Verde y fresco. Tranquilo y relajante. El Jardín Botánico es ajeno al ruido de las transitadas calles que le rodean. Adentro solo existe el suave sonido de las plantas que se mueven al compás del aire. Este es un pequeño pulmón en plena capital guatemalteca —Avenida de La Reforma 0-63, zona 10—.
“Este lugar es importante porque crea conciencia ambiental en sus visitantes”, asegura Albina López, auxiliar de investigación científica de esa institución, declarada Monumento Nacional por el Congreso en 1997.
Por su extensión, de alrededor de una hectárea, se recomienda tomarse por lo menos 60 minutos para apreciar todas las plantas, que van desde inmensas ceibas hasta ejemplares de encinos, nogales o agaves, así como especies medicinales y ornamentales, nativas de Guatemala o procedentes de países como Pakistán, Australia y América del Norte y del Sur. “No hay que olvidar visitar el árbol de hormigo (Platymiscium dimorphandrum), cuya madera se usa para fabricar marimbas”, recomienda López.
En definitiva, este es un lugar para relajarse y aprender.
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