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Cristo de la Penitencia
Por Aníbal Chajón

En la primera mitad del siglo XX la imagen del Señor Sepultado del templo de La Recolección era conocido como el Cristo de la Penitencia, como aparece en los turnos del decenio de 1940, un nombre que los actuales organizadores han tratado de revitalizar.

A pesar de ser una de las imágenes procesionales más veneradas por la población católica de la ciudad de Guatemala, se desconoce el autor que la buriló. La publicación llamada El Tipógrafo, fechada en abril-mayo de 1992, atribuía la escultura a Juan Ganuza, quien la habría realizado en 1830. Sin embargo, el historiador Manuel Morales descubrió que ese célebre escultor nació hasta 1840 y murió en 1893.

   

Ganuza talló la imagen del Nazareno de La Recolección, pero hay diferencias estilísticas considerables entre el Nazareno y el Sepultado, por lo que la mayoría de investigadores cree que el Sepultado es anterior al Nazareno. El historiador Fernando Urquizú opina que el Sepultado es una de las pocas obras de arte religioso que perteneció al templo recoleto de la ciudad de Santiago de Guatemala, por lo que su talla habría sido anterior a 1773.

Urquizú se basa, para esta interpretación, en que el estilo de la escultura es ultrabarroca. Destaca en la obra un refinado detalle anatómico y su dramatismo realista, acentuado por la sangre que recorre la piel. La escultura fue hecha para servir en los actos de Crucifixión y Descendimiento del día Viernes Santo, por eso sus brazos son móviles y la sangre corre en hilos por el cuerpo muerto de Jesús.

   

Según Urquizú, fueron precisamente los actos de la Crucifixión y Descendimiento los que atrajeron la atención de los fieles, a mediados del siglo XX, hacia el templo recoleto. Urquizú opina que era la época en que los barrios tradicionales, sobre todo Santo Domingo y las cercanías de El Calvario, estaban convirtiéndose en sectores comerciales, lo que motivó a las personas a buscar un templo amplio que permitiera asistir a los actos sagrados con comodidad y eso fue lo que encontraron en La Recolección, reabierta en 1949.

De cualquier manera, los fieles empezaron a frecuentar el templo recoleto y, con la llegada de un religioso franciscano, Miguel Murcia, la devoción al Sepultado o Cristo de la Penitencia, aumentó considerablemente enraizándose en el corazón de los fieles el cariño a la imagen de autor anónimo, que reproduce el cuerpo de Jesús después de fallecer en la cruz y de ser bajado del instrumento de su muerte redentora