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Señor Sepultado
Por Anibal Chajón
Aunque el templo de El Calvario es el lugar por excelencia
para el culto a la Pasión de Jesús y a pesar de tener
varios siglos de presencia en la capital, ya que el primero se estableció
en el siglo XVII en Santiago de Guatemala, las imágenes de
la iglesia son de las menos estudiadas en la historia del arte guatemalteco.
Durante muchos años se ha atribuido la talla
de la escultura del Cristo Yacente a Pedro de Mendoza, un escultor
que trabajó durante el siglo XVII, probablemente porque fue
contemporáneo de la erección y construcción
del templo de El Calvario. Sin embargo, no existen pruebas documentales
al respecto.
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El historiador Haroldo Rodas opina que el Cristo Yacente constituye
uno de los mejores ejemplos artísticos del período hispánico
que han llegado hasta el siglo XXI. Pero la imagen no se ha conservado
intacta. Según las observaciones de Rodas, la talla sufrió
algunas transformaciones en el siglo XIX, cuando se aplicó un nuevo
encarnado y se le trataron los detalles del rostro, con lo que adquirió
facciones serenas y suaves. Durante esa intervención, opina, el
cuerpo del Sepultado fue dotado de perfección anatómica,
con características neoclásicas. A pesar de todo, es imposible
llegar a conclusiones definitivas sobre la obra de arte religioso hasta
que se realicen adecuados estudios históricos.
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