Revista D

Estuardo Cuestas: La semilla que sembramos se ha multiplicado

A Estuardo Cuestas Morales, de 65 años, le gusta definirse a sí mismo como un hombre apasionado y “enamorado del amor”, un secreto que ha aplicado en todas y cada una de las múltiples actividades a las que se ha dedicado a lo largo de su vida.

Por POR ANA LUCÍA GONZÁLEZ

<p>Estuardo Cuestas Morales: Mi mayor preocupación es la restauración del Palacio Nacional.</p>
Estuardo Cuestas Morales: Mi mayor preocupación es la restauración del Palacio Nacional.

Es multifacético. De profesión abogado y notario, ha incursionado en la caficultura y en la política, así como en el mundo empresarial. Es corredor de autos, piloto de helicópero y promotor del arte y la cultura guatemalteca. Durante el último año del gobierno de Alvaro Arzú (1999) fue ministro de Cultura y Deportes, y en las elecciones del 2003 se lanzó como candidato vicepresidencial, junto a Ricardo Bueso, por el Partido de Avanzada Nacional.

Reside en un apartamento del Centro Histórico capitalino decorado por él mismo, el cual refleja su estilo ecléctico. En cada pared y rincón ha colocado con esmero vasijas prehispánicas, imágenes coloniales junto con pinturas y esculturas contemporáneas, libros, cerámica y otros objetos más que denotan su particular gusto y su forma de pensar. “Me gusta un poco de todo”, explica, en cuanto a sus preferencias artísticas y musicales.

En esta conversación, Cuestas, más conocido como Toyo entre sus amigos, se refiere a sus distintas facetas y su trayectoria como promotor del arte y la cultura en el país.

¿Cómo describe su relación con el Centro Histórico?

Mi origen está en el Centro. Nací en la zona 2, y todos los días caminaba de la mano de mi padre a la zona 1, a mi colegio, el Inglés Americano. Mis primeros paseos conociendo patojas fueron en el Centro Histórico. Patinábamos en los parques Jocotenango y después en el Central. Me conozco todos los rincones, desde el restaurante más sencillo al más lujoso; en los años de 1960 era el Club Guatemala. Vivi durante 59 años en la zona 2. Por un tiempo viví en el sur de la ciudad, pero no encontraba el calor humano.

El Centro es un lugar donde se puede reencontrar un tejido social muy importante que se ha destruido. A la Sexta Avenida yo la llamo el mall popular, donde uno encuentra todo tipo de personas. Se calcula un ingreso de tres mil 500 personas por hora el domingo.

Ese dato lo sabe por su cargo como presidente del Consejo Cultural en la Municipalidad de Guatemala

Sí. Fui nombrado hace dos años por el alcalde Arzú. Entonces consideré que el resto de mi vida lo dedicaría a ayudar al municipio en el Centro Histórico. Hoy mi mayor preocupación es la restauración del Palacio Nacional de la Cultura, una edificación que es patrimonio nacional y su deterioro externo es preocupante. Fue construido con hierro que en ese entonces no era galvanizado. Por esa razón, el exterior se está oxidando y todos los techos de las ventanas están explotando. La terraza está colapsada. Cuando fui ministro entregamos el Palacio sin una sola persona dentro. Costó, pero la idea era recuperar el Centro Histórico, ya que al desocupar las oficinas de allí, significaba liberar el tránsito y evitar que proliferaran las ventas callejeras. Pero los siguientes gobiernos no entendieron que esa debía ser su función: un museo con algunas actividades propias.

Ese punto ha sido motivo de polémica.

Sí, pero un patrimonio como este no es para tener hasta 600 trabajadores. Causa embotellamiento, lo cual le provoca un daño externo. No es culpa de este gobierno, fue un cambio progresivo. El que más daño le hizo fue el presidente Álvaro Colom, y su esposa. Durante ese tiempo colgaron unas mantas exteriores enormes que violaban el reglamento del Instituto de Antropología e Historia, con costales abajo y lazos que al moverse, lastimaban las ventanas. Nuestra propuesta es que el edificio quede bajo el cuidado del Ejército. Esto porque allí se tiene jerarquía, disciplina, presupuesto y seguridad.

Por otro lado, hay dos edificios de la misma época que se conservan en buen estado. El Palacio de la Policía y el edificio de Correos, y aunque tiene un uso masificado con las escuelas, se le da mantenimiento.

¿Cómo analiza la función del Ministerio de Cultura, con al menos dos de sus titulares señalados de corrupción?

El Ministerio está colapsado, porque desde el inicio se concibió mal. El deporte es un tema político y este debería de manejarse desde una Secretaría de la Presidencia. Así lo hacen México, Cuba, Francia, Estados Unidos. Los problemas de los ministros vienen de esta repartición. Tuve problemas cuando comencé a recaudar fondos para la restauración del Palacio, pues en ese entonces el ministro de Cultura gastaba Q30 millones en tenis. Era irónico. Considero que hay que cerrarlo y volverlo a abrir. Mi propuesta es crear el Ministerio de Cultura y Turismo. Y además se debe crear el Ministerio Indigenista.

