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La basílica dominica
Por Aníbal Chajón

El templo de Santo Domingo fue construido en la Nueva Guatemala de la Asunción en la parte oriental de la traza urbana. Los dominicos levantaron al principio un templo provisional, que ya estaba en funciones en 1778, mientras se construía la iglesia definitiva. El investigador Enrique Zea comenta que los materiales de construcción fueron traídos de varios lugares, la piedra del pueblo de Las Vacas (actual zona 16), la miel para hacer la mezcla fue traída de la hacienda de San Jerónimo, Baja Verapaz, y la leche de vaca de la hacienda del Rosario, Amatitlán, ambas propiedad de los dominicos, para costear otros gastos se utilizaron los ingresos por la venta de fruta de la hacienda dominica de Palencia.

Los planos fueron elaborados por Pedro Garci-Aguirre, agrega Zea, y colaboraron José Guerra y Bernardo Ramírez, quienes crearon un ambiente neoclásico de gran armonía que fue estrenado en 1808. A lo largo del siglo XIX el templo no sufrió mayores transformaciones, salvo que durante el gobierno liberal de fines de la centuria la verja de hierro que limitaba el atrio fue trasladada a la actual sede del Ministerio de Educación, en la Avenida Reforma.

Las mayores alteraciones las sufrió el edificio a consecuencia de los terremotos ocurridos en 1917 y 1918 que dañaron gran parte de la estructura. Por eso, a finales de 1918 la firma Domergue y Compañía empezó las labores de reconstrucción, para las que utilizaron concreto como nuevo material constructivo, el templo fue reabierto en sólo dos años. Otro seísmo menor, en 1942, volvió a lastimar la obra, para restaurar los daños colaboró Rafael Pérez de León. A causa de la gran devoción que los católicos tienen a la Virgen del Rosario, que se venera en el templo dominico, en 1969 el templo fue declarado basílica menor. Por ello el altar mayor fue trasladado un tramo hacia el oriente, con lo que se redujo el coro bajo, para ampliar las dimensiones de la nave central.

La imagen de la Virgen del Rosario es una escultura de plata hecha en 1580 por los plateros Almainza, Bozarráez y Medina y fue restaurada, en 1774 por Cornelio Lara, después de los terremotos de 1917 y 1918 por Julio Dubois y, en 1983, por Ramiro Irungaray. La Virgen del Rosario es tan querida por los católicos guatemaltecos como la del Señor Sepultado, que recorre las calles el Viernes Santo.