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27/01/13 - 00:00 Revista D

El padre del expresionismo

La ciudad de Oslo, Noruega, celebrará durante todo este año diferentes actividades dedicadas al célebre pintor Edvard Munch. Forman parte del programa recorridos temáticos relacionados con la vida del artista y visitas a sitios que, por lo general, están cerrados al público, como la habitación que ocupó en lo que hoy forma parte de Freia, una de las fábricas locales de chocolate.

Todo el programa se puede consultar en la página www.munch150.no. Una de las actividades más importantes en “El año de Munch”, que oficialmente comenzó el miércoles 23 de enero, tendrá lugar el 1 de junio, cuando abra sus puertas la mayor exposición acerca del autor organizada en Noruega. Esta se efectuará en conjunto con el Museo Munch y la Galería Nacional, donde se podrán apreciar 250 obras del homenajeado. Este pintor noruego nació en Löten, el 12 de diciembre de 1863, y es considerado el padre del expresionismo.

Estilo propio

La pintura más representativa de Edvard Munch es El Grito, por la cual se pagó el año recién pasado uno de los precios más elevados en el mercado de las subastas de obras de arte, cuando el magnate estadounidense Leon Black dio €91 millones por ella, unos US$119.900 millones.

Tal suma contrasta con los logros de la primera muestra individual del autor, en Oslo, en 1889, cuando aún era desconocido. No obstante, ganó una beca con la cual continuó su formación en París, Francia. Los primeros años tampoco fueron de aplauso, pues no lograba posicionarse en el medio. La crítica decía que sus obras estaban inacabadas y las consideraba la materialización de las alucinaciones de una mente enferma.

Munch tuvo que lidiar con ese tipo de comentarios que para él fueron hirientes, debido a que su hermana Laura padecía esquizofrenia y por ello estuvo internada en un sanatorio. Además, las afecciones sentimentales eran para él un tema difícil de conciliar. Era bebé cuando su familia migró a la capital noruega y su madre falleció de tuberculosis cuando él tenía 5 años. Luego, cuando estaba becado, murió su padre y no pudo asistir al funeral. Permaneció también largos períodos lejos de las amistades parisinas, lo cual lo ensimismó en el arte.

“Y estoy viviendo con la muerte… todos los recuerdos, las cosas más pequeñas siguen emergiendo. Un ave de presa está desgarrando mi alma. Sus garras destrozan mi corazón. Su pico hurga en mi pecho. Y el batir de sus alas oscurece mi juicio”, escribió el pintor durante el luto paterno.

Detrás de cada brochazo están la academia parisina, la experiencia del mundo bohemio que frecuentó y su particular manera de asimilar las emociones. En la definición de su estilo dejó obras menos complejas, tradicionalistas.

Acerca de su emblemática obra, el propio autor escribió: “Caminaba con dos amigos por la carretera; entonces se puso el sol. De repente el cielo se volvió de un rojo sanguinolento, y sentí un estremecimiento de tristeza. Un angustioso dolor me oprimía el pecho. Me detuve, me apoyé en la valla, increíblemente cansado, lenguas de fuego y sangre se extendían sobre el fiordo negro azulado y sobre la ciudad. Mis amigos siguieron caminando, mientras yo me quedaba atrás, temblando aterrorizado, y sentí el grito inmenso, infinito de la naturaleza”.

El Grito pertenece a la época prolífica del artista, que fue la década de 1890 y los primeros años del siglo XX, y forma parte de la serie El friso de la vida. Munch volvió a Noruega en 1908 y radicó en Oslo, la capital, hasta su muerte, en 1944. Vivió 81 años.

Fuentes: EFE, AP, munch150.no y munch2013.no

POR JOSé LUIS ESCOBAR / D MUNDO

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