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21/07/13 - 00:00 Revista D

El guardián del museo del Louvre

Canoso, de complexión delgada y de baja estatura. Docto de la Historia y del Arte. Hombre sensato y de grandes retos. Así es Philippe Malgouyres, conservador del mundialmente prestigioso museo del Louvre, en París, quien recientemente visitó Guatemala para estudiar piezas artísticas locales elaboradas durante la época colonial, así como para dictar una conferencia en la Universidad Francisco Marroquín sobre la importancia de las exposiciones temporales montadas por los museos. “Una exposición, además del placer de observarla, debe contar una historia y, para eso, se necesita tener criterio”, expresa. “No se trata de poner cualquier bobada”, sentencia.

En esta entrevista, Malgouyres conversa del arte renacentista —su especialidad— y de la influencia que esa corriente tuvo con las expresiones de América, así como de las esculturas de marfil que fueron elaboradas desde el Renacimiento hasta el siglo XIX y que están conservadas en el Louvre.

¿Qué implica ser el conservador del museo del Louvre?

Son muchas cosas. Como otros profesionales en Francia, mi labor consiste en conservar el patrimonio del museo y encontrar los medios para presentarlo al público, lo cual incluye crear salas de exposición con una museografía específica, así como elaborar publicaciones, estudios, material audiovisual y capacitación de los guías, entre otras cosas. Puedo añadir mi participación en la planificación de exposiciones en otros países con piezas del Louvre, así como mi colaboración en una Escuela de Historia del Arte que está dentro de las instalaciones del museo.

¿Qué sentido tiene el arte para usted?

Esa pregunta tiene una respuesta muy larga, pero, en resumidas cuentas, es un modo de conectarse con el alma de una persona. El arte, además del deleite que inspira, tiene una parte humanista, pues se logran comprender otros modos de pensar, de concebir las cosas y, de esa forma, comprender los procesos de otras culturas.

Usted tiene profundos estudios del arte del Renacimiento. ¿Cuáles son sus características y qué es lo que expresa?

Lo renacentista empieza en la Italia del siglo XV y se desarrolla en toda Europa hasta los primeros años del siglo XVII. Considero que la característica que más destaca es que plasma la relación del hombre consigo mismo y con los demás. Asimismo, refleja la sociedad y su fe —en esa época había grandes conflictos de orden religioso—, así como el desarrollo del comercio. En aquellos momentos se destaca la relación del ser humano con su pasado.

¿Quiénes son los máximos exponentes de esa corriente?

Considero que son Rafael, Miguel Ángel, Leonardo —por tomar ejemplos italianos—, pero también el alemán Albrecht Dürer (Alberto Durero, castellanizado).

En ese período surgió el Barroco.

Esa palabra quiere decir “excesivo” o “el colmo del ridículo”. Es un término que la gente de ese período nunca utilizó y que inventaron los historiadores para definir un estilo muy adornado, sobrecargado y que tiene una connotación negativa. Los hombres del XVII lo entendían así, pero no pensaban que su arte fuera “barroco”.

¿Entonces debe decirse renacentista?

Claro. Los mismos hombres del Renacimiento decidieron llamar su arte de esa manera, así como los cubistas decidieron llamar “cubismo” a su estilo.

¿La escultura renacentista que se elaboró en la actual Guatemala fue una continuidad de las tradiciones europeas?

Para analizarlo hay que partir del descubrimiento de América, un hecho que, personalmente, me mueve muchísimo; no puedo imaginar siquiera el choque que hubo, pues eran dos mundos totalmente distintos. Pero, además de ser un punto de inflexión histórica, significó un cambio drástico en la mente de la gente. Por supuesto, ese encuentro se reflejó en el arte. Lo que hubo aquí no lo llamo arte colonial —porque eso da la connotación de que era una forma de expresión demandada desde fuera, lo cual no deja de ser cierto— y prefiero el término “arte virreinal”, porque se habla de un período político específico.

Pero, de todas formas, hubo una fuerte influencia renacentista italiana y española.

Sí. Incluso las hubo flamencas, ya que esas regiones también fueron parte de la Corona española.

¿Qué características tiene el arte virreinal?

Tiene una relación fuerte con la metrópolis, con el mundo español. Primero llegaron muchos artistas españoles y casi de inmediato surgieron los gremios de plateros. Todo eso creó nuevos centros. De esa cuenta, la Nueva España del siglo XVII tuvo arte y arquitectura propios, diferentes a los de Europa. Incluso, hay variantes respecto de lo creado en las actuales regiones de México o Guatemala, por citar un ejemplo.

