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07/07/13 - 00:00 Revista D

Hacia la santidad

En el Salón Concepción de la Arquidiócesis de Guatemala se vivió un ambiente de fiesta el pasado 23 de junio. Listones rojos, flores, bombas y cohetillos dieron vida al momento en que se festejó el final de la fase diocesana —primera parte— del proceso de beatificación y canonización del sacerdote Eufemio Hermógenes López Coarchita.

POR ANA LUCíA GONZáLEZ D REPORTAJE CENTRAL

La documentación de la vida y obra de López Coarchita —párroco de San José Pinula, asesinado el 30 de junio de 1978— quedó resguardada en tres cajas de metal que fueron celosamente cerradas con listón, cera roja y el sello arzobispal. Dos de estas cajas serán enviadas a la Congregación para las Causas de los Santos, en el Vaticano, para iniciar la fase romana del expediente. La tercera caja quedó bajo el cuidado de la Arquidiócesis de Guatemala.

“Cerrar este período del proceso requirió un arduo trabajo de casi seis años —diciembre 2007—, tiempo durante el cual se acumularon dos mil 830 folios de documentos y se escucharon 58 testigos durante 65 sesiones de trabajo”, expresó el arzobispo de Guatemala Óscar Julio Vian.

López Coarchita nació en Ciudad Vieja, Sacatepéquez, el 16 de septiembre de 1928. Fue el tercero de una familia de ocho hermanos. Ingresó al seminario a los 15 años y a los 26 fue ordenado sacerdote.

López Coarchita se pronunció en contra del reclutamiento militar forzoso de los jóvenes y se opuso a un proyecto de traslado de agua del municipio hacia la capital. Un día antes de su muerte escribió una carta al presidente Kjell Laugerud, en la cual le pedía la “supresión del Ejército Nacional”, según el blog de Raúl Figueroa Sarti.

A su sobrina, Delia Josefina López, le gusta recordarlo como un padre sustituto que se preocupó por ellos ante la pronta ausencia de su progenitor. “Me emociono cada vez que hay alguna actividad. No sé si estaremos vivos cuando sea declarado beato, pero hemos visto todo el trabajo”, afirmó.

Camino al cielo

Pero no es solo la causa del guatemalteco López Coarchita la que se impulsa en el Vaticano. También están las de fray Augusto Ramírez Monasterio, sor Cecilia Charrin y el doctor Ernesto Cofiño, cuyo paso diocesano está concluido. En este mismo ciclo se encuentra el caso del sacerdote estadounidense Stanley Rother (1935-1981), párroco de Santiago Atitlán, quien fue asesinado. El proceso de beatificación lo impulsa la Arquidiócesis de Oklahoma, de donde era originario.

Otro procedimiento, que aún se encuentra en su fase inicial —documentación—, es el de la monja carmelita María Teresa Aycinena y Piñol.

El caso más avanzado es el de sor Encarnación Rosal, quien fue beatificada en 1997 y cuyo proceso se lleva en Colombia, debido a que en ese país descansan sus restos.

Aparte, la Iglesia Católica tiene una lista de 16 nombres, entre sacerdotes y catequistas guatemaltecos y extranjeros, que murieron en forma violenta durante el conflicto armado y cuyo trámite aguarda para sumarse a este largo camino a la santidad.

Una meta que hasta ahora solo ha sido alcanzada por el Santo Hermano Pedro de San José de Betancurt, oriundo de Tenerife, España, y cuyos restos reposan en la ciudad de Antigua Guatemala. Su causa tomó cerca de 350 años hasta que finalmente fue canonizado, durante la última visita a Guatemala del papa Juan Pablo II, en el 2002.

En defensa del prójimo

Según testimonios recogidos por la Iglesia, la vida de fray Augusto Ramírez Monasterio “era más bien escondida, dedicada al estudio y a la formación de frailes franciscanos”.

Era superior de la iglesia de San Francisco el Grande, en Antigua Guatemala, cuando en 1983 el gobierno de facto del general Efraín Ríos Montt decretó una amnistía para aquellos que participaban en actividades subversivas.

Se cree que bajo el secreto de confesión un campesino vinculado con la guerrilla acudió al sacerdote para pedirle protección y acogerse a la amnistía.

La amnistía requería la cédula del campesino, documento que le fue denegado. Este detalle provocó que tanto Monasterio como el labriego fueran detenidos ilegalmente y torturados. A Monasterio le exigieron que dijera lo que le había confesado el campesino, a lo cual se negó el fraile. “Le quemaron las manos con cigarros encendidos”, cita el documento de la Conferencia Episcopal.

El 7 de noviembre de 1983, en la Ciudad de Guatemala, fue interceptado por desconocidos. Su familia encontró el cuerpo al día siguiente, en la morgue. Tenía 46 años.

