistas. Pero como el tiempo no pasa en balde, el Ayuntamiento se ha puesto manos a la obra para conservar este tesoro arquitectónico en madera de ley.

La más genuina de las calles de Tomsk es la que fue bautizada en honor del padre del anarquismo, Mijaíl Bakunin, quien estudió durante varios años en la ciudad.

Tiene apenas 700 metros y traslada de inmediato al visitante al siglo XIX, una época en la que el principal medio de locomoción eran los carruajes tirados por caballos. No es un decorado de cine, ni un museo al aire libre, sino una hilera de viviendas de madera con jardín donde están aparcados los automóviles de sus residentes. De hecho, aún se conserva en decentes condiciones la calzada de adoquines y cantos rodados por donde debieron pasar los primeros carros de la ciudad.

Como excepción a la regla, la calle incluye la única iglesia católica de la ciudad, que fue cerrada en 1937 y reabierta después de la caída de la URSS en 1991.

Al final de esta se encuentra el lugar donde los cosacos fundaron la ciudad en 1604 y construyeron la primera fortaleza. Tomsk fue un crucial puesto de avanzada en la conquista de Siberia por el imperio ruso. Una gran piedra conmemora la histórica fecha.

El lugar, que ha sido convertido en un mirador por ser el más alto de la ciudad, incluye una fortificación de madera hecha a imagen y semejanza de la original y el Museo de Historia de Tomsk que, como no podía ser de otra forma, está coronada por una preciosa torre de troncos que perteneció al servicio de bomberos local.

Con todo, la que esconde el mayor número de joyas arquitectónicas es la calle Krasnoarméiskaya. El emblema de la ciudad es la Mansión con Pájaros de Fuego, en alusión a las figuras de las estilizadas aves que adornan su tejado. El palacete, que fue restaurado con ocasión del 400 aniversario de la ciudad en el 2004, ya que estaba a punto de derrumbarse, incluye puntiagudas torres, aristocráticos frisos y dinteles, y una majestuosa buhardilla que le da un aspecto entre señorial y embrujado.

Al otro lado de la calle se encuentra la misteriosa Casa con Dragones, el nombre coloquial que le han dado los habitantes de la ciudad a los extraños animales que la adornan, mitad caballo, mitad reptil.

De clara influencia escandinava, ya que a los vikingos siempre les gustó colocar cabezas de dragón en sus casas y barcos, esta mansión tiene un aspecto muy austero y más parece un castillo o incluso una iglesia protestante. En realidad, el edificio recubierto por troncos alberga actualmente una clínica.

La visión de estos auténticos palacetes de madera no salvó al legendario escritor ruso Antón Chéjov de un buen susto cuando llegó a la ciudad en 1890. Estuvo a punto de ahogarse en el río, por lo que posteriormente echó toda clase de pestes contra esta urbe.

La tercera joya de la arquitectura siberiana de la ciudad es la Casa con Cúpula. Una encantadora mansión de estilo campestre, con una sola planta y con una torre octogonal coronada por una techumbre piramidal que se ha convertido en una de las tarjetas de visita de Tomsk.

Esta casa de muñecas pintada de azul está decorada con marquesinas de diferentes alturas, rebuscados rosetones blancos y toda clase de filigranas. Ahora, acoge el centro ruso-alemán.

“Krestítsia, uchítsia y zhenítsia”, es decir, bautizarse, estudiar y casarse, dice el dicho popular sobre esta ciudad. Tomsk es una ciudad con historia, pero eternamente joven, lo que le otorga un futuro prometedor.

EFE-Reportajes


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