¿Cuál es su visión sobre esa propuesta?

Somos un pueblo único. Soy enemigo de esa división porque nos ha hecho mucho daño. Por ejemplo, logré quitar el término multicultural, ya que considero que somos un país intercultural. Desde la cumbre más alta hasta la Costa Sur, las costumbres son las mismas. Es mentira que tengamos diferentes culturas. Nuestra forma de enterrar a los muertos, las comidas, los festejos, lo que identifica a un pueblo culturalmente es la forma de vivir: somos machistas, las mujeres son sumisas y nos gusta tener bastantes hijos. Tenemos una cultura diversa que es muy diferente. Hay idiomas distintos, es cierto, pero esto no es una barrera para que dos personas se entiendan o se enamoren a través del castellano.

¿Cómo se involucró en el arte hasta llegar hoy a ser presidente de la Fundación G&T Continental?

Me inicié en la cultura a instancias de mi padre y mi hermano Cromwell. Mi padre siempre nos inculcó el amor por el arte. Mi hermano se involucró como presidente del desaparecido Patronato de Bellas Artes, luego quedó inválido por un accidente y me hice cargo de sus actividades. Me acerqué al patronato, y pronto empecé a hacer exposiciones en la sala de ventas de los autos Volvo. El grupo se acabó, pero yo seguí involucrado en el tema.

Hace 20 años, Rodolfo Granai, de Corporación G&T, tuvo la iniciativa de crear la Fundación. Con el tiempo nos fusionamos con G&T Continental y el apoyo institucional siguió, y mejor. Cuando le apostamos juntos a este tema hace dos décadas, nadie daba un centavo por nosotros. Ahora la Fundación tiene mucha credibilidad, hacemos diversidad de cosas: libros, catálogos, patrocinios y hasta damos becas.

¿A cuánto asciende este aporte?

Estimo que unos Q2 millones al año. Es poco, porque el arte necesita mucho más. Ayudamos al arte, conservación y divulgación del patrimonio cultural. Este aporte se multiplica, pues hemos logrado alianzas y patrocinios importantes con otras empresas, lo cual eleva la inversión en este rubro.

¿Es que ahora los empresarios entienden que el arte es una veta que puede generar ganancias?

El empresario ha entendido que la cultura es el vehículo para lograr el desarrollo. Esta inversión es desarrollo humano. Además, la oferta artística y cultural hoy es inconmesurable. No alcanza si todas las entidades se dedicaran a apoyar. Ahora hay muchas instituciones que apoyan con edición de libros, de manera que la semilla que nosotros sembramos se ha multiplicado. Entre más personas participan, mejor. Cualquier cosa es poco para toda la oferta que tenemos.

¿Cuál es su visión del nivel de las artes en Guatemala?

Creo que Guatemala ha producido grandes maestros del arte, tanto en la plástica, la música y la danza. Desde los tiempos prehispánicos, toda la cultura maya muestra esa creación artística. No tenemos nada que envidiar. Lo que nos hace falta es saber reconocer esa gran riqueza artística y cultural. A eso se debe que muchos artistas sufren penas económicas e incomprensiones.

¿Qué hace falta?

No existe una política de Estado que promueva a nuestros valores artísticos. En México existe esto, por eso se desarrollaron Ricardo Arjona y/o Carlos Mérida. Entonces los valores se van a otros lados donde sí son reconocidos.

Otra de sus facetas es su habilidad para los negocios.

Tengo un texto inédito titulado algo así como “Fases de mi vida múltiple”. Hay gente que se encierra en un marco. Pero a mí todavía me eriza oír el sonido del motor de un auto de carreras, igual que la turbina del motor de un helicóptero, y lo mismo cuando oigo a Mozart, Beethoven u otro compositor. Me fascina el jazz de Jacques Loussier. No me encierro en una cosa. Hay hombres que dicen: solo me gustan las rubias. Pero a mí me gustan las mujeres, no me quedo en prototipos.

¿Qué posibilidades le da disfrutar de esta apertura?

Me siento joven. Mi lema es: “Yo puedo hacer todo lo que hace un hombre de 30 años, pero más despacio; entonces, lo hago mejor”. Ahora, entre sentirse joven y creerse joven hay una gran diferencia. Ya no me pongo a correr carros con mi hijo y cuando vuelo helicóptero, prefiero llevar copiloto.

¿Tiene un gusto determinado en el arte?

Me gusta un poco de todo y es lo que tengo aquí. Pero sí... tengo una preferencia: la pintura erótica. Me encanta Manolo Gallardo. Cuando se habla de erotismo y pornografía, los separa un cabello que se llama arte.

PERFIL

Presidente de Fundación G&T Continental.

Director de Corporación G&T Continental.

Presidente del Consejo Cultural de la Municipalidad de Guatemala.

Exministro de Cultura y Deportes, de abril 1999 a enero del 2000.

Candidato vicepresidencial por el PAN en 2003.