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Roger Federer: ¿se está parando el reloj suizo?

Había una vez  un hombre  suizo que tra bajaba como  representante  para una empresa farma céutica de su país. En 1970,  Robert, que así se llamaba  él, conoció a Lynette, una  sudafricana que formaba  parte de la filial de la com pañía situada a las afueras  de Johannesburgo.

El tenista suizo Roger Federer espera mejorar su actuación en el 2014. (Foto Prensa Libre: EFE)

El tenista suizo Roger Federer espera mejorar su actuación en el 2014. (Foto Prensa Libre: EFE)

Fruto  de su amor nacieron dos  hijos. Primero llegó Diana  y después el catedrático de  la raqueta, el hombre que  establecería los más impor tantes récords de la his toria del tenis y que sería  considerado por todos los  entendidos el mejor desde  que en el siglo XVI apa reciese este deporte: Roger  Federer.

Llega la leyenda

Cuando se creía que en  el mundo del tenis se podía  ser un maestro sobre hier ba, sobre pista rápida, so bre tierra batida… apareció  una nueva categoría: se po día ser Federer. Con un jue go de lo más completo, el  mejor drive nunca visto, un  primer saque potente y  preciso —característica  que llevaba a su segundo  servicio aumentando su ra tio de aces—, potentes vo leas en la red, un elegante  revés a una mano marca de  la casa, unas dejadas cor tadas que se colocan en lu gares imposibles para el ri val, una técnica clásica que  huye del ahora tan de moda  juego basado en el físico,  un agresivo smash y un  abanico de golpes quimé ricos, entre otras virtudes,  el Expreso de Basilea arra só con todos los registros.
Con todo esto que po dría decirse que es un don,  que se escapa incluso a las  horas de trabajo, Roger se  convirtió en maestro hasta  seis veces y en el único que  lo ha hecho en tres con tinentes distintos —Amé rica en el 2003 y  el 2004, Asia en  el 2006 y el  2007, y Europa  en el 2010 y el  2011—, acumuló  más de 900 vic torias en alrede dor de mil partidos,   conquistó 77 títulos  de los que 21 son Mas ters 1000 y 17 son grand  slams —cuatro en Austra lia, uno en  Roland Garros,  siete en Wimbledon y cin co en el US Open—, se  apuntó el récord de sema nas en el número uno (302)  y una medalla de oro en  dobles conseguida  en los  Juegos Olímpicos de Pekín  2008, con  su compatriota  Stanislas Wawrinka, y otra  de plata cosechada en Lon dres 2012.
Pero después de domi nar el tenis durante casi  una década, en este 2013  solo se alzó con el título de  Halle —habría que remon tarse al 2001 para igualar el  registro de una sola copa en  sus vitrinas—, no llegó a  ninguna de las finales de  los cuatro grand slams y  estuvo al borde de no cla sificarse para la Copa de  Maestros —uno de sus tor neos fetiche y donde el es cocés Andy Murray le hizo  un favor parando por le sión—.
Es por ello que son mu chos los que se preguntan  si estamos ante el ocaso de  su majestad. Él lo niega,  como ya ha tenido que ha cerlo antes, callando bocas  con su séptimo Wimble don. Quizás haya malacos tumbrado a los amantes de  este deporte, para los que  habría dejado atrás la con dición de humano. Pasa de  preocuparse por su posi ción en el ranquin y dice  que seguirá mientras con tinúe amando lo que hace.  Eso y, probablemente, ce rrar su brillante palmarés  con la medalla de oro en  singles de los Juegos Olímpicos. Físicamente está  más fino que nunca y su  planificación anual está es tudiada al detalle. Federer  ya no tiene por qué acu dir a todas las citas, no  hay muchas razones  por las que agotar se en las pistas,  ha logrado lo más  grande y ahora  solo le importa  cuidarse para estar  en Río 2016.

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