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De una loma al llano
Por Manuel Morales Montenegro

Como todos los templos de la capital, la iglesia de El Calvario fue trasladada de la abandonada Santiago de Guatemala para ser reedificada en el valle de la Ermita. La parroquia fue trasladada en 1784 y se iniciaron los trabajos de construcción de un edificio sagrado, que se inauguró en 1789. A finales del siglo XIX el escritor Jesús Fernández describió el templo de El Calvario: “En el extremo sur de la ciudad y al terminar la antigua calle real, hoy 6a. avenida sur, existe una pequeña colina”.
Sobre ella, al subir 44 escalones, el visitante se encontraba con un atrio y un templo.

El edificio era bajo y angosto, techado con teja, pero desde el cual se apreciaba la ciudad. Fernández agregaba que “lástima que tal colina vaya siendo destruida, habiéndola convertido en cantera”, de tal manera que cuando la describió el ábside descansaba "sobre un terreno labrado a pico sobre el abismo, debido a este continuo socavar para extraer piedra”.

En ese pequeño templo fueron reunidas tres iglesias después del traslado de la capital, El Calvario, la parroquia de Los Remedios y la ermita de la Santa Cruz. Tenía una planta de cruz latina y “aquí, como en la Antigua, había pequeñas capillitas que, con tres de los altares en el interior de la iglesia, completaban las catorce estaciones del Vía Crucis”, narró Fernández, “estas capillitas existían sobre la antigua calle real, entre los muros de las casas, desde San Francisco hasta El Calvario”, que servían para las oraciones del Vía Crucis que realizaban los franciscanos durante la Cuaresma.

En la época de Fernández, en El Calvario de la capital estaban los grandes lienzos de Tomás de Merlo, pintados en el siglo XVIII y que ahora se encuentran en el Museo de Arte Colonial, de Antigua Guatemala. Además estaba el grupo escultórico de La Piedad, que Fernández atribuye a Vicente España, que la habría realizado a finales del siglo XVIII.

A principios del siglo XX, surgió el proyecto de prolongar la 6a. avenida y, al parecer, los propietarios de los terrenos aledaños deseaban incrementar el valor de sus propiedades, por eso propusieron la demolición de El Calvario. Pero la Iglesia y el gobierno realizaron un convenio por el cual el estado construiría un nuevo templo para El Calvario y la Iglesia cedería el antiguo para destinarse a museo.

La obra se realizó en dos etapas, de 1926 a 1931 y de este año a 1932, bajo la dirección de Giocondo Granai. Las obras tuvieron un costo superior a los 146 mil quetzales y en la decoración colaboraron los artistas Rafael Yela Gunther, Rafael Pérez de León y Aranda Klee. En octubre de 1932 el Tesorero Nacional entregó las llaves del nuevo edificio al Arzobispo y fue bendecido el 20 de noviembre de 1932, según las notas publicadas en el diario El Imparcial y la revista Nuestra Señora de los Remedios, ambas de 1932. En esa época la calle tuvo que bordear la plazoleta de la antigua iglesia, pero no duró por mucho tiempo, a mediados del siglo XX el sueño de demoler el antiguo Calvario se hizo realidad.