Ramírez Monasterio murió defendiendo el secreto de confesión, aunque de acuerdo con el hermano marista Santiago Otero, este detalle no está bien sustentado. “No se sabe bien si la persona se confesó o simplemente le pidió ayuda”, afirma.

El proceso de documentación de su causa duró dos años y requirió de 43 testigos y más de cinco mil folios de papeles. La fase diocesana se concluyó en agosto del 2012.

Servicio a los pobres

A sor Cecilia Charrin (1890-1973) se le recuerda como una monja menuda que caminaba por el Centro Histórico pidiendo ayuda para los más necesitados.

De origen francés y procedencia aristocrática, Charrin se integró a la orden de las hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, en Francia, al observar su trabajo a favor de los pobres y enfermos.

Llegó a Guatemala en 1930. En su semblanza se dice que al principio se le asignó al seminario y se comprobó que no tenía aptitudes. Luego se le puso a estudiar enfermería, y lo mismo. Su vocación hacia los pobres se vio reflejada en obras como una sala-cuna para hijos de madres trabajadoras, el sanatorio Hermano Pedro de Betancourt, y la escuela de San Vicente de Paúl, en Tecpán, entre otras.

La clausura de la primera fase para la beatificación de sor Cecilia se cerró en mayo de este año, con la presencia de autoridades de la Iglesia. Un proceso que tomó 10 años para documentar la vida y obra de la religiosa. Su causa se encamina por la vía de las virtudes, de manera que se necesita sustentar un milagro para que sea beatificada.

Sor Telma Monje, superiora de la Casa Central, cuenta que se ha documentado y enviado un milagro a la Congregación de la Causas de los Santos en Roma, pero este no fue reconocido. Por ahora se enfocan en documentar el caso de sanación de una joven cuya madre le imploró a sor Cecilia para su curación y se recuperó.

Los restos de sor Cecilia se encuentran en la Capilla de la Medalla Milagrosa. Las religiosas de la Casa Central cuentan con un pequeño museo en el edificio donde se pueden apreciar algunas de sus pertenencias.

El primer pediatra

Al doctor Ernesto Cofiño Ubico (1899-1991) se le conoce como el primer pediatra de Guatemala y por su vida dedicada al servicio en favor de las personas de escasos recursos y la formación de los jóvenes.

Estudió en la Universidad de la Sorbona, Francia, y de regreso a Guatemala creó y ocupó la primera cátedra de esta especialidad en la Universidad de San Carlos, donde formó profesionales por 24 años.

En 1956 se incorporó como supernumerario del Opus Dei. Después de su muerte, su fama de santidad traspasó las fronteras del país, pues se le atribuyen muchos favores.

Su causa es impulsada por la Prelatura del Opus Dei, cuya fase de apertura inició en julio del 2000. Antes de cumplirse el año se cerró la fase diocesana.

La beatificación del doctor Cofiño se encauza por la vía de las virtudes. “Todavía no hay milagros, pero sí muchos favores”, explica el presbítero Ricardo Acosta. Añade que hasta ahora han documentado cinco milagros, pero estos han sido rechazados por la Congregación para las Causas de los Santos, por lo que continúan su trabajo para probar nuevos casos.

Cofiño sería la primera persona laica a favor de quien se impulsa una causa de santidad. “La santidad consiste en vivir conforme a Cristo en medio del mundo. No hay que ser religioso para vivirla; las personas pueden ser santas en medio de sus ocupaciones”, comenta Acosta.

Del período Liberal

María Teresa de la Santísima Trinidad (1784-1841) fue una monja de la orden de las Carmelitas Descalzas de quien se dice que entraba en estado de éxtasis y presentaba llagas en el cuerpo.

Según un artículo de Prensa Libre publicado en 2005, “hay 19 éxtasis documentados en ese período, además de unos cien lienzos impresos con la corona de espinas, rosarios y cruces. Estos aparecían pintados sin que la madre los hubiera tocado”.

Su causa fue iniciada por un grupo de seguidores en el 2008, formando la Asociación pro Beatificación de la Monja. “Solo hay documentación histórica, pues por las fechas se carece de testigos”, explica Otero. Sumado a que la Reforma Liberal desmanteló muchos bienes y evidencias.

Por ahora es la causa que ha ido más despacio. Uno de los impedimentos es que se sabe que está enterrada en la iglesia de Santa Teresa, pero no se conoce el sitio exacto, indica el sacerdote Juan David Noguera.

Un paso adelante

Sor Encarnación Rosal (1820-1886) es la causa más adelantada en el Vaticano. Fue beatificada el 4 de mayo de 1997.

Nacida en Quetzaltenango con el nombre María Vicenta Rosal Vásquez, esta monja de la orden betlemita fundó dos colegios en esa ciudad, pero durante la Reforma Liberal fue expulsada del país junto a la mayoría de religiosos.

