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El Cristo del Amor
Por Aníbal Chajón
Una de las imágenes religiosas más
queridas por la población católica guatemalteca es
la talla del Cristo Yacente que se venera en el templo de Santo
Domingo, de la ciudad de Guatemala.
El nombre de Cristo del Amor con que se conoce a la imagen se debe,
cuentan los directivos de la Hermandad del Señor Sepultado,
a un comentario que escribiera a principios del siglo XVIII, Francisco
Ximénez. La talla ha levantado polémicas sobre la
fecha de su elaboración. Según una antigua narración,
la imagen llegó en el siglo XVI a las costas del Atlántico
como resto de un naufragio.
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Sin embargo, escritores recientes han descubierto varios datos que aportan
información documental sobre la efigie. Según el historiador
Luis Luján, la imagen fue tallada por Pedro Gallardo, en 1852.
Jesús Fernández, en una descripción sobre la Semana
Santa, en 1895, narró: Fue esculpida con toda la belleza
artística una nueva imagen del Cristo completamente yacente,
en sustitución de otra más antigua. Con los datos de Luján
y Fernández, Alfredo Prahl llegó a la conclusión
de que la imagen es de mediados del siglo XIX.
Según el médico e historiador Gerardo Ramírez, la
escultura es de un mismo artista y forma una sola pieza, excepto los brazos
y parte del cráneo, que son agregados. El encarnado es perfecto
y transmite la apariencia dérmica de un cadáver.
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Una de las características de
la procesión del Cristo del Amor es que sale en una urna
que, en 1866, uno de los protectores de la Hermandad, Manuel Sáenz,
mandó fabricar a París. Sin embargo, según
Ramírez, el dato de las medidas que se envió a París
fueron más cortas de lo correcto, por lo que hubo que hacerle
varias reparaciones. En 1940 fue reformada para albergar cómodamente
al Yacente, durante su recorrido procesional.
Para el culto en el templo, en 1923, la comunidad dominica adquirió
el mármol del destruido altar mayor de la catedral, estrenado
en 1860, para remodelar el altar del Cristo del Amor en el brazo
del transepto del lado de la Epístola del templo. Además,
la devoción que movía entre los fieles el Cristo Yacente
hicieron que el 11 de marzo de 1973, el Arzobispo de Guatemala consagrara
la imagen, la ceremonia se celebró en el atrio de la catedral,
a donde llegó en andas y sin urna.
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El terremoto de 1976 dañó el templo de Santo Domingo, por
lo que hubo necesidad de consolidar la estructura del edificio y, en 1979,
quedó concluida una nueva capilla para el Sepultado, a la que se
ingresa por el transepto del lado del Evangelio.
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