¿Existe diferencia entre las piezas fabricadas por europeos o indígenas?

Claro. Hay muchos niveles de arte. Los nativos creaban objetos con otras problemáticas en mente. Lo interesante es que cuando llegaron los europeos, sus creaciones cambiaron. De hecho, arquitectos españoles del siglo XVIII, con formación académica en el Viejo Continente, construyeron obras en América que no tenían nada que ver con lo levantado en la España de su época. Lo que se hizo en la región guatemalteca corresponde a sus propias costumbres, por ejemplo, columnas macizas —por los terremotos— y ornamentos específicos. Todo cambia, porque “aquí no es allá”.

¿La escultura y arquitectura de Guatemala es diferente a lo que se hizo en México y en el resto de colonias españolas?

Hay varios matices, pero es una región que comparte muchas cosas. Lo cierto es que, al menos en mi concepción, creo que la escultura virreinal más preciosa se hizo en Guatemala, la cual se exportaba a México y Europa, especialmente en el siglo XVII, cuando alcanza un nivel increíble de delicadeza, complejidad y refinamiento.

¿El arte del Renacimiento aún es importante en la religiosidad de los guatemaltecos?

Creo que sí, porque los remite a la llegada del cristianismo a esta parte del mundo. En cambio, en el inconsciente colectivo europeo de hoy, la religión está más vinculada con la Edad Media, cuando se construyeron grandes catedrales góticas o románicas. Esas despiertan más devoción, pues son aún más antiguas —de los siglos XII o XIII—.

¿El arte renacentista está presente en las expresiones actuales?

Si la palabra “renacentista” quiere decir arte humanista, entonces sí, aún inspira a los artistas contemporáneos.

Cuénteme sobre el arte en marfil, lo cual también ha estudiado a profundidad.

En efecto, he publicado varios libros acerca de ese tema. Son magníficas esculturas; varias de ellas están en el Louvre y datan del Renacimiento, pero también hay otras neoclásicas y del siglo XIX.

En nuestros tiempos, el problema del tráfico de marfil es grande. ¿Qué piensa de eso?

Es sabido que ese material llega en grandes cantidades a China y Filipinas, entre otros países. Es horrible, por el sufrimiento de los animales. Considero que las naciones responsables deberían tener más control en ese tema. Ahora bien, si en nuestros tiempos se deja de hacer escultura en marfil, no sería algo grave, pues el arte tiene otro montón de materiales qué labrar.

¿Qué importancia tiene el arte para un país?

La historia nos remite a lo que vivimos ahora. Si se pierde, sería como desconocer quiénes somos, y esa es una tragedia. Por eso, el arte toma un papel relevante, ya que es parte de esa historia, y es capaz de permitirnos vivir un mejor presente e imaginar un futuro más constructivo.

PERFIL

Philippe Malgouyres, especialista  en escultura del Renacimiento, nació en Royan, Francia, el 7 de noviembre de 1965.
Labora en el Museo del Louvre desde 1997. Es el conservador del patrimonio de esa institución, en el departamento de objetos de Arte.
Es responsable de las colecciones del siglo XVII, los bronces del Renacimiento, las armas y los marfiles.
Es profesor del École du Louvre y de la Universidad de París IV, La Sorbona.
Ha publicado numerosos artículos sobre Historia del Arte y patrimonio, en los que se incluyen catálogos de exposiciones en el Louvre y otros museos franceses.

PUBLICACIONES

Ivoires. De la Renaissance et des Temps modernes. La collection du museé du Louvre (Marfiles. Del Renacimiento y de los tiempos modernos. La colección del museo del Louvre).
Charles Mellin, de Lorraine a Roma y Nápoles.

Porphyre

Pinturas francesas del siglo XVII. La colección del museo de Bellas Artes de Rouen.

El museo Napoleón

Coautor de Beau comme l’Antique (Bello como la antigüedad).
Volutas. El mobiliario del castillo de Grignan (coautor).
Coautor de Voir. “Messe de Saint Grégoire” (Ver “Misa de San Gregorio”. Este es un análisis de una obra anónima mexicana del siglo XVI).

POR ROBERTO VILLALOBOS VIATO / D FRENTE

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