De esa cuenta, la mayor parte de su obra social en favor de los pobres se desarrolló en Colombia y Ecuador, donde murió, pero es en el primer país donde se lleva su causa.

Después de 115 años de su muerte fue trasladado su cuerpo y se descubrió que estaba intacto. Se comprobó un milagro de sanación en un hombre que tenía llagas.

Aunque los procesos sean largos y complejos, los beatos y santos que se suman cada año al santoral católico mundial son numerosos.

El papa Francisco rompió record este año al canonizar a dos monjas latinoamericanas, la colombiana Laura Montoya, y la mexicana María Guadalupe García Zavala junto a más de 800 mártires de Otranto, Italia del siglo XV.

El pastor que no abandonó

El sacerdote estadounidense Stanley Rother (1935-1981), párroco de Santiago Atitlán, Sololá, se une a la lista de causas de santidad  por la vía del martirio que ya fueron enviadas a  la Congregación para las Causas de los Santos en Roma. Esta petición se encuentra por ahora en la fase romana, con un relator especial.  

El trabajo de Rother en Guatemala comenzó en 1968, cuando llegó como misionero. “A diferencia de lo difícil que le fue aprender el latín para ordenarse sacerdote, aprendió el tzutuhil”,   comentó el sacerdote Gonzalo de Villa en una de sus columnas.

Rother fue  conocido entre los tzutuhiles como el padre Aplas. Con su sencillez y servicio, pronto logró ganarse el corazón de la gente, y como un gesto poco común    fue invitado a formar parte de la cofradía del pueblo, según cuenta De Villa.   

  Durante el conflicto armado, varios religiosos   sufrieron la violencia en carne propia cuando tropas militares ocuparon el pueblo. Rother fue invitado a abandonar el país, lo cual hizo durante un tiempo. Pero a los pocos meses decidió regresar a Guatemala. “El pastor no debe correr a la primera señal de peligro”, escribió en su carta navideña de 1980. 

De acuerdo con el hermano Santiago Otero,  fue un gesto heroico  negarse a abandonar a su grey.  

Rother, de 46 años,  fue    asesinado en la rectoría de su parroquia, la noche del 28 de julio de 1981. Su cuerpo fue llevado a su pueblo natal, Okarche, pero  su corazón quedó enterrado en la parroquia de Santiago Atitlán. La Arquidiócesis de Oklahoma impulsa la causa de beatificación y canonización del religioso.

Requisitos del Vaticano

En los procesos de beatificación y canonización no existen fechas ni plazos, aunque sí un riguroso proceso.

El primer paso consiste en presentarle la solicitud al  obispo, para  que apruebe el inicio de la causa. Según el Derecho Canónigo,  deben haber pasado cinco años  de su muerte y no más de 30 años. “A partir de entonces se comienza el período de documentación histórica y  de testigos.  Los candidatos deben superar  otro paso, que es ser aprobado por el Vaticano: el Nihil Obstat —sin obstáculo—,  documento que avala el proceso.

Esta es la  llamada etapa diocesana. Enseguida se envía  la documentación a la Congregación para las Causas de los Santos, para iniciar la fase romana. A partir de este momento  empieza la deliberación sustentada con pruebas científicas y teológicas para el candidato. Parte de los procesos incluyen pruebas históricas, examen del cadáver y evaluación de los milagros.

Los resultados se elevan a un comité de cardenales y luego a la aprobación papal.

Para que la persona sea beatificada se requiere   otro  milagro, y se repite el proceso anterior.

Otros mártires en lista

La Conferencia Episcopal de Guatemala presentó al papa Juan Pablo II, en el 2000, año del Jubileo, el documento  “Testigos fieles de la Iglesia de Guatemala”, que es una lista    de 103  catequistas, sacerdotes y miembros de la Iglesia, guatemaltecos y extranjeros, muertos durante el conflicto armado desde 1976. Además de  esta nómina, existe otra mayor, de la Diócesis de Quiché, la cual no está depurada, por falta de pruebas. 

La causa de algunos de los mencionados  ya  se prepara.  

Diócesis de Quiché:
Sacerdotes españoles:
José María Gran Cirera, Faustino Villanueva Villanueva, Juan Alonso Fernández.
 Catequistas:  Rosalío Benito, Juan Barrera Méndez, Gaspar Reyes Hernández,  José Itzep Michicoj, Diego Xinic Ramírez,  Nicolás Tum Castro.
 Sacristán:  Domingo del Barrio Batz
Miembro de Acción Católica:
Tomás Ramírez Caba.
 
Diócesis de Izabal:  
Catequista Luis Obdulio Arroyo.

Diócesis de Huehuetenango:  
catequistas:  Francisco Juan Mateo, Andrés José Primero, Francisco Andrés y Laureano Díaz Montejo.
 





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